TERCER PISO
me amordazo me des-amordazo
y cuento hasta tres,
incompleto,
en una ansia carente,
lleno de símbolos que nada dicen
e invento
este paraíso de instantes que luego cobra
reduciendo mi tiempo a la mitad.
Duermo cansado ante la medianoche,
y despierto cansado ante la mañana
entre visiones
y nadie responde para comenzar
de nuevo,
como si hubiese un sentido,
despertar, hacer lo que se supone
hacen los que tienen vida,
Un pulso sin nombre
Parece estirarnos,
Sonidos que chocan.
Cuándo la calle con mis hermanos,
cuándo la noche con las sombras,
mirando los números
siento náuseas y me duele todo,
subiendo, descendiendo,
como en un juego infantil
de tobogán.
Abajo está la muerte y
espumea, arrincona y todos
le aplauden.
abajo las personas son grises,
moradas
y no hay sol.
Al descender del tercer piso
inicio mi acercamiento
a la tierra...
Cansancio de Poesia
No hay en la poesía
ni en mis mecanismos formas,
puedo suponer cosas
pensar en el azar
esperando una sorpresa o un milagro,
decir lo dicho
crear importunando
y aun así no dejara el ciclo
de seguir con su desgaste,
que te puedo decir para dejar
de gritar en el absurdo.
Creo aburrirte susurrando hechos,
agitando moscas,
estoy flaco y floto repitiendo
aun que incendiare las conexiones,
las mismas carceles y yo incursionando.
Y es que observo el mensaje
sobre la planicie
con mi oleada de toques,
yo quisiera haber prolongado en su cara mi razón
pero los murmullos me colocaron frente a las antiguas incógnitas
de la superficie.
AGUJEROS
En los costados,
donde nace el dolor,
un eco interno repite
lo innombrable,
esa hipersensibilidad hacia
el paisaje sacude.
En noches de pirotecnias
círculos profundos,
jubilosos hundimientos
que no aceptan llamadas,
asoman rostros que se fueron,
desfilan vidas,
Se erigen paredes.
Influencias mal habidas del tiempo
Mientras sueño
todo se vuelve parasitario,
inconmovible,
expira el tiempo
y me deshago
dividiéndome en pedazos.
Setiembre de 2007, San Francisco (California)
ARLINGTON
Desenterrar el vacío,
lanzarse,
sentirse tan cerca
y jamás tocar fondo.
Un caos emerge,
contornos de imposibles
que en ceremonia hicimos.
Anoche estuve allí,
me imagine que sonaba
porque vivo saltando.
No pude abrir la puerta
Observando el techo.
Anoche estuve allí
intoxicando la sangre,
descomponiendo los
años para obtener movimiento
y una fractura recorrió
mi cráneo cuando sacaba
la lengua.
Setiembre de 2002, New York
EL VIAJE
CUANDO salí sin rumbo no hubo retraso,
la incertidumbre lo había preparado
todo de antemano
nadie se enteró de que estaba perdido,
y me dejaron mirar sin responsabilidades
el ciclo rítmico del día y la noche.
Entre un sin fin de puertas
me entregué a contemplar en todas
sus acciones la virtud de la expresión,
burlándome
de los procedimientos
inventados por el hombre.
Yo que tanto hablé de la flor
y sin contemplarla,
ahora vuelvo
la toco y se reproduce dándome
el permiso para auto flagelarme
por aquel amor fallido,
Volveré a pintarle los labios,
traeré los vestidos púrpura
para cubrir su desnudez con mis
insignias de buen ciudadano,
para que no dude,
para que vea transparencias
en el imperfecto.
Ya mis inútiles alas vuelven
como un funcionario haciéndome
la idea de que solo existo por ella.
Atenderé a sus reclamos,
a sus castigos,
a sus salas de rehabilitación.
Estoy exhausto de mis nos,
de sus porqués,
de la ley de todo.
Juan Carlos Vásquez, Valencia, Venezuela, 1972. Ha estudiado Administración de Aduanas. Dirige las paginas virtuales de creación Herederos del Caos, http://herederosdelcaos.tripod.com. Como narrador ha publicado Libro de Relatos Pedazos, Familia Ediciones Estival Teatro, Maracay, Venezuela 2000. Sus escritos aparecen en revistas y antologías poéticas de España, México, Chile y Estados Unidos. Dos de sus poemas fueron traducidos al portugués por el escritor Antonio Miranda.
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