Poesía
04 12 2002
"Crónica de Boecio" y otros poemas de Juan Ojeda
CRÓNICA DE BOECIO
He oído las voces, he oído los clamores,
absurdamente sostenidos como en una feria.
He comprendido el propósito y la argucia,
y todas las cosas hacia atrás revolviéndose.
El dolo preside en el consejo de los hombres y sólo la futilidad.
Oh el tiempo, el tiempo de morir
y sobre la tierra una ausencia de dioses.
Hurtas voces
para el día que no amarás, y cuando lo puro te anuncia
no hallas en tu paso sino un camino mondo.
Sobre el reseco musgo de ruinas se arrastra el día,
quebradizo como imposilble vuelo de crisálida.
Dioses.
Y sumergir gastados brazos en la irrealidad del camino.
chapotear entre alas rotas, gajos de luz dura.
mano de criptas que se elevan la garra humedecida de sombras.
"En un puñado de polvo juzgarás el reino, y caminaremos
sin pregunta possible que aplaque nuestro desconcierto.”
Oh, este es un tiempo de prodigios. Escarbamos
las anchas tierras con rnanos seguras,
y nada hay allí que nos consuele.
Duras astillas
de algún viejo cráneo, sucio por los cuervos,
este horrible viento que baja de las colinas próximas,
arrastrando el hedor de los muertos, y no hay consolación.
Todo se oscurece presagiando la muerte del día, y ya no habrá
más días sobre la tierra árida, o no habremos nosotros.
¿Cómo los dioses custodian lo eterno?
¿Quiénes oprimen con gravedad el sentido del mundo?
Dioses. Dioses.
Los he visto danzar con movimientos horribles:
el viento removía el seco polvo de la Tierra Colorada,
y yo huía enloquecido, soportando las revelaciones.
Arrastrarse hasta esos maderos hundidos,
el agua del mar dejando una fetidez maldita,
y hundirse entre el agua y la arena.
"Soporta, soporta este Reino"
Oh, es el exilio.
¿Pero dónde contemplaré un Origen
que ordene este universo absurdo?
La vida desciende en medio de las cosas,
vacía y sorda, y un ojo atento
rueda a contemplar el osario del mundo
y se anuda como un viejo vicio a cada objeto improbable.
Pero ya sabemos que todo lo real es precario,
y en qué sentido.
Así, oh alma mía, abstente de indagar o abandona el camino.
¿De quién es esa torpe mano que bate, angustiada, las sombras?
Oh, escucho todavía el vano estrépito de las voces que huyen.
Así, pues, qué sabias palabras no podrán importunarnos, qué gestos
que no posean avara suficiencia en medio del Caos,
y cómo viviremos estos días sin desesperarnos, y cómo hablar
y en qué sentido.
Oh alma mía, nada queda ya sobre la tierra
que hayas odiado con cierta humillación, la dorada máscara
que repite el esplendor de aburridos gestos
aprendidos, sin duda, para consolarnos
y no hay consolación.
Oh, es el exilio.
Y no obstante,
sobre nobles manuscritos convertí mis ojos al sabio ejercicio,
y allí todo era tan desolador como la misma realidad.
¿Acaso alimenta al espíritu el errante curso de los astros?
Oh, toda verdad hedía como un tiesto de ramas muertas.
Así, hemos elegido, tal vez, un lenguaje que los dioses,
ahítos ya de días, abominan con innoble desencanto.
Tierra de los dioses que el hombre habita,
y bajo el murmullo del tiempo una muerte segura.
Pero los dioses se cuidan de ser demasiado terrestres,
Y esa es nuestra futilidad.
"Entre la realidad y la irrealidad
conocerás el Reino".
Y sabemos ciertamente
Que el tiempo es menos real que los sueños, y chapoteamos
con nuestras pobres voces en un tiempo perdido.
Ahora los hombres sólo hablan una lengua falsa, ¿los escuchas?
Nada hay allí que pueda servirte, todo es como una burla
o una insidiosa pesadilla.
Ya hemos levantado sobre los días hórridos un tiempo más puro,
y no escuchamos sino las obcecadas voces de los desgarrados.
SWEDENBORG
Time held me green and dying
Dylan Thomas
¿Qué sentido, qué camino, qué inconstantes brillos
destellan en el vano ejercicio de los tratos humanos?
(Oprimirás con esos ojos labrados en la oscuridad —allí no hay interior ni exterior: sólo
muerte y origen—
el horrendo manantial donde toda pureza se consagra.
Verás aún lo imprevisible en las úlceras de la hogaza.)
¿Qué conoceremos más tarde, qué conoceremos,
cuando de estos refugios se abra el miedo? ¿Qué renuncias,
horadadas las mermas de infortunio, que renuncias?
¡Qué hondo lo erróneo o las prisiones de la luz!
Cesa un murmullo de aguas, y negra es la incierta tierra,
y has debido ocultar el rencor de tanto sueño hurgado,
habitar, ajeno, una sabiduría que es cepo y fracaso.
Salir, huir, untar el mundo con el mundo mismo.
Y ya no podremos
abandonar de la mente lo mirado. ¡Oh!
Huir, salir, durar
en las vertiginosas moradas del acto.
¿No descendcmos, consumándonos, entre improbables aguas?
Hay, en verdad, un terror que arrebataría lo humano:
aridez del. temor de haberlo contemplado todo,
de haber y no haber rasgado el tiempo (cuando había
tiempo) y éramos
conforme al don de estar muriendo siempre,
formas que abrevaban su luz en una luz más intima
Nada poseemos fuera de lo erróneo.
Mira:
quebradizos presagios,
tan innobles y torpes como la dolorosa herrumbre
que el invierno oculta entre las piedras pardas.
Nos refugiamos en lo incomunicable,
y mientras rueda el día inerte
intentamos comprendernos, confundiendo el espíritu
con el olor muerto de unas sobras resecas.
No podemos regresar sin detenemos.
Y no hay seguridad sino esta obcecada pesadilla
que enterrará en el mundo nuestra fugacidad vacía.
Y todo allí será crujiente abismo,
sentirás estremecerse aullantes esferas rígidas:
Impenetrable río
tiempo inmóvil
pavoroso rostro de lo hueco.
Lava, lava las pústulas del espíritu.
No abandones et trato de lo pétreo, pero lava,
lava estas sombras mientras se acerca la gran noche.
Recoge estos sentidos demasiado poderosos, trízalos.
Detesta los imperdonables cuerpos celestes,
y el curso de las estaciones te sea aborrecible.
Oh, y hemos vivido entre objetos como grandes llagas
por donde la realidad se precipitaba abominablemente,
o gobernando a veces una insidiosa mueca
soportamos el hedor de la noche,
y tratamos vanamente
de retener el mundo en una duración quieta.
SOLILOQUIO
Para el que ha contemplado la duración
lo real es horrenda fábula.
Sólo los desesperados,
esos que soportan una implacable soledad
horadando las cosas, Podrían
develar nuestra torpe carencia,
la vana sobriedad del espíritu
cuando nos asalta el temor
de un mundo ajeno a los sentidos.
¿Qué esperarías, agotado de ti
o una estéril música, cuyo resplandor al abismarse te anodaría?
Pero tú yaces oculto o simulas alejarte
De lo que, en verdad, es tu único misterio:
en la innoble morada de la realidad
nutres un sentido más hondo,
del que ya ha cesado todo vestigio humano.
Y destruyes
el reino de lo innombrable, que en ti mismo habita.
¿Qué esperarías? ¿Sólo madurar, descendiendo,
en una materia más huraña que el polvo?
Nada hay en los dominios frescos
del sueño o la vigilia.
Así
he considerado con indiferencia mi vida
y debemos marcharnos.
Las ilustraciones son de Mélodie Comba
PARACELSO
Durch das schütternde Geschiebe'
Den vom Tod gewiesnen Gang.
Stefan George
Descend lower, descend only
Into the world of perpetual solitude
T.S. Eliot
Porque no debemos permanecer,
La tierra se inclinó con un sonambulismo de voces,
Y los caminos fueron colmados en la inerte morada.
¿Qué premoniciones sostener en este insidioso sueño?
Caminar, sólo caminar, entre la sensación árida
Como una prisión de los sentidos.
Y bajo los setos
El ruido de imprecisas manos ordenando las ruinas.
Silencioso día de la desesperanza en un ocio podre,
Torpe día del mudar de hábito como vieja cánula
Desvencijada, allegando los leños ásperos de la locura.
¿Es tiempo escindido en quienes, pronos y vanos,
Elevan en el fervor del caos una vida desecada?
En las pendientes del temor nada es ciencia.
Vivir
Esa quieta cesación del sentido: caer dentro,-
Nutriendo en un tiempo seco el tiempo de la herida.
Esta confusión pútrida, que absurdamente llamamos realidad,
Es sólo fabula que el cosmos remueve
En nuestros pobres días hastiados.
No hay ciencia
Aquí en el cepo innoble de las muertas esferas.
Descender a estos lugares,
Disgregado rumor y tiempo derrelicto.
Descender
A las palabras inanimadas, no sentido del límite
Sino seca memoria en un mundo seco, destitución
Que arde y celebra la carencia,
Vértigo del mundo despojado de mundo.
Descender. al tiempo,
En lo sólido que toda duración oprime,
El borde-de la fuente, la luz inmóvil en la arcada:
Acércate al borde y verás el oculto origen.
¿No vivimos dentro del cadáver de un dios?
Tal vez somos un don abolido por el nacimiento,
Pero ya nadie confía en estos tiempos.
A los hombres les basta el pequeño mundo de sus días,
Y no se cansan de mudar;
lnútil es despertarlos de sí mismos,
Labor que ya la muerte prodiga.
Lo real renueva en el caos un idioma olvidado.
Hay el tiempo de la prímula y el armadillo,
Vados pétreos que el viento limpia en un gañido
Y brillan las raíces huecas
Balanceándose entre el hinojo y la escolopendra.
Y el tordo: música incierta.
El pájaro golpeó,
Y aún se escucha su lamento entre los mudos setos.
¿Con qué infortunio el canicular destello
Quebró los vidrios del viejo ventanal?
No celeridad,
Sino lo inmóvil gorjeando en lo inmóvil, la estación
Del baldado prestigio y el sopor reconciliado.
En este reino el objeto arrastra sus dones
Y marchitas yacen las hojas que ayer observamos.
El muérdago silvestre y el vestigio rugoso del cedro
En un confin del mundo abren preseas.
Los ojos
Han labrado restos de muros ya contemplados.
Así la duración
Es madurada en los sentidos muertos.
Y el abúlico tordo
Impidió la floración y colmó los caminos.
Miserla y putrefacción
Entre las ramas insignes.
Lo temporal y lo intemporal
Vuelven a reconciliarse
En un mundo carente de Realidad.
Son torpes columnas las que sostienen las constelaciones,
El céreo deambular de los astros como una preocupación seca.
Todavía resuena el chillido de los pájaros,
Hórrida quimera, agua que ya en nada aflora,
La morada vacía que su ardor anticipa,
Entre los cedros quemados por el sol.
Sorda es la dilución de la vida en un estancarse
Que brilla en las eras como oscuro homenaje.
El armadillo lamió las galerías en la rota fuente del día
Y mientras hurgábamos, el universo se había reducido.
Lo intemporal, pues, es un error de los sentidos
Y no anheles mayor ciencia que tu muerte y tus.ojos
Que ruedan entre improbables imágenes.
LA NOCHE
A Malcolm Lowry
In memoriam
En esta noche oscura de mi vida
que bien sé yo por fe la fonte frida,
aunque es de noche.
San Juan de la Cruz
¿Qué atroz misterio deambula
en los posos resecos de la noche?
Arrojado fatigosamente sobre la tierra árida
te habrías contentado con nutrir el ardor
en el ventoso invierno, y ya nada sobrevive
de tanta enconada miseria, ni las abluciones del corazón.
Oh, si, ese mudo rumor, absorto y quieto
labrado
por incesantes, pavorosos pensamientos
Inerte fuego
abraza las heces de tu vida enferma
Se escucha
el parloteo abúlico en unas rocas frenéticas.
Es el mar, dios apacible y rencoroso,
Pétreo refugio
donde resonarás para siempre como un agua rota.
Y bajamos por la seca avenida hacia la noche cerrada
y luego caminamos a ciegas, sin movernos, y fue allí
cuando estalló el sordo lamento
Eran como murmullos
rebotando entre las negras bóvedas
¿Qué mirabas?
En medio de la noche nada se ve y nada se siente,
Sólo puedes hurtar al sueño una grosera ceniza.
La vida es muerte rodeada por la experiencia inútil
que yace sin fondo en la memoria.
Hemos sido elegidos para perecer,
y no obstante cavar en los rígidos dominios del tiempo,
y hallar la misma muerte royéndonos el rostro:
cada hombre es un extraño para el otro.
Sólo la lívida noche que todo lo desordena, arrastra
hedores de voces tullidas, o rasga el espíritu
que aflora como aire detenido sobre la.tierra muerta.