resonancias.org

Narrativa
03 12 2004
Signo de los tiempos de Romina Doval, por Alejandra Laurencich
« volver

Y ya saben, si quieren hacer reír a Dios, hagan planes sugería Ovid Lamartine, el intuitivo pensador que denunciaba el terror por la radio, en la magnífica novela de Howard Norman, “El guardián del Museo”. Creo, al acabar de leer el libro de relatos “Signo de los tiempos”, que cualquiera de los personajes que pueblan las páginas de este volumen, podrían haber sido el modelo inspirador para el reflexivo Ovid. Aunque las criaturas de Doval saben de sobra que jamás harán reír a Dios, porque si alguna vez hicieron planes, la vida misma, antes que nadie, se encargó de demostrarles la necedad de la tarea. Los personajes de “Signo de los Tiempos”, auspicioso libro debut de la joven narradora argentina Romina Doval que mereció en su país el Primer Premio Estímulo a la Creación Literaria otorgado por la Secretaría de Cultura y la Presidencia de la Nación, enfrentan en la cotidianeidad de su existencia, el resultado atroz de ecuaciones que la cobardía, el abandono, el pesimismo, resolvieron a lo largo del tiempo sin que ellos se animaran a intervenir. Y sin embargo, por un instante, su propia lucidez o una secreta esperanza, los instalan frente a la posibilidad de lo que, intuyen, puede ser la última chance de revertir su destino. Luego sucumben, no hay finales felices. Las cartas ya están barajadas y al lector sólo le resta observar el desarrollo del juego y asistir a su desenlace. Luego lo podrá analizar fríamente si se le antoja, podrá censurar, defenestrar a un jugador, impartir culpas y responsabilidades, pero al cabo, sólo restará abandonar esas historias –de las que con tanta maestría su autora nos ha hecho testigos- con el gusto amargo de haber presenciado la inquietante realización del rompecabezas de un fracaso. Los diálogos impecables nos muestran no pocas veces un enroque sutil entre los roles protagónicos. Así la hija adolescente de “Esos adornos rotos” (el cuento que abre el volumen) se convierte en una adulta frente a los devaneos sentimentales que ocupan la vida de su progenitora. O el Mauro de “Hora de cierre” indulta, con la noble resignación de un anciano, la escalofriante inmadurez de su abuelo, desgranando uno de los pasajes más intensos del libro, donde la sordidez de un destino se convierte, gracias a la profundidad de la mirada literaria de Doval, en un bellísimo y conmovedor poema de amor.


No cabe duda de que, sin apelar a fáciles golpes bajos, sin obviedad, descartando estereotipos y munida sólo de un oficio notable y de la originalidad con que enfoca y aborda los diversos vínculos que tejen entre sí estas criaturas, habitantes todas de un tiempo y una geografía actuales, la autora de “Signo de los tiempos” logra mostrar en su intimidad más cruda la eterna quimera de la raza humana: ser queridos, apreciados por el otro, saber que hay alguien en el mundo a quien le importamos un poco. Pienso en Yamila, la malograda, cáustica estudiante de “Aquella solitaria vaca cubana”, o el tierno Moe que le sirve de contrapunto; pienso en

el Tordo, el ladrón de “Espacio compartido”, en ese duelo librado por él con Mundita, día a día, encerrados en ese departamento que se ensaña en demostrar la incompatibilidad de sus habitantes, el marco que exaspera y da lugar a lo peor. El exquisito humor, por momentos desopilante, que atraviesa los relatos, es el tubo de oxígeno con el que la autora asiste sin proponérselo pero con increíble destreza narrativa al lector de sus historias. El humor es el aire que nos permite continuar avanzando entre la sordidez y la miseria, el aliento en la prosa descarnada que las revela. Estoy convencida de que Dios no se reirá jamás de estos personajes, tal vez sólo se ocupará de prepararles un lugar entre los héroes o los condenados que sin escándalo ni epitafios han soportado estoicamente ser marcados con el signo de este tiempo y merecen por ello el paraíso.

 

ACERCA DEL AUTOR

Alejandra Laurencich (Buenos Aires, 1963). Es narradora y guionista. Su obra ha recibido distinciones literarias, entre las que se destacan el Fondo Nacional de las Artes por su libro de cuentos “Coronadas de Gloria” (Editorial Galerna), y el 1° Premio del VIII Concurso Interamericano de Cuentos, organizado por la Fundación Avon con auspicio de la OEA. En su actividad docente ha coordinado numerosos talleres literarios y seminarios para autores latinoamericanos. Colaboró con importantes revistas literarias, entre ellas: Maniático Textual y Lamujerdemivida. Actualmente finaliza otro libro de cuentos y trabaja en una novela sobre la dictadura en Argentina.