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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Literatura
2 4 2015
Paulina Vinderman: “Reivindico la ficción para la poesía” (entrevista) por Rolando Revagliatti

1 – En la Universidad de Buenos Aires te recibiste de bioquímica. ¿Ejerciste? Y supongo que no concluiste la carrera de Historia del Arte. ¿Es así? Te propongo que rememores tus años de estudiante. Y cómo fue transcurriendo tu vida mientras cursabas y aun después, hasta que se socializa “Los espejos y los puentes”. Eso: llevanos hasta los espejos y los puentes.
PV – Mi enamoramiento del lenguaje empezó en la infancia, todo empezó allí. Aprendí a leer y escribir antes de la escuela y me salteé un grado. A los ocho años decidí ser escritora; quería ser como esos autores que tanto amaba; era una lectora voraz y precoz. Creí que iba a ser narradora, escribía cuentos y fundé un club literario con mis amiguitas del barrio. A los diez apareció “de la nada” el primer poema y fue un deslumbramiento; no porque creyera que era buenísimo (risas), si no porque descubrí que eso era lo mío; no sabía explicarlo pero había encontrado mi lugar, mi respiración, mi destino (suena dramático pero así lo viví).
Por supuesto, quería estudiar Letras. Por supuesto, un padre autoritario y una madre enferma, en un contexto de poco dinero, se opusieron con violencia. No tuve ninguna ayuda. Elegí Química porque esa carrera me había seducido y la Biología más aún. El misterio de la vida. Y por otra parte era un mandato familiar.
Siempre fui curiosa y estudiante nata. Sufrí mucho de todos modos, pero la carrera fue un salvoconducto: decía que estudiaba por la noche y leía, leía, leía. Y escribía, claro. La carrera me sirvió para independizarme, ganar mi dinero; me dediqué a la bacteriología y era buena, seria, responsable. Adoré el microscopio, el mechero de Bunsen ardiendo en la mesada. Me había convertido en un gato de dos mundos, dos vidas. Cuando publiqué mi primer libro, dejé la profesión; perfeccioné mi inglés, empecé a traducir y crear talleres de lectura y escritura.
La ciencia me dio mucho: paciencia, método, mente amplia; me formó, pero el dolor de la incomprensión de mis padres, no se curó jamás.
Historia del Arte la estudié en forma privada; en realidad, no dejo de estudiarla: la relación poesía pintura es una de mis obsesiones. Estoy escribiendo un libro que explora ese territorio.

2 – “Poesía no de atajo sino de ir al grano directamente”, concluye Gabriela De Cicco su comentario a propósito de “Escalera de incendio” (“confirmar un camino”, añade, citando los títulos de tus cinco poemarios precedentes), en “La Capital” de Rosario, Santa Fe, hace diecinueve años. ¿Hasta ahí coincidís (o algo así)? Y a partir de “Bulgaria”, ¿cómo ha seguido indagando tu poesía?
PV - Sí, aunque soy más consciente de lo que no hago que de lo que hago. No balbuceo, no fragmento; en general reúno, a veces en forma de collage, pero casi siempre tratando de lograr fluidez. Un lenguaje de encantamiento para un mundo desencantado. En ocasiones, sin darme cuenta, uso un tono narrativo que va llevando a una epifanía, a una revelación o a una intensificación del pensamiento, o un interrogante que arde más que si fuera una revelación. Después de “Bulgaria”, todos mis libros tuvieron un hilo conductor; no se trataba de poemas aislados sino de cuentas del mismo collar, de la misma preocupación. Desconozco la razón; simplemente obedezco al poema que elige su forma. Y continúo escribiendo de ese modo. Puedo agregar que de esta forma, el fìnal resulta más claro: la pera cae madura y la veo caer. No sé si es esa la razón; creo que, en el fondo, escribo así, un poema largo, un único poema. Tal vez mi respiración se amplió.

3 – En los ‘50 el español Rafael Alberti publica “A la pintura” y en 2001 la argentina Juana Bignozzi da a conocer “Quién hubiera sido pintada” (cito apenas dos de los numerosos poemarios íntegramente concebidos a partir de la incidencia de la pictórica en los poetas). ¿Qué articulación va teniendo –tendrá- el tuyo, el que explora el territorio poesía y pintura? ¿Hay alguna otra colección de poemas en los que estés trabajando?
PV – Además de los citados, recuerdo “Las musas inquietantes” de Cristina Peri Rossi. No estoy escribiendo un homenaje a pinturas o pintores. Es, en realidad, una reflexión sobre la génesis del impulso, sobre la profunda necesidad humana del arte. Y sobre la íntima relación entre poesía y pintura. Georges Braque decía: “El clima: hay que lograr una cierta temperatura que haga las cosas maleables”, entre otras notas reunidas en “El día y la noche”. Wallace Stevens en “Adagia”, lo explicitó: “En gran medida, los problemas de los poetas son los problemas de los pintores” y agregó un lema maravilloso: “La lengua es un ojo”. En mi caso no son notas para un ensayo; son poemas; aparecieron, es decir, golpearon a mi puerta y me comprometí con ellos, como suele suceder. El poema para mí es el lugar donde todo sucede, donde se unen lo vivido, lo soñado, lo leído, lo olvidado, lo imaginado. Los pintores que aparecen, en algunos de los poemas, lo hacen sin que me lo haya propuesto.
Y con respecto a tu otra pregunta, tengo dos libros inéditos, a la espera.

4 - ¿Qué diferencias te encontrás como traductora hoy y como traductora hace… treinta años? ¿La traducción siempre es reinterpretación?
PV – No hay mucha diferencia salvo la experiencia de la acumulación de tiempo. Para mí la traducción es un desafío mayor que el poema. Es interpretación: del espíritu del poeta, de su estilo (sencillo o intrincado), de su lenguaje, sus preocupaciones, su vida. Además del texto a traducir, leo todo sobre el autor/la autora. Y busco una música de nuestro idioma que se aproxime.

5 – Dirijámonos a lo que redactó el también traductor Julio Cortázar, en el primer párrafo de “Permutaciones”, una de las secciones de su “Salvo el crepúsculo”: “¿Por qué en literatura –a semejanza servil de los criterios de la vida corriente- se tiende a creer que la sinceridad sólo se da en la descarga dramática o lírica, y que lo lúdico comporta casi siempre artificio o disimulo? Macedonio [Fernández], Alfred Jarry, Raymond Roussel, Erik Satie, John Cage, ¿escribieron o compusieron con menos sinceridad que Roberto Arlt o Beethoven?” ¿Cómo proseguirías reflexionando, Paulina, a partir de lo encomillado?
PV – Un debate eterno, siempre repetido. La sinceridad no tiene nada que hacer en arte; sí autenticidad. No se deben confundir. Reivindico la ficción para la poesía; sabemos que la ficción suele calar más hondo que la realidad. ¿Qué importa que algo haya sucedido en marzo si suena mejor noviembre? ¿Qué importa que invente una ciudad si es más vívida, más verosímil? Por otra parte, con autenticidad me refiero a la tarea del autor, cabal, honesta con el lenguaje, ese lenguaje que es el que debe ir hacia lo esencial, iluminar los rincones oscuros de la existencia. A veces ese lenguaje puede ser irónico y ser más leal. Una vez llamé a la poesía “un juego mayor”.

acerca del autor
Paulina

Paulina Vinderman, Buenos Aires, 1944. Estudió Bioquímica e Historia del Arte. Ha sido incluida en numerosas antologías y traducida parcialmente al italiano, inglés, rumano, francés, catalán y alemán. Tradujo del inglés poemas de Sylvia Plath (Tulipanes, Universidad de Nuevo León), John Oliver Simon, Emily Dickinson, James Merrill, Michael Ondaatje, entre otros. Citamos algunas de las distinciones obtenidas: Primer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienio 2002-2003); Premio Nacional Regional de la Secretaría de Cultura de la Nación (cuatrienio 1993-1996); Premios Fondo Nacional de las Artes 2002 y 2005; Premio Anillo del Arte a mujeres notables 2006; Premio Literario de la Academia Argentina de Letras, género Poesía, 2004-2006, a trayectoria y por su libro “Hospital de veteranos”; Premio Citta’ di Cremona 2006 al conjunto de su obra; Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía; Premio Esteban Echeverría. Poemarios publicados entre 1978 y 2014: “Los espejos y los puentes”, “La otra ciudad”, “La mirada de los héroes”, “La balada de Cordelia”, “Rojo junio”, “Escalera de incendio”, “Bulgaria”, “El muelle”, “Hospital de veteranos”, “El vino del atardecer”, “Bote negro” (en 2010 por Alción Editora, en la Argentina, y por Vaso Roto Ediciones, en España-México), “La epigrafista”, “Ciruelo”, además de las antologías “Cónsul Honoraria” (2003), “Transparencias” (Bogotá, 2005), “Los Gansos Salvajes” (México, 2010), “Rojo Junio y Otros Poemas” (2011). En 2013, su poemario "Bote negro” fue publicado en francés por Lettres Vives y en italiano por la Editorial de lo Imposible.