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Número Especial
17 05 2018
V. Un poeta pensador en busca de un mundo abierto por Héctor Loaiza
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Su aspiración poética y filosófica consiste en terminar con el antagonismo entre Occidente y Oriente, y se apoya en sus lecturas de un viejo texto de Martianus Capella (24) “El matrimonio de la Filología y Mercurio”. Kenneth White se permite re-divinizar al dios Mercurio para mineralizarlo, buscando un pensamiento rápido, casi imperceptible, ligado a la Tierra. “El Dante distinguía, le dice a Erik Sablé, cuatro niveles de lectura posibles”. Por su parte, realiza una quinta interpretación: al propiciar una especie de matrimonio mercurial entre Occidente y Oriente. En el Seminario que dirigió en La Sorbona y en el que siguió, “Poética de un mundo abierto”, ha forzado las exigencias budistas mucho más lejos, es decir saber evolucionar en el universo.

Kenneth White ha afirmado en varios ensayos su rechazo a una posición identitaria y su identificación con un “mundo abierto”. En la entrevista que le hice en 1982, me confió sobre sus relaciones con la identidad celta: “Por supuesto que soy celta, pero eso lo dejo en lo indefinido. No llevo pues una banderola en la que está inscrita mi celtitud” (25).

Se le ha criticado también por su interés en la filosofía de Nietzsche (la voluntad de poder y el superhombre) y en la de Heidegger (por su pasado turbio y su negación de la tecnología), desconociendo que, durante la posguerra, en las universidades y en el ambiente intelectual parisino y francés, se había adoptado sobre todo la filosofía de Heidegger (como es el caso de Jean Paul Sartre, Jacques Derrida, Merleau-Ponty, Michel Foucault, Gilles Deleuze y otros).

En sus ensayos, Kenneth White desarrolla los fundamentos del nomadismo intelectual, de la geopoética, y de un pensamiento basado en la cartografía. En cambio, “Une stratégie paradoxale” (Una estrategia paradójica) es un libro polémico, próximo a un contexto socio-cultural, en el que ataca a la mediocracia: una enfermedad infantil de la democracia. La obra, en suma, es el relato de una resistencia a la vez individual y social. Propicia una: práctica poética intensa lejos del “ambiente literario”, un activismo político sin adherir a los partidos. Y lo más importante, aleja todas esas suspicacias en torno a su obra: cuando se interesa en las fuentes nativas, no cae en la ideología identitaria. Si se absorbe en los estudios orientales, no se identifica con la “espiritualidad” ni con las comunidades y los gurús.

El haber publicado un poema “Labrador ou Le Grand rêve éveillé” (Labrador o El gran sueño despierto) al final de su libro “La Route bleue” (26), galardonado con el Premio Médicis en 1983, ha desencadenado críticas y rechazo por parte de los intelectuales y periodistas del ambiente bienpensante parisino. ¿Cuál era la razón? Para dar una idea al lector, nos basta traducir un fragmento:

Dejé de ser cristiano
sin por eso volver a Thor
otra cosa me llamaba
me llamaba afuera
otra cosa que tal vez
quería que se lo llame…

La geopoética propicia abrir un “Mundo nuevo” diferente al “Nuevo Mundo” con sus conquistadores locos, sus puritanos perversos y una muchedumbre de gentes más o menos toscas. Todo eso ha creado la civilización del llamado “Nuevo Mundo”, que creía conquistar Asia por el comercio. La civilización americana, según Kenneth White, ha tenido sus excepciones y su contra-cultura. Entre las excepciones, la supervivencia amerindia y se plantea la pregunta si los amerindios siguen siendo asiáticos (27).

El poeta pensador evoca al gran poeta Walt Whitman y a Thoreau que consideraban Asia no solo como un mercado, sino como un foco de pensamiento, de poesía y sabiduría. Para que Oriente aporte a la creación de ese “nuevo mundo”, sostiene que hay que des-hinduizar el Vedanta (28), borrar el lado chino del Tao, des-japonizar el budismo Zen. Observa que los hindues están demasiado cargados de tradición y son cultores de lo sagrado. Los chinos le parecen más cómodos, pero siempre en banda. Los japoneses son más vivaces, ve en ellos más acuidad, más intensidad y son más nerviosos. Al proyectarse en el porvenir, ve Asia recuperada, después de haber vuelto a sus fuentes, como a una aliada de Europa que, a su vez, tras haber superado su historia y realizado una cultura-análisis, puede ser el punto de partida de un nuevo concepto.

No sería sorprendente que en Occidente surja una vía sui generis, un “Mundo abierto”, dentro de un contexto mundial donde el ser humano no solo sea considerado como un consumidor o que se aferre a su identidad como a un salvavidas: “Soy esto, soy aquello”. Los acontecimientos más trascendentales, los más inspiradores, nunca han sucedido dentro de un marco identitario, pero sí dentro de un campo de energías. Se trata de una nueva visión de la vida, desembarazada al fin de las ideologías, los mitos y las religiones. Significa también mantener una nueva relación con la Tierra (energías, ritmos y formas) y no de una servidumbre hacia la Naturaleza, tampoco de un arraigamiento en el terruño. La geopoética no pretende construir un nuevo sistema, pero sí de realizar una exploración, situándose entre la poesía, la filosofía y la ciencia. Inaugurar un mundo que abandone la convicción de que el hombre fue creado a la imagen de Dios y que es el centro del mundo, por eso el planeta no solo es ahora asfixiante sino demente y mortífero.

 

NOTAS

(24) Martianus Capella (siglo V), autor latino, vivió en Cártago y es autor de “Noces de Philologie et Mercure” que es una enciclopedia alegórica compuesta de nueve tomos.
(25) “Conversación con Kenneth White” (entrevista) por Héctor Loaiza, suplemento cultural del diario El Universal de Caracas, 23 de agosto de 1981.
(26) “La Route bleue” (prosa) por Kenneth White, Éditions Grasset, Paris, 1983.
(27) Nos permitimos aportar nuestra respuesta, los amerindios viven desde hace 15 000 o 200 000 años en el continente americano, han dejado de ser asiáticos y creado sus propias civilizaciones. Existe una diferencia entre la colonización inglesa de América del Norte, donde los colonos cultivaron la “pureza” racial al no mezclarse con los indígenas que fueron confinados en “reservas” y la colonización de México, América Central y Sudamérica por los hispánicos que se mezclaron con los diversos grupos étnicos. El resultado: Latinoamérica es un continente mestizo.
(28) Vedanta, el último libro de las seis “Darçanas” que explican la doctrina metafísica de los “Vedas”, los libros sagrados que constituyen el fundamento esencial de la filosofía hinduista.

 

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02 11 2019