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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Poesía
4 11 2006
Malú Urriola: Conozco el tic de los poetas chilenos (entrevista) por Ana Muga
(Entrevista publicada en Letras de Chile en 2003) Toco el timbre de la casa esquina y cuatro ojos de gato me miran, se acercan a la reja y me escrutan. Abre la puerta Malú. Es joven y vital, y una sonrisa le ilumina el rostro a cada instante. Nos admite en su espacio y responde las preguntas que nos llevaron a ella. Comenzamos esta conversación con las voces negras de un CD recopilatorio de intérpretes africanas de fondo. Banda sonora ideal para esta entrevista y que disfruto nuevamente al rescatar la conversación de la cinta para plasmarla en el papel. -Después de leer tu libro Nada siento que te conozco un poco el alma… Una sensación de identificación que no se da muy habitualmente ¿Cuánto de tu yo interno hay en estos versos? Bueno, mi trabajo con la poesía ha sido precisamente trabajar el yo poético, más que el yo sujeto escritora, poeta. El yo poético, con todos sus conflictos con los pares. Yo provengo de una generación de mujeres escritoras que me interesaron mucho más que el canon literario masculino. Me parecía que rompían más, que hacían apuestas mucho más arriesgadas en el plano de la escritura, saliéndose un poco de la tradición literaria poética que en Chile es bastante rica y, por eso mismo, fuerte, y para las mujeres es muy difícil salirse de eso. Pero yo provengo de la escritura de esas mujeres, y te puedo citar: Carla Grandi, Carmen Berenguer, Eugenia Brito, Teresa Calderón… Todas, en realidad. Cuando comencé a escribir y a moverme en el círculo literario, tenía 16 años. El primer libro lo publiqué a los 20; entonces, ya estoy vieja en este cuento. Creo que he hecho un trabajo que tiene que ver con la poesía misma, con el hecho de escribir poesía. En lo político, lo que significa escribir poesía en un mundo neoliberal donde la poesía no tiene ninguna cabida ni la va a tener, salvo que sean tomadas sus metáforas para spots publicitarios. Pero la poesía queda completamente fuera. Muy poca gente lee poesía, y eso la salva también. No es tan masiva como la narrativa. Uno no compra poesía para leer en la playa, y eso la ha salvado del mercado: el que nadie te publique, que sean muy difíciles los accesos para publicar, para editar, para hacer recitales. Todo tiene que ver con la autogestión. Yo siento que la poesía se quedó un poco en el tiempo de la dictadura, cuando se autogestionaba todo. La poesía sigue viviendo igual. -Pero se sigue escribiendo poesía. Mucha poesía, y cada vez hay más poetas. Yo he viajado para el norte y para el sur y están saliendo poetas jóvenes espectaculares. Siento que este país es muy rico poéticamente, o sea, el poeta que a uno más le carga afuera es espectacular. Hay una tradición fuerte. No en vano la Gabriela Mistral fue el primer Premio Nobel latinoamericano y mujer. -Decir que Chile es un país de poetas es un lugar común muy real, porque efectivamente se escribe mucha poesía en este país… ¿En qué crees que va eso? Yo creo que los poetas leen mucha poesía, y eso va generando a su vez más poesía y más lectores. Voy a San Antonio y está lleno de poetas buenos, en Valparaíso, en Puerto Montt… La poesía es como el vino en este país: surge. La poesía es mi pareja -En tu libro haces varias afirmaciones sobre la poesía. Dices: la poesía es un ejercicio innecesario, o la poesía es una luz que deja tantos ciegos. ¿Qué es para ti la poesía? ¿Cómo surgió en ti la necesidad de escribir? Yo he leído toda mi vida. Desde que empecé a leer no paré nunca más. Tengo una relación con la literatura que no es una relación de compensación, sino una cosa de placer. ¿Y por qué escribo? Escribo porque si no, no podría vivir. La poesía para mí es mi pareja y es una forma de ver el mundo y de ver la vida, que está traspasada por una imagen concreta: la poesía para mí es la muerte y la vida espalda con espalda, reflejada en un espejo. Ese reflejo es el que alcanzo a agarrar de la vida. Vivo de los reflejos que tiene la muerte y que tiene la vida, y que tiene el horror y que tiene la belleza. Veo así la vida y así la escribo. -También está muy presente la música, el rock, en tus versos… Es parte de mis influencias y de mi vida personal. Yo tengo muchos amigos músicos. Mis lecturas afirman mi trabajo poético, pero el jazz cantado por mujeres negras siempre lo ocupo para escribir. Tengo algo con el ritmo del jazz… La única cosa que envidio es la cabeza de un músico: cómo puede componer algo en su cabeza. -¿Qué necesitas para crear, además de la música? Yo soy medio estructuralista. Me demoro un año para empezar a escribir un libro. Empiezo a ver con qué elementos voy a trabajar y luego empiezo una investigación exhaustiva que tenga relación con lo que estoy trabajando. La poesía femenina -Está el tema de la poesía que hacen las mujeres: ¿está zanjada entre las poetas mujeres una posición sobre la calificación como femenina de la literatura que hacen las mujeres? ¿Es parte de una discriminación velada y es una diferenciación necesaria? Es una forma que ha tomado la discriminación de separar la poesía femenina, es una especie de fraccionamiento. Yo creo que la poesía es poesía y este país produjo el primer Premio Nobel latinoamericano que es la Gabriela Mistral, Y eso para mí es políticamente fundamental. También lo fue Pablo Neruda, pero posteriormente.. Este país produjo Bombal, produjo Brunet, que es espectacular; la Teresa Wilms Montt. Yo vengo de una generación que lo leyó todo en ese ámbito. No sólo la literatura canónica chilena… También hay intelectuales mujeres que ha hecho que mi proceso y trabajo con la poesía sea un poco más abierto, menos cavernícola, en el sentido que no le rindo tanta pleitesía a los hombres, que sí me parecen sus escrituras interesantes, pero me parecen mucho más interesantes y arriesgadas las propuestas estéticas y literarias de las mujeres. El tic del poeta nacional -En ese sentido, ¿se diferencian las escrituras…? Más que temática, la diferencia es política. La poesía de las mujeres es mucho más arriesgada, no busca el éxito ni la fama; busca trabajo con el lenguaje, y ese es un camino arduo, llena de piedras y que han tomado las mujeres en este país como política, como estética, que tiene que ver con el placer de escribir, como diría Roland Barthes. En este momento yo siento que el placer está puesto más en las mujeres, y en los hombres está puesto más las ansias, la fama y las tonteras que son fugaces más que el placer del trabajo con el lenguaje. En este país, por lo menos, se da un brazo importante de escritoras que no se da en ninguna otra parte. Yo he ido a Argentina, a Uruguay, a todas partes, y no hay diez poetas mujeres estupendas como hay en este país. Hay 1, 2… por país. -Un verso de tu libro dice conozco el tic del poeta nacional: ¿cuál es ese tic? Querer ser Pablo Neruda. Todo el mundo quiere el Nobel en este país, que es un valle, rodeado por una muralla que es la cordillera que no nos deja ver el mundo moderno. Seguimos siendo unos pueblerinos, cercados entre la cordillera el mar. Lo que tiene sus ventajas y sus desventajas. Entre las desventajas es que estamos muy lejos de lo que se está produciendo en otras partes y muy encerrados en prejuicios y cosas muy pasadas de moda, como el machismo, por ejemplo. Poesía es + -En el 2001 realizaste junto a Nadia Prado el proyecto Poesía es +. ¿Cuál era el objetivo de este proyecto, que era literalmente una volada, utilizando globos y avionetas? Tenía muchos hilos ese trabajo. Uno de ellos era retomar el espacio cielo que había sido tomado, simbólicamente, por Huidobro; que había sido tomado por el CADA también en época de la dictadura. También el gesto de Zurita de escribir en el cielo… El cielo estaba tomado en cierto sentido, pero también fue justo el momento de la guerra en Irak, o sea el cielo también estaba copado por el tráfico aéreo de guerra y también estos globos son usados para publicidad. Entonces, lo que nosotros quisimos hacer es tomar estas viejas naves para tirar poesía y en cada parte que estuvimos se desplegaba un lienzo. En San Antonio, sí volamos como dos horas y volamos sobre Tejas Verdes y tiramos poemas sobre Tejas Verdes, que para nosotros eran lugares simbólicos. Recitamos con megáfono. El 12 de octubre, desplegamos un lienzo que decía ‘Los ojos son libres’, en el sentido que no sólo la publicidad puede ocupar el espacio visual textual, que la poesía también puede salir a la calle y lo puede ocupar. En el Estadio Nacional desplegamos uno que decía ‘Memoria’, e hicimos un homenaje a todos los detenidos, presos y torturados ahí. Y una avioneta que cruzó Santiago, como las que pasan por la playa y dicen 'Use Gillette' u otra cosa, pero ésta tenía un lienzo gigante que decía ‘y si la jaula estuviera siempre abierta’, que en el fondo es: qué tan dentro del neoliberalismo quiero estar y que tan dentro estoy. -¿Y sientes que cumplieron el objetivo? Sí, se cumplió. Fue un bonito proyecto. Lo trabajamos con dos fotógrafos, con el Pepe Moreno y la Magdalena Ladrón de Guevara, y con una videísta que es Claudia Nelson, y luego hicimos un recital en el Galpón 7 que tuvo lleno total. Lo repetimos el 10 de septiembre del año pasado, en Poetas por la Memoria, que hicimos con la Joan Jara en la fundación Víctor Jara, en un homenaje poético a la memoria de Allende. Fue un recital espectacular, que duró 4 horas y estuvo lleno, lleno. -En qué estás trabajando ahora? Viene otro libro, que va a ser parte de una trilogía. En el segundo estoy por la mitad, y en el tercero estoy recopilando y guardando material. -¿Y con la Editorial Surada? La editorial Surada es un proyecto que gestionamos con Nadia Prado y Lara Hübner, para poetas que querían auto editar sus libros. Ellos pagaban la imprenta y nosotros hacíamos gratis todo lo que hace una editorial, que es el lanzamiento, distribución, etc. Se produjo en un momento bien crítico, en que ninguna editorial estaba publicando porque la poesía no vendía. Los libros no estaban en las librerías y nosotros inventamos esta especie de salvavidas, para nosotras mismas y para muchos autores que no tenían plata. Y, entonces, si tenías 100 lucas podías sacar un libro. Esa era la idea, Que no te costara una autoedición, no sé, un millón de pesos, porque no vale la pena, porque en realidad uno regala los libros de poesía, porque no recuperas jamás la plata. El proyecto está en pie. Surada acaba de sacar un libro de Aída Oses, una poeta de Copiapó.
acerca del autor
Malú

Malú Urriola, Santiago de Chile, 1967. Ha publicado "Piedras Rodantes" (1988); "Dame tu sucio amor" (1994) "Hija de perra" (1998) y "Nada" (2003). En 2002 recibió la Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura para realizar el proyecto poético "Poesía es +". Sus poemas figuran en: “Antología de la Poesía Latinoamericana del Siglo XXI. El turno y la Transición”, compilada por Julio Ortega (Editorial Siglo XXI, México. 1997). “Antología de poetas chilenas. Confiscación y silencio” (Dolmen Ediciones. 1998). “Mujeres poetas de Chile: Muestra Antológica, 1980-1995” (Editorial Cuarto Propio. 1998).En 2004 fue premiada por el Ministerio de la Mujer de Chile por su guión "Sofía, (Una historia de maltrato a la mujer)" en la serie Cuentos de Mujeres, transmitida por Televisión Nacional de Chile.