Miercoles 21 | Febrero de 2024
Director: Héctor Loaiza
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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Narrativa
1 6 2017
Fragmento de "Aevum 1. Hijos de la guerra”

CAPÍTULO 1

20 de febrero de 1920.
Cervecería Hofbräuhaus.
Múnich, Alemania.

“No quiero morir hoy…”
Un hombre limpiaba sus manos manchadas de sangre en un aseo de la cervecería Hofbräuhaus. Tenía las mangas de la camisa remangadas y en el antebrazo derecho llevaba un dispositivo dorado atado a la piel con tiras de cuero. Cuando acabó cerró el grifo y se apoyó en la pica para mirarse en un espejo que tenía delante. Tenía el labio partido y la cara magullada. Las manos le temblaban, sentía el corazón latiendo a toda velocidad, escalofríos en las articulaciones, palpitaciones en las sienes y el estómago revuelto. No era la primera vez que tenía un ataque de pánico y sabía que no sería la última.
“Vamos James… Tranquilízate…”
Cerró los ojos, se acarició la parte derecha de su pecho y colocó la mano sobre su corazón. Trató de respirar lentamente para calmarse pero no podía olvidar qué día era ni dónde estaba.
“No voy a morir hoy… No voy a morir aquí…”
Abrió los ojos y se miró fijamente con el ceño fruncido.
 ¿Céntrate, puedes hacerlo…? se dijo en inglés con acento británico.
La puerta de entrada se abrió y James se giró hacia ella. Un hombre hablando con alguien que caminaba tras él iba a entrar en el aseo. Sus ojos se le fueron a una de las carlingas donde un hombre yacía en el suelo con la cara hinchada y llena de heridas sangrantes. En el pecho tenía clavado un mango de nácar blanco con los bordes plateados.
“Mierda”
James corrió hacia la carlinga, cogió al hombre y lo sentó en la taza justo cuando los visitantes entraban. Se puso delante de él apoyando su cabeza en su barriga. Se giró y por el rabillo del ojo vio que los hombres entraban y se lo quedaban mirando.
¿Sigue… Así…? murmuró James en alemán sujetando la cabeza del hombre con ambas manos y apretándola contra él.
Los hombres orinaron en un par de mingitorios en silencio.
¿Cuidado con los dientes…? dijo uno de ellos y ambos rieron.
Los hombres se subieron las braguetas y salieron del aseo sin lavarse las manos.
James resopló y empujó al hombre contra la pared. Estaba tan muerto como un dinosaurio disecado y se resbaló por la pared hasta que quedó apoyado en los laterales de la carlinga. Asió el mango de nácar que había clavado en su pecho y lo sacó de golpe. Estaba unido a un fino punzón metálico de quince centímetros. Presionó un botón en el borde del mango y un minúsculo arco de electricidad se deslizó por el punzón antes de que todo él se escondiera en el interior de la empuñadura.
“Ya no necesitarás esto” pensó James guardándoselo. Le registró la chaqueta y encontró un pequeño teléfono móvil gris de finales de los años noventa.
“Esto tampoco”
James se lo guardó y cerró lentamente la puerta abollada y torcida de la carlinga, sujeta al marco por una única bisagra, miró por el suelo y cogió una chaqueta arrugada que había en un rincón. La limpió y se la puso mirándose al espejo mientras dos personas más entraban en el aseo para utilizar los mingitorios.
“Tienes una pinta horrible…”
James tenía unas ojeras tan marcadas que parecía un oso panda, barba de varios días y el color de piel de la cera vieja. El poco pelo que tenía, rubio oscuro, lo tenía pegado a la frente, empapada de sudor. James se intentó peinar, se ajustó el nudo de su corbata y sonrió.
¿Muy bien… Que empiece el espectáculo? se dijo en alemán.

acerca del autor
Victor

Victor Baldoví (Barcelona, 1977) lleva la pasión por el cine, la escritura y la Historia en la sangre. Tras una década realizando cortometrajes como director y escritor, su gran interés por la Segunda Guerra Mundial le llevó en el 2005 a crear la web de historia bélica ww2freak.com. En 2014, empezó a colaborar con la revista trimestral “WW2GP Magazine” escribiendo varios artículos sobre la Segunda Guerra Mundial. En el 2017, tras cinco años de exhaustiva investigación, publicó su primera novela, “Aevum 1. Hijos de la guerra”.