Martes 27 | Febrero de 2024
Director: Héctor Loaiza
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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Homenaje
1 11 2013
La vida soñada de Alejandro Jodorowsky por Jacques Mandelbaun

Zoom sobre sus orígenes: nacimiento en Tocopilla, un hueco chileno, proveniente de la URSS estaliniana y de un judaísmo ruso perseguido por los pogromos del imperio zarista. El niño se convierte en viajero crónico y en provocador universal: payaso, mimo, guionista de cómics, novelista, animador de happenings y maestro de Tarot. El cine (siete largometrajes, entre los cuales los clásicos “El Topo” y “La Montaña sagrada”) lo convirtió en el papa del underground psicodélico, dividiendo el público y los profesionales. Ausente del séptimo arte desde hace veintitrés años, el viejo judeo-araucano vuelve con “La danza de la realidad”, lanzando con sus ochenta y cuatro primaveras esta flecha tardía, empapada en el efervescente veneno de su corazón y de su memoria íntima.

Para desahogarse, algunos críticos lo han llamado “Las memorias de ultratumba” o “En busca del tiempo perdido”. “La danza de la realidad” de “Jodo”, adaptada de una autobiografía homónima publicada hace algunos años (Albin Michel, 2001), trata esta vez de su propia historia, lo que contribuye a que sea la película más conmovedora que él ha realizado. No obstante, la parte del fantasma se revela tan importante como lo real. Jodorowsky no ha concebido nunca que la verdad pueda enunciarse fuera de esta alianza.

La historia que se desarrolla en el pueblo de Tocopilla, es pues la de un niño endeble, criado bajo la sombra de dos titanes. Jaime, el padre, posee una virilidad vociferante y todo en él es un bloque comunista, educando a su alfeñique de hijo en el culto del heroísmo estaliniano. Sara, la madre, es una matrona con senos enormes bajo los cuales protege a su progenitura y sueña ser cantante de ópera, pues se expresa cantando. Los dos gigantes eligieron como residencia la Casa Ucrania que es el nombre de su tienda de ropa interior. Bueno. Con esta base muy espectacular, la película avanza por medio de una sucesión de cuadros, como se dice, de color subido.

Juego de escondite sexual
Algunos ejemplos, apagados en la versión impresa, inspiraron la exuberancia alegórica y plástica que afecta el autor. El ataque de la casa por una banda de lisiados católicos fanáticos. La prueba de la resistencia a las bofetadas infligidas por el padre a su hijo. La escena de la masturbación de los colegiales con falos de madera. El juego de escondite sexual con la madre. El proyecto abortado del padre de asesinar al presidente chileno, fascista, salvado por su parecido a Stalin…
Galería de monstruos, escenas dolorosas, abismos de la subjetividad, gran circo convulsionado de la Historia: Jodorowsky no abandona nunca la cresta del cine visionario. El hombre multiplica Fellini por cien y ajusta sus cuentas con el padre que es interpretado por el hijo del cineasta, Boris. Es demasiado, por supuesto. Sin embargo, se siente esta vez que Jodorowsky pretende alcanzar la serenidad, la liberación. Al final de la película, ilumina con una luz tierna el tumulto sombrío de su creación.