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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Poesía
2 2 2017
Cristina Díaz Aragón: intimismo, pero del bueno

TE QUIERO

Te quiero.
Te quiero desde el primer y si…
Te quiero a borbotones.
Te quiero hasta con tus quizás.
Hasta el último suspiro consciente,
antes de caer dormido.
Y te quiero cuando sueñas.
Te quiero desde la duda,
te quiero hasta en los fallos,
y te quiero al borde del ataque al corazón.
Te quiero a mi lado,

Y no,
no te quiero lejos,
aunque sea en la lejanía
cuando más te quiera.

 


COMO DIRÍA SABINA

Qué sorpresa volver a verte
después de dos veranos sin tu piel morena,
de más noches de las que intentó aprender a olvidar Sabina,
de ciento veinte tormentas sola frente al cristal,
de más de dos mil películas sin la manta que te llevaste,
después de haber creído cantar victoria,
quieres que te deje pasar la noche en esta casa
que se ha derrumbado un poquito cada día sin nuestro ruido.

Qué extraño ha sido verte volver,
aquí donde durante tantas noches habitó el olvido,
a ti, que te fuiste sin que te echaran,
y ahora vuelves sin que te llamen.
Qué desconsiderado por tu parte venir a descoserme
con las tijeras de todo un artista que eres,
con esa sonrisa caída
y una tierra prometida en una caja con lazo y tarjeta.

Qué fácil te ha sido meter la marcha atrás,
y que convencido te veo,
que hasta parece que hayas olvidado que un día preferiste huir
a escaparte conmigo a cualquier parte de debajo de las sábanas,
que no te acuerdas del vacío
ni de las risas que rompiste,
ni de que te sobraron cien excusas y te faltó una verdad.

Qué fácil me lo pusiste
que no tuve más remedio que deshacerme de un amor
que ni moría ni acababa por matarme.
Que por librarme del frío me acosté,
como diría Joaquín,
con esa amante inoportuna que se llama soledad.

Y ahora,
que lo que fui de ti está muerto,
no me queda más remedio que dejarte en el cajón maldito,
demasiado ordenador sin tu ropa,
que por mucho que llames a la puerta,
yo no me olvido del desastre que dejaste,
ni de la piel que quedó huérfana de besos,
ni de lo caro que me salió seguir soñando contigo,
durmiendo sin ti…

 


LA SOLEDAD DEL CALCETÍN

Me encontré uno de tus calcetines
junto al montón de los suspiros.
Sigue esperando a que vuelvas.

Yo te espero a sobresaltos.
A que vengas a desmantelarme.
Y los suspiros siempre esperando imposibles…

Sé que te quiero solo a ratos,
pero joder,
esos ratos en que luchan el amor y la impotencia
te sitúan a años luz,
y me sitian los fantasmas de tu lado del sofá.

El calcetín extraña a su pie.
Y yo ya no sé si te extraño a ti
o al calor de la rutina.
Y tú…
Quién sabe dónde tendrás la cabeza
ahora que estás dentro de otras.

Quizás extrañes el calor de un abrazo de los de verdad,
y espero que acabes por extrañar minucias como el ruido de mi vieja cafetera,
o el sonido del fusil que cargabas de flores cualquier día de diario.

Yo te extraño hasta entre risas.
La defensa de quien ya no sabe ni qué hacer con sus manos.
Que me sobran las caricias.
Que ya no sé qué tocar.

Ojalá la alcoba dejara de pensarte
y de recordarme que un día dormiste bajo su techo
y sobre mi pecho reventado de canciones
que solo supe dedicarte a destiempo.

Quisiera poder negar que aun restándote las faltas
me siguen sobrando mis razones para creer
que la mejor hora del día
sería cualquiera que gastaras a mi lado.

Ojalá nunca te hubieras dejado ese calcetín olvidado
junto a la pata de esta cama donde me dejaste olvidada a mí también.

 


ELLA

La brisa que te despeina el flequillo baila a tu son.
Como casi todos.
Y sobrevuelas
sobre todos,
y sobre todo
sobre ella.

Juegas en paralelo
cuando te cansas de corretearla,
harto de arrumacos,
hastiado de unas manos que siempre supieron darte recreos
a cambio de columpios vacíos,
y la casa se te queda pequeña,
y a ella la empequeñeces,
y la vacías.
Sobre todo con todas tus muchas formas de desgana.
Sobre todo de todas las ganas que antes te regalaba.

Como un dandi que ha perdido los modales
te rifas por los bares,
y del fondo de las copas te bebes el sueño de tenerlo todo,
y la noche te ovaciona,
y simultáneamente os hacéis grandes,
dejas que te miren,
miras lo que quieres.
Te olvidas de mirarla antes de cerrar la puerta,
y dejas a tu paso un hogar roto
y un vacío aterrador en la cama.


Y día a día,
vas haciendo más grande el agujero de su pecho,
del que florecen soledades mudas,
mientras los sollozos se encaraman a su cuello,
más afónicos que afligidos,
y le rompen la voz.

Y a la vuelta,
te alegras de encontrarla dormida,
sin saber cuánto ha llorado antes de caer rendida,
¿cómo ibas a saber si ni siquiera te preguntas?,
martilleada por lo que más le duele,
que siempre es lo que se imagina.
Siempre es lo que más duele…

Que te imagina imaginándote en un mundo sin ella.
Y sin poder hablar con la certeza,
da media vuelta en la cama y habla con el frío,
y de ti le cuenta que fuiste Guido en su bicicleta,
le cuenta que un día fue princesa,
y agarrada a una corona oxidada,
acaba más rendida que dormida.

Y mientras ella sueña con que os hagáis falta,
vuelves a sobrevolar sobre ella,
como si hubieras puesto el listón en la puerta de la luna,
y solo por inercia vuelves a la casa que crees que no te merece.
Esa misma que juraría que un día vio cómo la mirabas mientras dormía.
 
Y es que aunque pases de puntillas,
aunque a duermevela imagine que la abrazas,
aunque a ratos crea que eres tú el que respira tras de sí,
y no el frío,
la historia de la que fue una mujer entera
acaba por ser la de una mujer despedazada,
porque aun sin querer,
acabas por romperle cada uno de sus sueños.

 


AÑUSGARSE, DEL VERBO AMAR

Decirte lo mucho que te odio
puede ser una buena forma de decirte que no te he olvidado.

Me prometí ante la radio que compramos juntos
no volver a pronunciarte.    
Al parecer es así como me gusta el amor,
cobarde y arrepentido.
Al parecer, volví a cantar
“se me olvidó otra vez que solo yo te quise”.

Pensarte las veces suficientes como para hacer de ti una palabra imposible
ha sido la forma más sencilla de extrañarte.
Encontrarte el lugar perfecto si no es a mi lado
es por definición lo más difícil.
Llamarte,
y que tu nombre se me añusgue en la tráquea
es lo más jodidamente imperfecto que tengo de ti.
Lo poco que me queda de ti
es ese nombre arrugado que no pasa ni con mil tragos de agua,
que no hace nido pero tampoco lo abandona,
que no lo duerme ni el mismísimo José Cuervo.

Me aseguré de guardarte bajo llave y ya ves,
aquí me hallo abriéndote a escondidas.

Y es que decirte lo mucho que no me hago caso,
y de nuevo me miento,
me colapso con tu acento,
me eclipso ante tu maldito recuerdo
y por miedo a que te vayas del todo
dejo tus platos sucios en el fregadero,
puede ser la mejor forma de decirte que,
ni aun queriendo,
quiero olvidarte.

 


TODAS LAS DESPEDIDAS SON IMPERFECTAS

No pretendo disculparme,
a pesar de sentirlo tantísimo.
Lo siento por los dos,
pues he podido notar el nudo en tu garganta,
y puedo decir con toda seguridad
que después de incontables caídas
he aprendido a empatizar con el dolor,

llámame sabia,
o llámame depravada.

No pretendo justificarme,
pero si he de hacerlo,
reconoce que nunca hay una forma fácil,
que todas las despedidas son imperfectas,
y que intenté marcharme minimizando el ruido,

a pesar de haberte puesto el corazón en los pies.

Tú no te culpes,
no eches sal en la herida que te he abierto.
Y siento tener que echar mano del cliché,
que no es por ti, es por mí,
que ya no te quiero,
pero sigue sin ser tu culpa,

llámame bruta,
o llámame zorra.

No pretendo que lo entiendas,
sólo quiero decirte que lo siento tanto,
pero tanto,
que desearía odiarme por no saber valorarte,
pero no puedo,
nadie nos dijo que la vida es justa,

llámame inhumana,
llámame cínica,

pero todas las despedidas son tristes,
no hay otra manera,
y marcharme ha resultado ser la mejor
para darte una segunda vida
y no desalmarte del todo.

 


ANTES QUE SEAS PASADO

Hoy no he madrugado,
no he llegado a despertar.
De tanto pensarnos no he dormido nada.

Y es que no por mucho extrañarte vas a volver,
no voy a desvelarme con el roce de tu cuerpo,
ni a jugar a que me duermo y a imaginar que me miras,
y que me guardas,
como yo guardo esa última sonrisa que se te escapó.

Y reconozco que me mata que sonrías en otro sitio
que no sea algún sitio que un día fuera nuestro.
Que mires a otra y que se enamore,
y que deje de ser tu gran excepción.

Eso sería ensuciar esa palabra tan grande que no me atrevo a pronunciar.

Y no por mucho escribirte voy a hacerte real,
ya no eres quien fuiste en el sofá de los besos robados,
ahora que hay tanto espacio libre,
los silencios son más pesados sin ti.

Que no soy de quejarme por vicio,
y aun así, una lágrima se me escapa.
Que sin ser el amor más bello jamás contado,
querría que fueras esa historia que nunca se cuenta en pasado.

Y a pesar de ello,
antes que seas historia,
voy a dejarme hacer,
voy a disfrutar de esta tristeza fiel,
a abrazarla por inercia,
y voy a seguir echándote de menos
para no dejar que te marches del todo.

acerca del autor
Cristina

Cristina Díaz Aragón, nacida en 1986 en Puertollano, Ciudad Real, España. Licenciada en Derecho y CCSS por la UCLM. Escritora novel desde los 16 años, cofundadora de la formación literaria “La Pluma Negra” de Puertollano (extinta), componente de la formación literaria “Vivamos las Letras” y “La Alforja de Estaribel” de Puertollano. Colaboradora del programa radiofónico “Onda Cero Puertollano” con la sección “Poesía Deportiva”. Publicación de diversos poemas en libros recopilatorios. Ganadora del IX Certamen Literario Ciudad de Almodóvar con el poema “La pluma negra”, del Certamen Literario de la Asociación el Timonel “Cartas de Amor” con la carta “A la que casi fue la mujer de mi vida”. Poemario “Todas las despedidas son imperfectas” en proceso de publicación.