Lunes 04 | Marzo de 2024
Director: Héctor Loaiza
7.067.790 Visitas
Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
resonancias.org logo
157
Arte
1 6 2010
Artistas latinoamericanos en España por Fietta Jarque

El venezolano Alexander Apóstol es capaz de ver más allá de las paredes. Durante más de una década rastreó las expresiones de las utopías del modernismo en la arquitectura de su país. Casas, hoy ruinosas, son testigos del empeño de la modernidad instantánea entre los años cincuenta y setenta, cuando el petróleo enriqueció un país hasta entonces casi rural, provinciano. Apóstol (Barquisimeto, 1969), que vive ahora entre Caracas y Madrid, es uno de los artistas latinoamericanos de carrera más sólida en la escena internacional. Y ahora ha vuelto su mirada hacia los edificios emblemáticos del franquismo y la imagen de progreso que quisieron ofrecer. "Así como el hecho de vivir en España me agudiza en cierta forma mi visión acerca de Venezuela y Latinoamérica, el hecho de ser extranjero de alguna forma me hace tener una visión especial, ni mejor ni peor, acerca de ciertos temas españoles", explica.

"En mi trabajo, y desde hace un buen tiempo, busco elementos en la arquitectura y en el urbanismo que definan o ejemplifiquen aspectos sociales y políticos de la región. Trabajos como Residente Pulido, Documental o Av. Caracas, Bogotá (que se han visto en España) hablan de cómo la modernidad en Latinoamérica no siempre estuvo en concordancia con la maduración o necesidades de la población, pero sí con una idea cívico-militar de sectores del país que querían pertenecer a la modernidad ayudados por el petróleo. Es imposible separar la forma de crecimiento de una ciudad de la mentalidad política de sus gobernantes y su población. Es lo que me interesa y es desde donde parto con el trabajo de Los árboles de El Pardo. Me interesa cómo los edificios de la plaza España han sido protagonistas de dos momentos españoles antagónicos, pero con resultados similares, a partir de su imagen. Fueron construidos en la España franquista en la década de los años cincuenta para demostrar forzosamente que el país no estaba sumido en la pobreza sino en un ímpetu desarrollista. Hoy en día, 50 años después, vemos cómo, en la España democrática, la economía ha estado fuertemente unida a la especulación inmobiliaria, donde estos edificios, que también han sido arte y parte, nos demostraron que nada de lo que parecía era verdad. Ni los números ni la imagen; ni mucho menos la certeza de ese oasis del desarrollo que los españoles de la posguerra nunca encontraron. Aquí la imagen, una vez más, se nos convierte en símil de nuestros deseos, fetiches y engaños".

En el mundo del arte hay también corrientes migratorias. Entre Nueva York y Miami, Londres, Berlín, São Paulo o México -puntos calientes de esta ruta- se encuentran también Madrid y Barcelona. Las ciudades españolas han atraído en los últimos años a algunos de los artistas latinoamericanos más destacados y no precisamente por la potencia de su mercado. Es más por su situación en Europa y una cultura y lengua común.

"Madrid es un sitio de encuentro para los artistas latinoamericanos", dice el colombiano Antonio Franco, que llegó a la capital española en 1989. "Si vives en el norte de Europa vienes a Madrid. Si vives en Madrid te puedes desplazar fácilmente al resto de Europa o a los países mediterráneos. Aparte de los artistas de paso veo a muchos que han escogido Madrid como su sitio de trabajo. En la última Bienal de Venecia varios de los artistas del área latinoamericana que estaban expuestos vivían aquí". Una docena de estos creadores, con una trayectoria internacional acreditada, han sido reunidos en la muestra Sinergias.

Arte latinoamericano actual en España, que se acaba de inaugurar en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), de Badajoz. La mayoría de ellos con obras que aluden de alguna manera a la relación con su país de acogida. Además de Alexander Apóstol y su visión de la plaza de España, hay trabajos de la peruana Sandra Gamarra, los argentinos Laura Lío, Andrea Nacach e Iván Marino; los uruguayos Daniel Charquero y Carlos Capelán; los colombianos Antonio Franco y Natalia Granada; el mexicano César Martínez, el ecuatoriano Tomás Ochoa, el brasileño Marlon de Azambuja y los cubanos Carlos Garaicoa y Armando Mariño.

"Después de media vida aquí mi identidad es una suma de dos culturas", manifiesta Laura Lío. "Me siento entre medias de ser una artista latinoamericana y una artista española. Me siento parte del aire, parte del océano, parte de algo mayor a los países como es el inmenso territorio de la creación. He observado en las personas que se dedican al arte en sus distintas manifestaciones una especial y potente capacidad para ser parte de la tierra que pisan y de los sonidos que oyen".

Pisar la calle y extraer de la ciudad estímulos para su trabajo. Carlos Garaicoa presenta una instalación escultórica para una plaza pública con un monumento ecuestre de Francisco Franco decapitado y la opción de una serie de cabezas de mandatarios (desde Hugo Chávez al Rey) para completarlo. Se titula Y Jesús dijo a Lázaro... levántate y anda. El joven brasileño Marlon de Azambuja mira al suelo y encuentra en trampillas, tapas de alcantarillas y otros elementos callejeros la posibilidad de combinarse en dibujos geométricos de irónicas connotaciones. Iván Marino realiza una serie de instalaciones de arte digital en relación con Los desastres de la guerra, de Goya. En esta ocasión utiliza el de La Horca, utilizando el caso del ahorcamiento de Sadam Husein. César Martínez utiliza el símbolo del mariachi (fusión de tradiciones españolas, mexicanas y francesas) para sus collages de Solita por el río Huitzilinares de Madrihuantepec (2006), con barcas adornadas como jardines flotantes, que recuerdan a traineras de Xochimilco, que aquí navegan por el río Manzanares.

No todo son guiños a lo urbano. Algunos también trabajan en torno al pasado americano. En la videoinstalación Indios medievales (2008), Tomás Ochoa hace una comparación entre los estereotipos difundidos en Europa a través de los grabados de Theodor de Bry en el siglo XVI sobre el aspecto de los indios americanos (que nunca vio) y los emigrantes ecuatorianos del siglo XXI llegados a España. Sandra Gamarra, que aborda desde hace años el tema del "museo deseado", compone con una serie de pinturas un museo arqueológico virtual. "El segundo cuarto del rescate (el primero fue el del inca Atahualpa) es una instalación que no habla sobre la conquista de Perú sino que se refiere al litigio entre la Universidad de Yale y el Estado peruano por la recuperación de los restos arqueológicos encontrados en Machu Picchu, para su conservación y su museología. Esta obra alude a un determinado tipo de museo exigido por Yale para la devolución de las piezas. A un nivel más amplio, la obra cuestiona cómo se gestiona la cultura, quién la construye y dónde están sus fragilidades", explica Gamarra.

Los comisarios de esta muestra son Carlos Jiménez y Carlos Delgado. Jiménez piensa que entre estos artistas y los españoles hay "un aire de familia" en el lenguaje plástico que utilizan. "Si bien todos se expresan mediante las técnicas y retóricas del arte contemporáneo internacional, hay un sesgo -no discriminatorio- que impone el hecho de trabajar en España y que no sería igual si estuvieran en Reino Unido o Bélgica. Las obras que presentan Garaicoa, Apóstol y Marino tocan temas históricos relacionados con la política y la historia española, que asumen como suya", comenta.

Los Carpinteros es un colectivo (un dúo) formado por los artistas cubanos Dagoberto Rodríguez y Marco Castillo. Ellos tienen actualmente una exposición individual en Madrid, donde han decidido residir desde hace unos meses. Están a punto de inaugurar en EE UU su obra de mayor envergadura, Free Basket, en un nuevo parque escultórico del Indianapolis Museum of Art (IMA) llamado 100 Acres. Es su primer trabaj a gran escala y consiste en una cancha de baloncesto profesional cruzada por decenas de tubos curvos que podrían simular la trayectoria de los rebotes del balón en una jugada.

"Madrid es ahora una ciudad cosmopolita, muy distinta de cuando vinimos en 1994. Ahora los camareros de los sitios son de todas partes del mundo. La ciudad tiene un sabor multicultural y nos sentimos más cómodos", afirma Dago Rodríguez. A lo que añade Castillo: "Hemos encontrado en Madrid una cultura mucho más cerca a la cubana que si nos fuésemos a vivir a México o a Lima". El colectivo, formado en los años noventa junto a Alexandre Arrechea (que sigue su carrera en solitario desde 2003 y también vive en Madrid), ha desarrollado su trabajo en La Habana, donde utilizaban materiales reciclados para abordar con un propósito conceptual el proceso de elaboración de la obra en sí. Los principales museos y centros de arte españoles tienen trabajos suyos en sus colecciones (Reina Sofía, MEIAC, Musac, CGAC), además de su presencia en las colecciones de la Tate (Londres), LACMA (Los Ángeles, EE UU), MoMA (Nueva York) y Daros (Suiza).

Las obras que presentan ahora en Madrid, todas nuevas, son sumamente refinadas y de una factura cuidada hasta el extremo. En más de un caso podría considerarse ebanistería más que carpintería, si es que fueran realmente trabajadores de la madera. No obstante, Dago y Marco dicen que les gusta hacer con sus propias manos la mayor parte del trabajo. "Realizamos nuestras primeras obras cuando teníamos veintitantos años y ahora estamos entrando en los cuarenta. Hemos madurado en lo artístico y podría decir que estamos entrando en un estado de gracia", afirma Marco. Son esculturas y acuarelas. Estas últimas, en algunos casos, forman

parte del proceso de conceptualización de las que luego realizan de forma tridimensional. Algunas de las piezas han sido realizadas pensando específicamente en el espacio de la galería, como la espectacular 16m, en la que se alinean un centenar de trajes colgados en un burro (perchero de las tiendas de ropa), todos ellos perforados con un agujero similar en el centro. Si se observa a través de ellos hasta el agujero de salida, da la impresión de un túnel o tubo negro, de una profundidad extraña. "Nuestros objetos no suelen referirse al cuerpo humano, pero en esta pieza los trajes vacíos nos dieron pie para plantear varias cosas.

Queríamos simular una de esas tiendas de alta costura y aludir a los espacios vacíos, asépticos, sin nada. Lo único que une a los trajes es el hueco que construyen todos juntos", afirma Dago, y continúa: "La exposición se titula Drama turquesa. Nos gusta darle a nuestras esculturas una apariencia atractiva, de superficies nítidas y siempre con un punto de ironía o humor. Pero detrás hay un dramatismo agridulce".

Pero no se llamen a engaño. España no es un paraíso para los artistas latinoamericanos, sobre todo para los que empiezan. Resulta difícil conseguir galerías que apuesten por ellos. "Creo que Madrid ha sido durante muchos años una ciudad muy poco arriesgada con los nuevos artistas", señala Antonio Franco. "En algunas ocasiones, sólo en la Feria Arco podías ver cosas que estuvieran fuera del discurso principal, rupturistas. Algunos años ni siquiera en Arco. Parece que ahora se están viendo cosas más atrevidas. Hablando con un amigo mexicano, comisario de exposiciones, decíamos que hay muchas cosas por hacer en Madrid. Y creo que es mejor estar en un sitio así que en uno en que todo esté hecho. Quiero formar parte de eso".

Aunque siempre está el factor suerte, como la que ha acompañado al joven Marlon de Azambuja, de 31 años, que tuvo una exposición el año pasado en el Matadero de Madrid. "Para mí hay, sobre todo, dos cosas aquí que me gustan mucho: la primera es que es una ciudad que, comparada con Curitiba en Brasil, que es de donde vengo, tiene muchos concursos y becas que permiten que la gente vea lo que estamos haciendo; la segunda, que es la más importante, creo que Madrid me ha aceptado... Me gusta pensar en las ciudades como entidades, que te aceptan o no que estés en ellas... y en ese sentido Madrid ha sido muy generosa conmigo".

 

acerca del autor
Fietta

Fietta Jarque, nacida en Lima (Perú), vive en Madrid donde ejerce el periodismo cultural desde hace 25 años en el diario El País. Actualmente se encarga de las páginas de arte del suplemento Babelia. En 1995 publicó, junto a Rosa Rivas, el libro “Entrevista con los Ángeles” (El País-Aguilar) y en 1998 la novela “Yo me perdono” (Alfaguara).