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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Poesía
1 10 2007
Poemas sobre el final de la vida, el amor y el destino de Sergio Manganelli
Para ser claro,
renuncio a las frases alusivas,
a la caligrafía pálida
sobre el cuaderno mudo de las tumbas,
rechazo el podio hipócrita
de la bondad post mortem,
y a esa memoria tan desmemoriada.

Yo no quiero que apunten
en mi lápida la palabra yace,
me niego espeluznado.
No anhelo ese cheque grosero
con el que expían de mármol de hospital
lo que siempre te negaron avaros.

Ni acepto que se luzca bajo una lluvia de mierda de palomas ese verbo impiadoso en tercera persona. No le abro los postigos, ni a sus endebles secuaces el adjetivo inerte el absurdo abatido menos aún al implacable muerto —auxiliares morbosos de crónicas de sangre— prefiero que sentencien se pudre se funde se disuelve pero jamás yace.



Porque la muerte puede sea otra cosa, menos sucia y severa, mejor que la tapa biselada y sorda, quizás algo tan simple como tumbarse al sol, sobre el pasto o la arena en una tarde franca y sin ruinas, con vino y con regazo, y sonrisas con huella y dialecto de besos y un murmullo entrañable que recite poemas.

Quizás yacer no sea esa quietud de corazones secos, ni el sueño, ni el olvido, sino un íntimo zafarrancho, un arrebato de vida sin permiso, un insomnio de goce, con marea de lluvia y peces sin abismo.

Una muchacha fresca, pechos de hierbabuena, que te besa la ausencia sin placebo y sin pena.



Ojalá no sea el hartado celeste de los castos y pulcros, tampoco el infierno ceniza, el hoyo de un ambiente con renta anticipada, sino jugar rayuela hasta llegar al cielo, y que don dios gorrión disponga tiernamente: “levántate y vuela”.

Puede que signifique cerrar la vida apenas, como quien deja un libro, hasta que en una noche de miedo a la tormenta, o duda desvelada, lo hojeen conmovidos, esos ojos más nuevos que guardan mi mirada.



Los que se matan jamás son aquellos que no quieren vivir, esos apenas aprietan el gatillo o tragan el veneno.

Los que de veras mueren, los que en verdad se pierden, son esos tipos aéreos enamorados de la vida, esa hembra estupenda que cada tanto les deja encendida la luz en la ventana, y que una noche del carnaval menos pensado se les suelta de la mano, la pierden de vista en el corso febril de la avenida de los sueños.

Y corren, gritan, se desgarran intentando reencontrarla debajo de cualquier mascarita.

Hasta que tras el redoble de lo que ellos creen la última comparsa se miran abatidos, se tocan desolados y se acuestan sin vida, pretendiendo aliviarse en la caricia trágica de una puta de negro.



Ahora que ya no guardo prisas, ni azares de primera mano, ni cumbre a plazo fijo, ni coartada idiota, o amuleto feliz contra el olvido, ni besos desayuno, ni graffitis de amor sobre muros de trigo.

Justo cuando se duerme mi desánimo la siesta del domingo y el carrusel de insomnios se abstiene de sortijas, ahora que mi rencor anda descalzo, que las nueces son mucho más que médicos y ruido.

En este tiempo en que las bienvenidas tiemblan en los espejos y el pasado nos pica como un cuervo de exilio.

Precisamente ahora en que ya no soy huésped debajo tu piel, ni miel bajo tu ropa, me afiebra el horror cotidiano, mientras aguardo turno en la antesala del miserable destino.



Recién en esta tarde de muelle sin pañuelos, silencio sin conjuros, plumas huérfanas, ojos sin deseo, acupuntura torpe contra el miedo, mayo sin poesía, soledad y trapecio.

En esta hora que no transmite nada, este rato perdido, sin cuerda en el reloj, pantano de las emociones, arena y espejismo.

Esta calle desolada, este latir sin sangre, esta hiel y este frío.

Acabo de descubrir una paloma sin rumbo que me anida en la puerta, un caracol de lluvia, reproduciendo el eco de un dolor repetido.

acerca del autor
Sergio

Sergio Manganelli, Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense. Sus poemas y artículos han sido publicados en diarios argentinos, de México, Colombia y España. Asimismo en revistas culturales y literarias de Argentina, Brasil, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Colombia, Venezuela, Chile, Italia, Cuba y Nicaragua. Obtuvo entre 1991 y 1999 premios y menciones en su país. Se encuentra trabajando en la edición de “Sangre de Toro” —poemas y banderillas—, que se editará inicialmente en Buenos Aires y posteriormente en España.