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Literatura
23 05 2002
"Viernes, Sábado, Rancagua y Lunes" de Jorge Miranda Aguilera por Roberto Gac
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Dentro de la historia de la literatura latinoamericana, la influencia del escritor rancagüino Oscar Castro (1910-1947) es aún mal reconocida. Novelista, cuentista y poeta de una envergadura comparable a los más grandes escritores chilenos del siglo XX - Neruda, Mistral, Huidobro- Oscar Castro dejó sin embargo detrás suyo una estela de admiradores y discípulos, entre ellos, Jorge Miranda Aguilera. Nacido, como Oscar Castro, en la ciudad de Rancagua (lugar de la histórica batalla de la Independencia en1814) y también como él, ex-alumno del Instituto O'Higgins dirigido por los Hermanos Maristas y del liceo de hombres, Jorge Miranda se ha nutrido de los mismos paisajes y experiencias escolares que translucen en "La Vida Simplemente", obra maestra de la literatura chilena. Al igual que Oscar Castro, Jorge Miranda hace pasar al lenguaje escrito, con una soltura y ritmo extraordinarios, esa vida que el escritor observa y transforma en texto. En "Viernes, Sábado, Rancagua y Lunes", el protagonista narrador es un rancagüino de origen modesto, apoyado por el sacrificio anónimo de su familia, que cuenta su educación intelectual y sentimental y su decurso existencial en una ciudad de violentos contrastes sociales. Rancagua, ciudad minera y agrícola, desparrama su monotonía urbana en un valle de belleza sorprendente, entre la Cordillera de los Andes y la Cordillera de la Costa, recogiendo en los límites de su centro histórico, las instalaciones del mineral cuprífero El Teniente y los lupanares que, durante más de un siglo, han acogido a sus clientes tradicionales: los mineros que bajaban cada fin de semana desde la montaña, cargados de dinero y de deseos. El choque carnal con los batallones de prostitutas -mujeres del pueblo, algunas jóvenes y hermosas, otras menos, pero siempre cariñosas- daba el ritmo vital y comercial a una ciudad que ha quintuplicado su población en cinquenta años alcanzando hoy día mas de 200 000 habitantes. Jorge Miranda y su estilo peculiar ("la técnica picante"), teje con su vocabulario y sus giros sintácticos, a la vez profundamente populares y originales, el flujo de la vida rancagüina simplemente... y humorísticamente. Así, el humor chilenísimo que brota constantemente de los personajes -mineros, ediles, putas, curas, cabrones, esposas abandonadas, comerciantes, deportistas, etc.- irriga la miseria de las pasiones amorosas, de la vida doméstica, de los fracasos de toda índole -sexuales, deportivos, comerciales, familiares- de los protagonistas, todavía inconscientes de la amenaza ya próxima del pinochetismo. Pero sobre todo el narrador nos hace vivir y participar del ánimo festivo de sus personajes, de esa búsqueda universal del placer, del amor, de la amistad, en esos días y noches -Viernes, Sábado, Domingo- en los cuales Rancagua, como en todas las ciudades de América Latina, corren el vino, el semen y, a menudo, la sangre. "Rancagua es una fiesta", podría también llamarse, a la Hemingway, la novela llena de vida y de ardor de Jorge Miranda, justamente premiada por el Cabildo cultural organizado en Estocolmo por chilenos en exilio y ABF Suecia.