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Literatura
01 11 2002
Liminar a “Pasarelas. Letras entre dos mundos”.
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Nacido del otro lado del Atlántico, antes de llegar a París, uno es de un país determinado: argentino, venezolano, colombiano, peruano, mexicano o chileno. En París será latinoamericano, condición y conciencia que se adquiere de inmediato y que se superpone con naturalidad a la del país de origen. Compartirá una cultura y problemas comunes, descubrirá una sensibilidad que hermana y aproxima naciones en la distancia e ingresará en ese vasto, diverso, pero bien delimitado conglomerado de «lo latinoamericano». La matriz de la lengua compartida, por sobre acentos y modalidades lexicales, hará el resto. París propicia el encuentro entre vecinos que se desconocían, abate fronteras, prejuicios y estereotipos nacionales, para refundirlos en un troquel donde, pese a los nuevos tópicos forjados, se aprende y se conoce mucho más sobre el resto de América Latina de lo que se sabía viviendo en el propio continente. Este es el privilegio —tal vez el mayor— de quienes, dejando atrás patrias de origen o de adopción (como fuera en mi caso el Uruguay), empujados por vientos (o huracanes) de la historia, han vivido muchos años en París. En la distancia, América Latina se vertebra, integra y se proyecta como una unidad que sólo en los sueños bolivarianos parecía posible. Como unidad se la descubre y estudia; en su nombre se crea y escribe. Conferencias, exposiciones, encuentros, congresos, publicaciones y conciertos lo recuerdan periódicamente. Asociaciones, instituciones, universidades u organizaciones internacionales, aseguran la frecuencia de un interés o canalizan entusiasmos y vocaciones.

En los círculos concéntricos o tangenciales a este espacio parisino, se articulan otros en el resto de Francia, donde cristaliza con la misma, sino mayor, fuerza esa identidad común latinoamericana en la que se reconocen las lealtades múltiples que va generando. Polos en Toulouse, Poitiers, Nantes, Aix-en-Provence, Caen, Lille o Amiens —por solo citar aquellos que mejor he conocido— completan esta red sutil donde surgen afinidades electivas y complicidades culturales. Por sobre todas ellas —actividades o instituciones— se gestan las amistades, los afectos y los amores que eliminan barreras y redimensionan la nacionalidad de origen en la vasta spes de América Latina. Tal fue mi experiencia entre 1974 y fines de 1999.


Fernando Aínsa en 2002

En casi 26 años de vida y trabajo en París formalicé una vocación por el pensamiento y la cultura latinoamericana que han marcado mi vida profesional y creativa. De ella han resultado no solo los libros que he publicado en esos años, sino un cúmulo de actividades tan diversas como desperdigadas: artículos, entrevistas, reseñas, presentaciones, prólogos y epílogos, páginas heterogéneas girando siempre alrededor de América Latina. A causa de esta tarea —mejor, gracias a ella— se fue urdiendo el entramado de conocidos y amigos que la estimulaba y la hacía posible.

Hubo quienes inicialmente abrieron puertas, a partir de aquel mes de abril de 1974 en que aterricé en París, a cuya memoria no puedo dejar de referirme: Paul Verdevoye, César Fernández Moreno y Julio Ramón Ribeyro. Hubo otros, muchos otros, que fueron conformando esa libreta de direcciones que lleva uno consigo: colegas de la UNESCO, el CELCIRP y el CRICCAL, escritores, periodistas y editores con los cuales se ha compartido una parte importante de la vida. Y, por sobre todas las cosas, el azar, tal vez buscado en forma inconsciente, propició que el 14 de junio de aquel mismo 1974, el poeta chileno en exilio Julio Moncada, me presentara a su compatriota Mónica, la que sería hasta el día de hoy, no sólo mi esposa y compañera, sino la primera y rigurosa lectora de todo lo que he escrito desde entonces. Escrito desde entonces; de esto se trata, justamente. En el desorden de toda mudanza, hay siempre encuentros inesperados. Viejos recortes de periódicos, revistas olvidadas, fotocopias que van palideciendo, libros que se creían perdidos, páginas escritas que apenas reconocemos, jalones de una vida que al meterse en cajas en una ciudad para desembalarse en otra, adquieren un inesperado sentido y se proyectan con una renovada significación. Es en ese momento que la dispersión reclama un orden, los textos rescatables la momentánea salvación que puede dar un libro. Esta es la razón de Pasarelas. Letras entre dos mundos.

Recoger los fragmentos de una memoria que se iba deshilachando, intentar dar organicidad y sentido a textos de orígenes diversos, algunos nunca difundidos en español; de eso se trataba en el momento en que, al decidir establecernos en Zaragoza, España, a partir del 1 de enero del año 2000, la etapa de la vida en París se cerraba inevitablemente, aunque los puentes y las pasarelas siguieran tendidas, entre la Plaza San Francisco de ahora y la rue de Vaugirard donde vivíamos.

Decantados, expurgados, corregidos en lo esencial, los textos testimonio de un quehacer latinoamericano en París se han ido organizando en uno solo, cuyo título — Pasarelas. Letras entre dos mundos— intenta reflejar su origen y vocación. Su edición debía ser también en París, donde se habían gestado y en buena parte difundidos. El sello Indigo que edita una parte de la producción ensayística y literaria latinoamericana en París, era el natural destinatario. Gracias a su directora, Milagros Palma, con la que compartimos más de una aventura editorial en esos años, ello ha sido posible.


Pasarelas está dividida en cuatro partes. En la primera —Vasos comunicantes— se incluyen ensayos sobre la condición «extraterritorial» de la literatura contemporánea; sobre la «necesidad» de la literatura latinoamericana; nuevas tendencias marcadas por el exilio y la diáspora y, finalmente, la presentación de siete narradores provenientes de países diferentes del continente hermanados en la amistad de una experiencia editorial en común: Siete latinoamericanos en París. En la segunda parte se recogen, detrás de un título que no disimula la ironía —Maestros en el banquillo— textos sobre escritores representativos de América Latina: Leopoldo Zea, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, José Donoso, Gabriel García Márquez, Julio Ramón Ribeyro a quienes tuve oportunidad de conocer y entrevistar para diferentes medios, especialmente El Correo de la Unesco y Perspectivas de la Unesco. En la tercera —Palabra de mujer— se agrupan cinco textos sobre escritoras que han ido definiendo un corpus representativo de otra América Latina, cuya voz femenina va imponiendo temas, estilo e inflexiones propias: la argentina Luisa Valenzuela, la mexicana Angelina Muñiz Hubermas, la uruguaya Teresa Porzecanski, la chilena Lucía Guerra y la nicaragüense Milagros Palma. En la cuarta —Centros de la periferia— se recogen trabajos sobre escritores, algunos residiendo en París, autores que están configurando otros centros situados en la periferia de los consagrados, para incitarnos a una lectura diversificada y enriquecida de la literatura latinoamericana. Se incluye, finalmente, una nota sobre el origen de los textos incluidos, auténtica radiografía de esos años de trabajo en París; balance inevitable de una buena parte de una vida que —espero y deseo— pueda ser de utilidad a lectores guiados por la misma inquietud y pasión que llevó a escribirlos: esta América Latina que adquiere su anhelada unidad del otro lado del Océano Atlántico.































Zaragoza/Oliete, marzo 2002

 

ACERCA DEL AUTOR

Fernando Aínsa, escritor y crítico uruguayo de origen español, trabajó en UNESCO de París desde 1974 hasta 1999. Reside actualmente en Zaragoza (España). Ha publicado ensayos, libros de cuentos y novelas. Entre sus últimas obras de crítica y de ensayo figuran "La reconstrucción de la utopía" Buenos Aires y México; "Travesías", (2000). "Del canon a la periferia. Encuentros y transgresiones en la literatura uruguaya" y "Pasarelas. Letras entre dos mundos" (2002). "Espacios del imaginario latinoamericano. Propuestas de geopoética" (2002). "Narrativa hispano-americana del siglo XX. Del espacio vivido al espacio del texto" Zaragoza (2003). “Rescribir el pasado. Historia y ficción en América Latina” (2003). Algunos de sus libros obtuvieron premios en Argentina, México, España, Francia y Uruguay. Colabora en revistas literarias especializadas de Latinoamérica, EE.UU. y Europa.

 

 

 

 

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