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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Poesía
4 11 2006
Algunos textos de Dame tu sucio amor de Malú Urriola

III

AMORES DEL HAMPA

"Este amor errante es la raíz de todo sufrimiento" Mira Bai

Este cuarto está frío, de tanto que he helado mis huesos, comienzo a creer que el sol brillará en otras partes, menos en este apartamento, fumo, uno, dos o más paquetes de cigarros, el placer de un dolor mayor que no llega, para alivianar la dura carga de la mediocridad, del universo inmemore. Imposible cortar mis palabras, una muralla cae dentro de este cuarto, despedazando, el único espacio solitario, el ruido del vulgar clamor, las revelaciones de la locura, una noche sin la deliciosa mudez, sin el afiebrado transpirar, de recurrir arrobada al tecleo de la máquina. Mi querido Erasmo, dónde estará brillando la cegante luz, cuándo mi boca mantendrá alojada la saliva del retardo. La ausente línea represiva, el olvido, la angustiante llamada del final próximo. Lo mismo que estuviera en Madrid o en cualquier otro sitio, pero no, no me he movido de la ausencia, los ojos huecos y fríos no han sido llenados de paisajes, más que las absurdas proyecciones de la imagen. Los vecinos acallan el poco placer de la tragedia. EL CEMENTO Me perdí en Buenos Aires, ebria, me hallaron en un Bunker, bailando en medio de travestís, un hombre pensó que yo era un muchacho, salimos a la calle a tomar unas cervezas, me habló de su amado por horas, me dijo que lo golpeaba, que cuando quiso matarlo él besó su trasero, luego habló de unas luces que ve al cruzar la calle de San Telmo, un viejo barco que lo llevó una noche a un extraño lugar. Deslizó su mano hasta tocar la mía nos parecíamos a una breve imagen del abandono. EL ALCOHOL Me he perdido en un largo delirio, hay alguien junto a mi cuerpo, en un motel descanso después que me partieron el vientre, temo irme en el sueño, tanto como temo desvalijarme, envolverme en bruma ante un nauseabundo amor, clamo por los desarraigados cuando bebo y tu rostro flota al ras del líquido en el vaso y otros cuerpos acompañan desnudos esta terca soledad, estoy lejos de la tribu, no me toca la corrupción del bienestar ni los alcohólicos de clase, espero por un lugar donde el alumbrado no se apague al alba, donde el grito de los ausentes no acabe salido el sol. Quiero verte, acariciarte como si acariciara una fína navaja. Camino por San Martín a estas horas, para proyectarme en los ojos secos de otras rameras, estoy tan harta, sueño en la desolación. En la soledad de la casa fría, las colillas de cigarro aparecen desde el piso como ampollas, siento la fragilidad del cuerpo, la mirada cortopunzante; me abracé a mi propia sombra, me alejé de otros cuerpos, de sus dulces voces diciendo no te vayas esta noche. Camino sorda, respiro y mato con el aire. En el sitio del corazón me late un metal, atrofiado, maldito. Inflamada a un costado, lloro mi dolor después de esta pleuresía, he sido devastada por la soledad, ya ni siquiera he visto su sombra, siguió viaje en el ferrocarril sin voltear a ver mi rostro abatido, había que abrirse un hueco en el pecho para vaciarle esta agonía, roídos el corazón y la boca, has golpeado mi cuerpo hasta clarear, insomne me he dejado derrotar por todos los que mi memoria guarda. Me has dado de beber, has llagado mi cuerpo que ondea como una bandera derribada y sin embargo siento un miedo, una furia terrible a la ausencia, que ha plagado esta noche. He vivido del sobresalto de perder esa imagen, ese traslado del rostro que recuerdo, sostuve mi amor en el error de amar un fragmento de esa imagen, hace más de seis meses que no sé nada tuyo, me matará la espera o el olvido, he sucumbido ante la abstracción de otras palabras, me he perdido esperando desplegar este atrofiado cuerpo junto a la atrofiada imagen de ese cuerpo tuyo, con una insostenible terquedad, aún así yazgo en el espanto. Sentenciada a la muerte lo mismo que a la oscuridad, arrastro para otros mi mal destino, el sueño, la aflicción del fraude. Hermana de Erebo, ando vagando durante la noche. Bajo esta piel albergo un inmundo sentimiento. Dame tu sucio amor que se quema sin llamas, mi corazón ha afollado, derramado en su vicio, alojado en su tumor, labré mi dolor en la peor herrería, el barro cubre mis pies, me he revolcado en un amor bastardo, con la holgadura de una delincuente cercené, arrojé la dura carga de amar en la soledad, en medio de la caída y el desfallecimiento, dame ese amor sucio, lastima mi alma, cúbreme. Guardo las marcas de tus mordeduras, asílome a la piel como mi mordaza en silencio. Nos habíamos amado tanto, frotó sus partes íntimas en pedazos de mi cuerpo, dislocó mi cuello, me dejó llevar por el dolor, callándose en mi boca jadeó sin un asomo de duda, curtiendo, pegándose como una lacra, los quejidos volcados en palabras comunes, la saliva amarga cayéndole a un lado del rostro, bastaba el recurrente certero y condensado de un punto en la realidad, el espacio donde el amor podría cojear dentro nuestro, pero siempre, le dije, ha quedado el agrio sabor de ser aplanada por la mediocridad. Encendí un cigarro, escuchaba atenta los sonidos desgarrados de su euforia, hablar toda la noche con los mismos códigos de la crema literaria. He arrojado el desprecio a mi cara, no temas, soy una vieja cansada, ya no suelo caminar por el centro de Santiago, cuando el aseo municipal lava las calles, cuando pareciera que la ciudad ha sido demolida por una horrible tormenta; ya no cuido la cerveza abierta de la policía. En el último bar de la avenida, he comprado un paquete de cigarrillos, con un olor a fritanguería que revuelve el estómago, paso lo que resta de la noche, cuando ya las prostitutas al clarear, apoyan la cabeza sobre las mesas revestidas de manteles plásticos. Al fílo de la madrugada, los locos, los delincuentes, los vagos, se echan a andar, cuando da lo mismo terminar con un puñal puesto en los bordes de lo que has amado, he llevado esta tortuosa sed tanto tiempo, como una extraña melodía. Esta madrugada quiero irme a dormir con la fealdad. Latas de Coke rojas, esparcidas por la alfombra que cubre el apartamento, el frasco de fármacos vaciándose desde la mesita de luz, una mano entreabierta, asomada desde una de las habitaciones. Ella Fitzgerald a todo pulmón en el cuarto continuo, la pausa, la salida de emergencia, la venganza ante el mundanal y estúpido ruido. Lejos el corazón le aulla a la luna, se ha arrojado al lago fulgiente a besar su reflejo. Fue incluida como una estructura poética, alojada en el reflejo acuoso de la noche, manteniéndose sobre el agua, amándose en las sombras. Huir del trato social, desempañar la soledad. Han henchido su corazón de malas palabras, ha buscado refugio en ti. El futuro llegará en su antigua promesa, quitará las cadenas, para quien esté encadenado, hará su representación del amor, como en un escenario se representa la contracultura. Las flores comienzan a deshojarse, no hay otro lugar para adolecer de algún vicio, del vacío o de la muerte. Las marcas del blindaje, que recubrían mi cuerpo han sido abiertas por un artefacto. Arrancársele o partírsele a uno el corazón.
acerca del autor
Malú

Malú Urriola, Santiago de Chile, 1967. Ha publicado "Piedras Rodantes" (1988); "Dame tu sucio amor" (1994) "Hija de perra" (1998) y "Nada" (2003). En 2002 recibió la Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura para realizar el proyecto poético "Poesía es +". Sus poemas figuran en: “Antología de la Poesía Latinoamericana del Siglo XXI. El turno y la Transición”, compilada por Julio Ortega (Editorial Siglo XXI, México. 1997). “Antología de poetas chilenas. Confiscación y silencio” (Dolmen Ediciones. 1998). “Mujeres poetas de Chile: Muestra Antológica, 1980-1995” (Editorial Cuarto Propio. 1998).En 2004 fue premiada por el Ministerio de la Mujer de Chile por su guión "Sofía, (Una historia de maltrato a la mujer)" en la serie Cuentos de Mujeres, transmitida por Televisión Nacional de Chile.