Lunes 04 | Marzo de 2024
Director: Héctor Loaiza
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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Narrativa
11 8 2014
Como amigos por Javier Palencia

1.
Nina no es algunas mujeres.
El otro día escuché en televisión que algunas mujeres se amputan el dedo meñique del pie para caminar mejor sobre tacones. Nina hasta donde yo la conozco nunca se ha puesto tacones.
Es sábado y estoy en su casa, en una zona que a ella le gusta llamar "el campo".
—¿A qué te dedicas últimamente? —pregunto.
—Remiendo telas de araña.
—Eso está muy bien.
—¿Y tú? ¿A qué te dedicas tú últimamente?
Intento obviar el matiz que ha dado a ese tú insistente. No soy capaz de enfadarme; me frustra no saber enfadarme a la altura de las circunstancias.
—A lo mismo que al principio —digo.

2.
—Podemos seguir siendo amigos —dijo. Luego abandonó la ciudad y compró una casita desvencijada en las afueras. "El campo", recuerdo que dijo desde el principio. También dijo que quería encontrarse a sí misma.
Desde entonces nos vemos una vez al mes. Normalmente soy yo quien se desplaza. Aunque han pasado diez años, seguimos sin encontrar el entendimiento amistoso que ella prometía, pero no por ello vamos a dejar de intentarlo.
Nina hace un trabajo hermoso, paciente, un puntito silvestre. Formas vagamente geométricas como parches allí donde las telas de araña no alcanzan. Me sorprendo asemejándolo al trabajo que Dios ha hecho con ella cubrir un vacío, pero Dios es un concepto que no conozco a fondo. Lo que hace Nina últimamente parece un buen trabajo y eso es todo lo que puedo decir.
—He pensado en vender estuches como el que uso yo para hacerlo. ¿Qué te parece?
—¿No has pensado en exponer las obras, o al menos las fotografías de las obras? Es tu idea original.
No sabe sacarse partido.
—Puedo cobrar la idea original en el precio del estuche.
Me enseña el estuche que usa. Tiene hilos de diferentes tamaños, carrete, pinzas, tijera y pegamento. En sí, el estuche es una obra de arte. Mínima, ordenada, fotografiable. Como no quiero discutir, me fijo un poco más en el objeto estuche y le aplico un poco de mercantilismo.
—Supongo que este material es de primera: tú no haces las cosas a medias. Pongamos que vale diez euros, lo que es el artículo. ¿Le sumarías otros cinco por la idea? Podrías añadir una foto de uno de tus arreglos.
A Nina no le interesa la propuesta. Como es costumbre en estos casos, evita pronunciarse.

3.
Ella ha tenido varios novios después de mí. Sin embargo, yo no he vuelto a tener una relación seria con una mujer. Me limito a acostarme con prostitutas que se parecen a ella. Las elijo escrupulosamente siguiendo ese principio. Siempre les pido que no se pongan tacones.
Pasamos dentro.
A través de la ventana se sigue viendo una de la telas de araña con remiendos de Nina. Cuando me quiero dar cuenta llevo varios minutos mirándola. Creo que estoy sonriendo.
—Se me ocurren muchas similitudes —digo—. Aplicaciones para tu nueva idea.
—A ver.
Nina quiere decir: "sorpréndeme".
—Remendar unos pantis, por ejemplo. El encaje de la ropa interior, también.
—Ya sé por dónde vas.
—Por otro lado —sigo—, los rotos son bellos.
—No se trata de eso.
—No se trata de arreglar nada, ¿verdad?
Creo que Nina no tiene la más remota idea de por qué hace lo que hace.

4.
El pensamiento sucede más rápido de lo que soy capaz de registrar. Me cuesta seguir el hilo, terminar de tejer la red. Una araña prueba a hacer pie sobre el remiendo en hilo rojo que ha puesto Nina en su estructura, tapando los vacíos que deja la odio esta palabra naturaleza.
—Eres un plasta —dice—. Ya estás intentando sacarle aplicaciones.
—No es verdad.
—Claro que sí: eres un plasta.
—Vale.
—No me haces ni puto caso. Si lo sé no hago nada, o no te lo enseño. Porque no veo razón en dejar de hacer lo que me gusta por evitar que tú te enredes. ¿Vienes a verme a mí o vienes a ver lo que hago?
Mi presencia le hace bien. Le ayuda a orientar el pensamiento.
—No lo sé —contesto—. Siempre que te pregunto qué has hecho últimamente me dices algo sobre lo que haces. Tal vez si me dijeras algo sobre ti...
—Veremos la siguiente vez.
—Veremos, sí.
—Porque tú sigues haciendo lo mismo que al principio —dice ella, con su ironía gruesa.
—Sí, mayoritariamente.
—Que es...
—Poca cosa —confieso—. Observar lo que hacen los demás. Estar. Ocupar espacio. Ser objeto de la estadística.
—¿Mayoría silenciosa?
—Minoría ruidosa, en los adentros…

acerca del autor
Javier

Javier Palencia (Madrid, 1983) es licenciado en medicina. Ha publicado el poemario Cristo en Uyuni (Papel de Fumar Ediciones, 2011) y algunos poemas inéditos en la Revista Nayagua. En narrativa, ha publicado el cuento corto Guacamonas y boreos en la revista La bolsa de pipas.