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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Poesía
3 6 2005
Algunos poemas de José María Eguren
Los reyes rojos Desde la aurora Combaten los reyes rojos, Con lanza de oro. Por verde bosque Y en los purpurinos cerros Vibra su ceño. Falcones reyes Batallan en lejanías De oro azulinas. Por la luz cadmio, Airadas se ven pequeñas Sus formas negras. Viene la noche Y firmes combaten foscos Los reyes rojos. Nocturno De Occidente la luz matizada Se borra, se borra; En el fondo del valle se inclina La pálido sombra. Los insectos que pasan la bruma se mecen y flotan, y en su largo mareo golpean las húmedas hojas. Por el tronco ya sube, ya sube La nítida tropa De las larvas que, en ramas desnudas, Se acuestan medrosas. En las ramas de fusca alameda Que ciñen las rocas, Bengalíes se mecen dormidos, Soñando sus trovas. Ya descansan los rubios silvanos Que en punas y costas, Con sus besos las blancas mejillas Abrazan y doran. En el lecho mullido la inquieta Fanciulla reposa, y muy grave su dulce, risueño semblante se torna. Que así viene la noche trayendo Sus causas ignotas; Así envuelve con mística niebla Las ánimas todas. Y las cosas, los hombres domina La parda señora, De brumosos cabellos flotantes Y negra corona. La Pensativa En los jardines otoñales, bajo palmeras virginales, miré pasar muda y esquiva la Pensativa. La vi en azul de la mañana, Con su mirada tan lejana; Que en el misterio se perdía De la borrosa celestía. La vi en rosados barandales Donde lucía sus briales; Y su faz bella vespertina Era un pesar en la neblina... Luego marchaba silenciosa A la penumbra candorosa; Y un triste orgullo la encendía, ¿Qué pensaría? ¡Oh su semblante nacarado Con la inocencia y el pecado! ¡oh, sus miradas peregrinas de las llanuras mortecinas! Era beldad hechizadora; Era el dolor que nunca llora; ¿Sin la virtud y la ironía Qué sentiría? En la serena madrugada, La vi volver apesarada, Rumbo al poniente, muda, esquiva ¡La Pensativa! El bote viejo Bajo brillante niebla, de saladas actinias cubierto, Amaneció en la playa, Un bote viejo. Con arena, se mira La banda de sus bateleros, Y en la quilla verdosos Calafateos. Bote triste, yacente, Por los moluscos horadado; Ha venido de ignotos Muelles amargos. Apareció en la bruma Y en la armonía de la aurora; Trajo de los rompientes Doradas conchas. A sus bancos remeros, A sus amarillentas sogas, Viene los cormoranes Y las gaviotas. Los pintorescos niños, Cuando dormita la marea Lo llenan de cordajes Y de banderas. Los novios, e la tarde, En su alta quilla se recuestan; Y a los vientos marinos, De amor se besan. Mas el bote ruinoso De las arenas del estuario, Ansía los distantes Muelles dorados. Y en la profunda noche, En fino tumbo abrillantado, Partió el bote muriente A los botes lejanos. Canción cubista Alameda de rectángulos azules. La torre alegre Del dandy. Vuelan Mariposas fotos. En el rascacielo Un gallo negro de papel Saluda la noche. Más allá de Hollywood, En tiniebla distante La ciudad luminosa, De los obeliscos De nácar. En la niebla La garzona Estrangula un fantasma. La canción del regreso Mañana violeta. Voy por la pista alegre Con el suave perfume Del retamal distante. En el cielo hay una Guirnalda triste. Lejana duerme La ciudad encantada Con amarillo sol. Todavía cantan los grillos Trovadores del campo Tristes y dulces Señales de la noche pasada; Mariposas oscuras Muertas junto a los faroles; En la reja amable Una cinta celeste; Tal vez caída En el flirteo de la noche. Las tórtolas despiertan, Tienden sus alas; Las que entonaron en la tarde La canción del regreso. Pasó la velada alegre Con sus danzas Y el campo se despierta Con el candor; un nuevo día. Los aviones errantes, Las libélulas locas La esperanza destellan. Por la quinta amanece Dulce rondó de anhelos. Voy por la senda blanca Y como el ave entono, Por mi tarde que viene La canción del regreso. La niña de la lámpara azul En el pasadizo nebuloso cual mágico sueño de Estambul, su perfil presenta destelloso la niña de la lámpara azul. Ágil y risueña se insinúa, y su llama seductora brilla, tiembla en su caballo la garúa de la playa de la maravilla. Con voz infantil y melodiosa con fresco aroma de abedul, habla de una vida milagrosa la niña de la lámpara azul. Con cálidos ojos de dulzura y besos de amor matutino, me ofrece la bella criatura un mágico y celeste camino. De encantación en un derroche, hiende leda, vaporoso tul; y me guía a través de la noche la niña de la lámpara azul.
acerca del autor
Varios

José María Eguren nació en Lima en 1874. Vivió durante su infancia y juventud en una hacienda familiar y en la edad adulta en Barranco, en donde falleció en 1942. Tuvo una vida bastante apacible, agobiada por algunas penurias económicas. Además de la poesía, cultivó la acuarela y la fotografía. Fue también profesor. Publicó cuatro libros: "Simbólicas" (1911), "Canción de las figuras" (1916), "Sombras" (1929) y "Rondinelas" (1929). Su mundo poético está poblado de personajes medievales y entidades mitológicas, inmersos en una atmósfera tenue y gentil, como la neblina limeña.