Lunes 04 | Marzo de 2024
Director: Héctor Loaiza
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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Narrativa
17 5 2018
Quince días que no conmovieron a nadie por Gerardo Luis Rodríguez

“Volverán las golondrinas
Sí, volverán las insurrecciones
con los dioses degollados
y los presos de la pobreza
persiguiendo los días
de fiesta de meneos
... zas la libertad
le quita al fantasma el antifaz
 y la magia a Mandrake
y zas...zas
un rayo los mata de la risa
y otra vez baila la burla sin barrotes

Ya está todo. La distancia y el tiempo han sido perfectamente computadas, sí, previstos. Además, si fallo en el fallo de los tres que determinan el final de la partida, de la reunión K de la aventura planeada, entre tres K por entre estas calles que aquí comienzan a conspirar trucos de palabrutas o palabritas o carreta de cafetería, si fallo, me volveré invisible... sí, soy falluto “gurí,” ser invisible, nadie sabrá como diría Alba, la uruguaya, muerta en Cuba, según me comunicaron, hace como tres semanas atrás, de comenzar a sacar mis cartas y palabras marcadas por mi verraca planeadora para sacarle las combas a la lógica y estructura a la palabrería que se está vertiendo en la literatura, yo carpintero del tablón del barrio sur de esta ciudad, yo, le canto la tabla al capital y decido lanzarme a esa tareíta. Sin He-gel para el pelo. No lo he dudado. Me convencieron las palabras de aquel señor del periódico en las manos y el cigarrillo en el cenicero. Sí, él apareció con las condiciones, con ese ahí patas arriba No es un trabajo muy difícil, aseguró-tosió-sonrió y se alejooo, jugando con la última O. En ella se explicaba, en la esquela, que era de tal género el asalto y que no había riesgo pero quién, si quisiera comprometerse, lo haría con fervor y fulgor y desde su puto albedrío. El parto-reparto sería en el garaje de la kapitolina pensión, sí, al costado del capitolio. No sé, allí eramos “boletos, visibles, pero era estar más seguro, vivir en la boca del lobo de 200.000 pesos para kambiar de ropa inmediatamente.
Bueno la cosa es... yo cambié, inmediato a este 7 de febrero, de planes.

Hoy que se me cumple el arriendo comienzo a operar la máquina. Mejor dicho soy el encargado de combinar todas las funciones de esta máquina cepilladora de cedros y guayakanes y mohos, norteamericana como la mayoría de las máquinas, de este país y combinar, todas las formas de lucha popular. Alisté de tal manera el tiempo que el mismo time, se va a sentir robado. Por ejemplo, cuando tenga que encontrarme con los tres cabecillas de ésta matanza que no consta aún en la historia, ya tengo los mapas y los distractivos. Me intrigan las 3 k y trataré de saber de ellos. Sí, me interesa la comunicación. No de otra manera me hubiera metido en este lío, del cual espero salir o entrar definitivamente en los próximos días: el plazo es corto, la extensión es corta y la vida no es corta, ¿eh guevón? Se me voltean las totumas de la imaginación y vuelvo a buscar el hilo de cabra de este relato que no tiene otra intención que demostrar, cómo lo fuerzan a uno las circunstancias a depender de tres manes, que no los han flechado aún: Lucho-Germán, estampillados en K, ellos son los que dan el flete para después de terminar el trabajito.

Bueno, esos manes según decían las instrucciones, son tres capos latinoamericanos (se me ocurre, en medio de mi desconfianza indígena, que tal que nos metan “dotor” gato retórico por capo sin pudor y que se las sabe todas, hasta pá donde camina la puta que escribe...) “Cuyos nombres se darán a conocer próximamente” decía la esquela. Yo mejor de lo mejor me voy, dijo Gladys, la de un jueves, sofocada por el trío de musos que su poética soledad atrajo a un cuadro abstracto de piernas, manos, besos y lunas y tetas kopulando... Yo karpintero, serruchando, cepillando, lijando kopulando, con K sabrosa y aún no tengo para pagar el arriendo, kon eso de que” la revolución y el partido están por encima de todas las kosas” (¿kosas? me pregunté yo kamarada real proletario ke a veces solo bebo 20 tintos o kafés al día y siempre debo el arriendo y vivo entre martillos y serruchos, aserrín, virutas y churcos de maderas, garlopas y formones, o taladrando a punta de billamarquín y este aburguesado vago y puto secretario general del partido, Vieira, engominado, enchalecado y enkorbatado, nos trata a los militantes de base como cosas, ke nos debemos sacrificar por las causas perdidas por algunos de esos especímenes de “intelectuales” repetidores, que dirigen los partidos de izquierda que practican el asistencialismo (a ellos) pagado por el pueblo para llevar a la derrota los colectivos y al exterminio, los dirigentes coherentes y honestos).

Ya está la luz encendida. Seguro que adentro están los demás. Ellos ya hicieron lo suyo. Adentro estarán todos los guerrilleros bajo sus seudónimos todos literarios: conocí al tal Pantagruel hijo del Asno de oro y de Rabelais dándole coces a las bibliotecas, estará también el misterioso Bola de sebo con su gordura, más a lo luna tuna tuya estirpe Maupassant, yo no sé, hay muchos más, pero el más temible y preciso es el tal Marqués de Sade, un Tirofijo, dicen que ni al cura le rebajó una de sus ráfagas. Eran groseras avemarías. La puerta está entreabierta, la radio encendida y en el lugar del encuentro hay retratos y libros en cantidades como para limpiarse el culo por el resto de los días, así me dijo Simón Bolívar Salazar, el de Sotaquirá, que él no leía sino los avisos limitados para conseguir trabajo y esto lo venía haciendo hacía unos cinco o siete años atrás, él ya no pensaba sino en arriendos, empleos y ven-permuto la alegría... Bueno, la cosa es que también se lee con el culo, según me lo dijo un analfabeto, que se limpiaba con las noticias frescas de los vespertinos, y en verdad que él no podía soportar la risa cuando se la imaginaba a la señorita educada en Lovaina, echarse aerosol anal una vez terminaba la opresión de cerrar, el citado culo y dejar los pantalones en posición de asumir sus penes, penes de fantástico dolor por su anestesiada cabecita hueca de gallinita, un silbido y recuerda también la anterior batalla. ¿Por qué será que esto se me vuelve huevo, un eructo, un pedo melancólico o serán cólicos de la soledad los que bostezan enormes tamales de deseos?

Es medianoche, llegamos del canelazo y cervezas, luego vino un chorro de gente a acumularse frente a la delantera puerta de un Dodge sin chofer, y nosotros creíamos en algún operativo policial; pero no era sino, un sobresalto, un tic paranoiko que no impediría nuestro aporte para la toma del poder. Antes habíamos sobrepasado las 9 de la noche cuando la masturbación del hombre de la barba blanca daba sus resultados en una puntería desesperada sobre el lavamanos y ella se intrigó por saber quién era el osado que confundía el pedernal corona con las vaginas que tanto sobran, y sin embargo, ellas la dan y la reparten en esta ciudad del planeta que vende melcochas en los postes de la luz y chicharrones en las narices de los franciscanos que dejaron la pobreza por ser mal negocio y carmelita de paso. Que vende marihuana y ron chiviado, en las puertas de las universidades y bazuko en las narices del Kristo krucuficado Y no vi pasar a Panda, el pintor que no pinta sino en la angustia de encontrar una sonrisa botada en las baldosas, todas lavadas con fab del cajón de Avianca y con sus ciervos ojos de pincel barato, se escabulle otra vez a pintar la garganta, con un “tinto” y a echarle colores con las conversaciones, a los amigos que no saben mayor o menor cosa de su drama... Tampoco pasó Gabriel, el sin plata Sr Plata y su Is-ael que no tiene la mierda en la cara como los judíos, allí estaban con Alfonso, el masón rosacruz y komunista de la séptima, ensartando las agujas de la parasicología que tal vez, no sé dónde lunas llenas las dejó, en esta página.

La tristeza me confunde con un aerolito de silencio y quiero entregarme a un dulce recuerdo... Oh mi Taty oh mi diana oh mi piel oh Tatiana la inmortal guerrillera de komúneros. Lloré tres días y tres noches, tres océanos...

Sí, sí y sí está muerta. Ninguno de los tres K, tuvo que ver con su morir lejos de mis manos que te aman susurrando brumas rojas del frío de nuestra soledad y tal vez por pacto de soledad, estiramos los segundos, en nuestros labios, alargamos los minutos de ternura, vivimos tanto tiempo acariciándonos la espalda de un suspiro, pero estás muerta como la tupamara Alba Violeta de los romeros. Qué putas mortalidad nos separa de las alamedas de la libertad y el amor, ¿gurisa? Mierdas... no sé... me calmo... busco la coma o el punto o el final del comienzo de esta hecatombe que se avecina por estas largas horas que yo gasté deslizándome por entre las baterías y los binóculos de ellos y los tres ¡qué va! ahora ni la tristeza ni la mama mía ni la del vecino ni la mismísima madre tinta me llevaran a esas auroras cosquillosas cuando empelotado, desnudo como un Sumerio me sumerjo en sus carnes, de extraterrestre de las galaxias firikas y sus parlamentos teatrales sin garrapatas, komo este

“Pero hay que ver
Hombres y mujeres
Hermanos y hermanas
Hay que ver señores y señoras
Que una mujer no tiene cara de artefacto
Ni brazos eléctricos. Ni sonrisas sumisas
Decir mujer, es decir la saciedad en sociedad
Sáciate con vitamina k para que regreses vivo
Vitamina K... Kabalgue... Kabalgue vulvas, sáciate para ke vuelvas por más y entusiasme la hora de los hornos de la revolución... Kabalga.

Tengo al frente el sombrero de los crepúsculos coronados bajo las montañas de una claridad amarilla-azul Gerardino y varios matices de verdes amazónicos y más arriba de estas 5:47 pm pasadas, los mares celestiales o sea, estas oscuras nubes cargadas de agua tímida y peligrosa, acechando sobre el espinazo de las casas que por allí trepan las faldas bulliciosas de la montaña. La ciudad mafiosa y llena de devotos del surrealismo militante, parece que se horizontaliza en la concavidad de la cadena de cimas que le abraza en su plana, sabanal existencia. Llega hasta el borde de los cerros y en algunas partes los trepa y salta a ver por el color cobre brillado o cobre yagé. Se alcanzan a ver los rascacielos, algunos pocos y un joven estruendo de ruidos a lo batería y saxo, condecora los oídos de la metrópoli a sobrevivir: un perfume mekániko y marihuániko se instala en el aire de los peatones y hoy hay ¡ay! Demasiados indigentes, hombres y mujeres de tres partes o la mitad de cuerpo implorando el centavo y hoy hay ¡ay! demasiados carteristas, raponeros, asaltantes esperando el golpe de mano de la rikeza express y hoy hay ¡ay! demasiados poetas, demasiados artistas, que andan por los suelos de la pobreza y sueltos por ahí, en todos los salones y parques, cafeterías, calles y bares y kioscos amorosos, y debajo de los postes besando a una muchachita de dieciséis años que tuvo la ocurrencia de enamorarse de un gentil solitario vialéktiko por contradicción entre lo escrito y la vida que se hace obra, y entonces, vibra con la creación de instantes reales para ser los protagonistas de (Las hazañas y hechos de las más inverosímiles aventuras humanas. O los faits et prouesses du très renommé Chikitín Bandola o Sókrates del Socorro, un vialéktiko tropikal de estirpe Guane y del común eros.

Y hoy hay ¡ay! Mi vida que es más importante que cualquier libro escrito dentro de mí mismo sobre la revolución bolchevique y tal...
 Mi vida Me apasiono por ella y es de la única de la que me dejo aprisionar. Ya no sé qué he matado en mí, en todo caso la innombrable tristeza es un lujo que cuesta más de un poema por herida, con machihembrado de ruteadora en cicatriz de corazón que ama en clandestina caricia de lunes y miércoles, esos besos teatrales, que ocurren en un escenario sin público visible y esos besos que abarcan el espacio ignorándolo, desgeometrizándolo y poseyéndolo con desenfado pasional, ahora somos nosotros los actores reales que vibramos con la piel de un amor frutal y sigiloso a la manera del fuego aéreo. Y quedamos hechos astillas por los aleteos del amor a la brasa.
Aquella noche de balas y estrellas, aquella noche de Bogotá y Juan Bautista, un comunero sin estrellas.
A las buenas o a las balas, Juan Bautista
¡Doble vida, comunero, Juan Bautista!

Así te iban matando, empezando por la emboscada, y luego esos dos balazos en la sien que te borrarían la melena del incendio que querías provocar con esa mirada afilada como barbera a la manera de las llamaradas, y te sorprendieron los cinco sentidos de la vida porque tu no querías subir al carro a eso de la media noche allá en el centro después de esa opípara comida y vuelve a reafirmar en voz alta “los verdaderos esténciles, están en las naguas del gobierno del nada más, y ellos, son los que reciben los más altos títulos; desde el tal Phd (puto hijoeputa deleitado) hasta las cruces de Boyacá, no importa los corbatines que se pongan, ni los perfumes londinenses, todo eso hiede, si esa noche no la esperabas, pero si la madrugada, pues el acompañar al sol en su salida, era tu oficio de atleta y zancadas con movimientos rápidos de brazos y gimnasia para los dedos. Sí, “maldita sean, los generales enculados por sus cañones” alcanzaste a decir, y te acordaste que no deberías haber venido desarmado, te lo avisaron los sentidos cuando dijiste, “ahh quiero hablar contigo todo lo que pueda esta noche, pero... voy a ver qué pinta este man, me conviene un préstamo, tengo el “mazo” empeñado...” y te subiste al carro, y tu intuición fue arrollada por el ruido de las calles que te sonreían abriendo los árboles hacia las dos o tres luceros de ese cielo nublado, viernes de aguas mil, era el último recorrido en la ciudad de los trúhanes diplomados, archiladrones denominados políticos, de gamines, pordioseros y locos que tú recibías con los brazos abiertos en las luchas. Maldita sea, te arreglaste la “cachucha” y llevaste la mano al Smith & Wesson 38 corto, pero allí estaba tu piel, solo ella temblando y decepcionado por algún infiltrado que hizo abortar el operativo. Y triste con la impotencia de no cumplir aquello “la muerte de uno de nosotros tiene que equivaler a diez de las de ellos”

A la derecha ni a la izquierda le importaban, los quince días sin pagar arriendo, ni las quince noches con escasos recursos preparando la operación “cacharritos”: asalto al banko de los milicos. Ni cinco le importaban, los quince días al secretariado turistíco... tampoco tu muerte, Júan B les importó un pito que te presentaran como un bandido y no el gran guerrillero preparando las brigadas urbanas...

Y tu habías dicho “huelo algo raro en la casa, pasamos de largo” y así se hizo pero el otro insistió en bajar a la segunda vuelta -la cagada-dijiste y entraste...y cha tun purun tuuuun... sí, ahí estaban los sicarios militares... yyy... ”sí me rindo”, después del maldita sea y luego de llevar la mano a la piel y regresar sola y desesperada y gritando, y luego, ese hijoeputa que jamás se me olvidará, y tú que le dices “no te dejaré un solo minuto de tu vida, perro, cerdo” y escupes y te tiran del pelo y luego ese cañón frío se acercó, se alejó y sonó y luego “sentí miles de soles disparados de mi sangre y que un fino hilo de plata quedaba suspendido en vez de mí y luego un leve recuerdo del mundo y un pensamiento casi muerto en mi madre y rojo-sexo y azul muerto y los muchos colores de los orgasmos... así es la muerte “

Bogotá, 1975

acerca del autor
Gerardo Luis

Gerardo Luis Rodríguez, tras haber seguido estudios de filosofía en la Universidad Nacional de Bogotá, vivió en Chile durante el gobierno de Allende. Después del golpe de Estado de Pinochet en 1973, escapó a la persecución policial. Como escritor, publicó seis libros, entre relatos y poemarios. Residió en Francia durante diez años. Participó con un ensayo en el libro colectivo "Alain Laborde, Dix années de pinture (1984-1994)", editado en Pau (Francia). A través de la creación artística, persigue el objetivo ambicioso de sincronizar las fuerzas del Yo con las del universo. Sigue escribiendo para ser fiel a la misión que se ha dado en Europa: fomentar el diálogo entre las culturas.