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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Poesía
2 4 2007
Luces y otros poemas de David Fernández Rivera
Luces Era noche. En la luna acristalada estallaban dos mares de cerámica sobre el aliento helado de un galope. Era noche… Era noche y la savia salpicaba abanicos negros; lloraba el resplandor, el espejo opaco. Era noche… La sangre era luna, luz de cuchillos en vapor, voz de la muerte. Soledad… Se abrían dos ojos de astillas. Luz. Manantial. Y era noche… Recuerdos A Purificación García, por esos momentos inolvidables en nuestro rincón. Oculté sus lazos en los anillos punzantes que rasgaron mi boca. Los destellos mordían el murmullo de mis ojos sin ver la luz. Suspiraban… Maldecían y entregaban su vida en las arenas nocturnas de mis turbiones. Los martillos volaban con sus golpes en la cárcel de mi pecho hasta humillar sus velas en una maraña de escaleras y corceles. Veía su voz. el lamento del galope enmudecía en los atardeceres de duermevela, y yo buscaba el sueño. Ahora, atrapado en un laberinto de palomas y suspiros, te entregaste a los espectros de mi soledad. Y no te pude ver… El perfume de mi noche entierra sus labios al recuerdo y escucha el sendero del amor. Enterrados en la orilla Estallan dos trazos negros en la llaga abierta de una corona de disparos. Naipes y espejos de crueldad; sueño tocado de mariposas con estocadas de laureles en la dulzura de su espada. Aunque la noche vea llantos, veo a una muchacha con un cinturón de sombras en su boca, en la mañana. Cadenas de agua Los rostros del vendaval masticarán en los ríos de tu vientre esas escaleras de lágrimas que, cabalgando sobre hoces, recuerdan aquellas sábanas blancas donde esculpieron su libertad. Desterrada Desterrada, entre los labios de cadenas inclinas tus lazos en los relojes de una tormenta que viste con cristales el embrujo de tu presidio. Su garganta de hielo y anillos muestra una llama que, coronada de adioses, surca los mares al horizonte. Desterrada… Tus ojos acartonados no ven más allá de un trono de cuerdas, espinas… Y las sonrisas escarpadas acarician tu vientre con disparos de látigos y rubíes. Suspiras y ves un cielo de copas invertidas en una sima de mordiscos que eclosionan en tu boca, desterrada… Como desterrados son los estallidos de jazmines que brotaron en la arena e tus pesadillas. Desterrados, desterrados… Cuando se pierde la palabra No podía caminar y en silencio, caminaba. Las calles de Pontevedra estrenaban con sus máscaras el misterio de una noche que hundiría mi garganta. Y yo buscaba tu voz en la fiebre de las aulas. Aunque temí no encontrarte, allí perdí la palabra. No podía caminar y en silencio, caminaba. En la rutina de clase te perdía en mi ventana, Sé que podía atraparte aunque tú no me miraras. Mas no pude, o no quise y rompí todas tus cartas, Hui de la facultad; me oculté de la palabra. No podía caminar y en silencio, caminaba. Llegaban tiempos difíciles y no veía tu cara. Ya no había horizonte, tampoco sueños al alba. Tu recuerdo estaba en mí, en mis continuas veladas, aquellas noches sin luna donde perdí la palabra. No podía caminar Y en silencio, caminaba.
acerca del autor
David Fernández

David Fernández Rivera (Vigo, España. 1986), poeta, letrista, dramaturgo y director de espectáculos. Publica muy temprano su primer poemario “Caminando entre brumas” (Ediciones “Toro de Hierro”, 2004), al que le seguirían “Sentimiento y luz”(Ayuntamiento de Vigo, 2005) y “Corceles” (“Toro de Hierro”, 2006), sin olvidar la edición digital de “Canciones de mi ausencia”. Actualmente lleva la poesía al gran público a través de sus diferentes espectáculos líricos en los que combina música, voces, interpretación y sus mejores letras. Además, ha trabajado en la radio, primero como director del espacio “Literoterapia” dentro del programa “El Balneario” de José Otero (“Radio Ecca”, Vigo) para colaborar luego en la emisión “La noche con Esther” de “Radio Voz”.