resonancias.org

Arte
09 11 2001
"Relieve y textura en el arte del peruano Manuel Zapata" por Héctor Loaiza
« volver


El pintor peruano en su taller parisino en 1985 (foto Miguel Cartolini)

Otro mérito suyo es no haberse encerrado dentro de los límites estrechos del mensaje, sino que lo superó dialécticamente mediante una búsqueda de originalidad. Para aproximarnos a la génesis de su pintura, señalemos la admiración de Zapata hacia la obra de Pierre Alechensky (1927), miembro del célebre grupo COBRA, entre los que se destacaban los holandeses Karel Appel (1921) y Corneille (1922). Pero lo esencial en el arte de Zapata es la adopción del empastado que denota su voluntad de obtener relieve y textura y su audacia gestual.


Sus colores fluidos son aplicados en capas espesas, con evidente generosidad y suscitan en el espectador una impresión de sensualidad. Su técnica con espátula, que parece ser espontánea, estriba en la aplicación mesurada y en la armonía de sus colores, donde los trazos son visibles a propósito para dar a sus lienzos un efecto inusitado.

En su lienzo "Pelea de gallos", concibió la primera imagen, alimentándose del recuerdo de una "pelea" inmortalizada en literatura por el escritor peruano Abraham Valdelomar(1888-1919). En torno a este juego se reúnen los pobladores de las aldeas de la costa peruana para apostar al gallo vencedor. Especie de sacrificio ritual a través del cual se derramará sangre, de ahí la presencia del rojo violento, telón de fondo del personaje central vangohniano (por su apariencia) prisionero de la angustia que lo devora. El rojo simboliza el principio de vida, color del fuego. El rojo claro, brillante, centrífugo, ocupa la parte central del lienzo y corresponde a la naturaleza diurna, al principio macho, que empuja a la acción, en este caso a la escenificación ritual. El artista ha rodeado al mismo personaje con pinceladas rojas con una inmensa e irreductible potencia, para elevar la temperatura dramática que irradia su actitud. El rojo brillante en el centro está equilibrado por la irrupción en los bordes de un ocre terroso, sombrío, nocturno, que mantiene un movimiento centrípeto.


El cuadro refleja el movimiento envolvente de los gallos alrededor del personaje, víctima de la lucha que ha escenificado, el cazador caído en su propia trampa. Sacrificado por la misma violencia desencadenada, sucumbe al abismo de las pulsiones instintivas, viscerales. El gallo que se eleva por encima de la cabeza del personaje pintado de azul, con un toque verde. El azul, inmaterial y profundo, simboliza al vacío, es el más frío de los colores, aligera las formas, las abre y las deshace. (Desde un punto de vista esotérico, se representa con este color al pájaro de la felicidad, al pájaro azul). Opuesto al movimiento ascendente del primer gallo, el otro, el de abajo está pintado de verde y de rosado. El verde equidistante cromáticamente del azul y del rojo, se caracteriza por ser mediador entre el rojo cálido y el azul frío. Color con virtudes tranquilizadores y refrescantes, simboliza las aguas regeneradoras y el despertar a la vida.


Cuando el espectador contempla una marina de Zapata es la música que viene a su espíritu, por la gama sutil de sus colores. Despierta en su imaginación lejanas reminiscencias. La aparición de un sol rojo, granate, sanguíneo, por entre las nubes también rojas y rosadas, nos da la impresión de que el artista ha cristalizado un instante de suspenso y de larga espera. Ese mismo astro rey esbozado con trazos ágiles y enérgicos se impone sobre un mar hecho con pinceladas rojas, rosadas, amarillas y hasta verdes.


En otro lienzo, "Estudio", el artista ha extendido con espátula una base de color ocre. Ha agregado después colores más claros, un marrón arriba, en el centro y abajo. Lo que salta a la vista es la espontaneidad del gesto, el efecto de profundidad obtenido y el aplomo con que Zapata ha añadido siempre con espátula otras manchas espesas, marrones claros, blancos y verdes plomizos que son las expresiones de su don para armonizar los colores. Termina agregando trazos con el borde de la espátula para sugerir a nuestros sentidos formas que se aproximan a un bodegón, donde las diversas manchas nos hacen pensar a objetos o frutas, reducidos a su esencia, y la forma dominante de una media luna o de una botella estilizada. Para los amantes del arte expresionista y de la textura, la pintura de Zapata es una de las más destacadas del arte peruano y del latinoamericano que se practica en París. Lamentamos que su obra no haya tenido el reconocimiento que merece.

 

ACERCA DEL AUTOR

Manuel Zapata nació en Lima, en 1928. Vive, trabaja y expone desde hace más de treinta años en París. En su primer período figurativo se inspiró de los símbolos, colores y temas de las civilizaciones precolombinas de la costa peruana: máscaras, rostros y estatuas de formas geométricas poblaban sus lienzos. Recibió la influencia del pintor belga, Karel Maes (1900-74) que recurría a formas geométricas en sus cuadros abstractos, de quien asimiló su técnica muy elaborada e hizo suya su concepción de la libertad creativa, sobre todo la técnica gestual.