Aunque diga que la única cosa que tiene un poco de dignidad en su vida es la literatura y que no quiere pervertirla, Efraím Medina Reyes se ríe de quienes se la toman muy en serio. El hecho de que se haya careado con una realidad dura en su juventud o en su primera madurez, sea a puños o a palabra limpia, no alienta el verbo incendiario del nativo de Cartagena.
Sus embates contra intelectuales latinoamericanos reconocidos internacionalmente no pueden ser tomados a chiste. Que García Márquez sea una momia inútil, que Vargas Llosa no sienta amor por Perú, que la mayoría de los "grandes hombres" de América Latina "sólo quiere eternizarse" y desprecia a sus compatriotas, forma parte de la artillería verbal que despliega para juzgar la producción literaria subcontinental.
La visita a Caracas de uno de los autores con éxito en Italia fue producto de una invitación de la editorial Planeta, en el marco de la pasada edición de la Feria Internacional del Libro. Aparte de haber dado a luz a cuatro novelas (“Érase una vez el amor pero tuve que matarlo” es el único título disponible en Venezuela) y a un relato de cuentos (“Cinema árbol), Medina se ha ocupado de facetas tan variadas como el boxeo, el teatro, la música y la cinematografía.
Ídolos momificados: "A García Márquez podríamos ponerlo en un museo y cobrar la entrada para ir a verlo"
Puede sonar descabellado, pero las críticas incendiarias y el tono iconoclasta del narrador colombiano tienen su lado constructivo. Es una exhortación a los "grandes hombres" del continente a retribuir a sus pueblos todo el éxito que lograron en el pasado. No se trata de mera charlatanería con fines publicitarios.
Medina Reyes cree que la vida es lo importante, por encima de la literatura, y se empeña en correr más rápido que quienes desean convertirlo en una celebridad. Y es que, exitoso o no, traducido al italiano o catalogado como niño malo, Medina sigue llevando una vida similar a la de los 13 o 14 años, cuando tenía que boxear con sus amigos para drenar la agresividad de su entorno. Tanto que, aún hoy, sigue hablando y escribiendo de Kid Pambelé con veneración.
—Si García Márquez es una momia ilustrada, ¿a qué debe dedicarse después de haber alcanzado la celebridad?
—Podríamos ponerlo en un museo y cobrar la entrada para ir a verlo. También se puede pensionar, meterlo en un asilo. Hay muchas cosas que se pueden hacer con un viejo inútil como él, que no ha pagado su deuda con Colombia. Porque hay viejos que no son inútiles y esos son los que necesitamos. A los "grandes hombres" hay que exigirles, porque ellos nos vendieron una imagen y hay que reclamarles. Nuestros "grandes hombres", como García Márquez, en general, sólo quieren eternizarse. Realmente sienten desprecio por el resto.
—Lo que hacen los escritores de su generación no es visto como una evolución de lo que fue el realismo mágico, sino que es percibido como la antítesis...
—Exacto. Ellos no aceptan ser relevados porque quieren ser eternos. Si se dan cuenta, en nuestros países ocurre normalmente eso. Tenemos a García Márquez, por decir un escritor, y ya ninguno más puede ser escritor. Todo lo demás se puede borrar. Tenemos a Valderrama y ya no hay nadie que lo reemplace, no existe ningún otro futbolista. Ahora será lo mismo con Shakira, Montoya y todos esos bobos. A veces dicen que Juan Pablo Montoya es el más grande corredor. De acuerdo, pero en Europa tienen 20 o 30 pilotos que de pronto no son tan buenos como él, pero son 30. La responsabilidad de los países que tenemos es de ellos, como será de nosotros en 20 años.
—¿A qué se refiere cuando habla del papel social de la literatura?
—Se trata de participar en la construcción social de un país, de los elementos que lo rodean, de sentir y comprometerse, no banalizarse al punto de aparecer sólo en las revistas de farándula o convertirse en alguien de juguete. A los intelectuales nadie les pidió escribir, por lo que deben asumir todas las consecuencias, el compromiso y la crítica, bien sea positiva o negativa. Nuestros escritores se convierten en momias o en payasos del neoliberalismo, como por ejemplo Mario Vargas Llosa. En una época escribieron hermosos libros y ahora no les queda ni eso, hacen investigaciones históricas y las meten dentro de su técnica o molde literario. Critico la gran hipocresía de Vargas Llosa al haberse postulado a la Presidencia de la República de Perú y nacionalizarse español una vez que salió derrotado. Si quisiera a Perú estaría allí peleando y discutiendo. No lo hace. Anda de país en país dando conferencias. En cada país habla sobre el tema que está de moda.
El érase una vez de esta historia
El inicio de su historia como escritor —al igual que el de las criaturas verbales a las que le da vida— fue peculiar. El fútbol y las amistades de las que habla con tanto cariño hicieron posible que una recién fundada empresa (Fracaso Editores), regentada por camaradas, colocara en venta los primeros 1000 ejemplares de “Érase una vez el amor pero tuve que matarlo”, justo por aquellos días en los que trabajaba como mensajero para una empresa. Tres semanas bastaron para que ese tiraje se quedara corto y Medina Reyes entrara a la lista de best-sellers de su país.
Un ejemplar de la recopilación de cuentos “Cinema árbol” llegó por azar a manos del periodista italiano Danilo Manera por medio de los bibliotecarios de la embajada colombiana en Italia. Manera llevaba tres años buscando al irreverente escritor sin encontrar ningún indicio de él, mucho menos de sus trabajos.
Cuando el buzón del correo electrónico de Medina recibió un e-mail de Italia, en el que se le solicitaba autorización para editar sus cuentos por una casa importante de ese país, no dudó en pensar que se trataba de una broma: "Le respondí que si se atrevía, lo iba a demandar por un millón de dólares. Pensaba que era un amigo jugándome un chiste, pero no fue así".
Los casi 3000 ejemplares que se imprimieron de su primera novela voló de las estanterías italianas. De su segunda obra, “Técnicas de Masturbación entre Batman y Robin”, se editarán 50 mil; mientras que su última ocurrencia, “La sexualidad de la Pantera Rosa”, tendrá que esperar a ser publicado primero en Colombia.
Cuando se corrió la voz de que sus libros estaban funcionando en Italia y en Colombia, la editorial Planeta no tardó en aparecer con una propuesta debajo de la manga. Fiel a sus principios, Medina no se dejó cautivar. Les recordó que ellos habían tenido engavetada su novela y luego la habían rechazado.
La reconocida editorial rectificó y puso en la mesa un contrato para el escritor, sin haber leído aún el material. El ex boxeador consultó con sus camaradas si firmaba la propuesta, es decir, "si le sacaba una plata a esa gente o no". Esta vez, las condiciones las imponía el autor y no la editorial.
Así fue como Fracaso Limitada editó a otros escritores con las ganancias que resultaron de la aceptación a Planeta:"Después de La sexualidad de la Pantera Rosa quizás ya no publique más con una editorial grande. Publico con mi editorial o hago una alianzas con las pequeñas. No voy a quedarme allí y convertirme una moda de ellos. Hay cosas que hacer que son importantes."
—¿Cómo ha podido escapar del éxito en Italia, ser traducido a otros idiomas, a la presión de las editoriales?
—Ya me insinuaron que están pensando en un premio para mí. Resulta que las editoriales en España tienen premios como el "Seix Barral Biblioteca Breve", el "Premio Primavera de Novela de Espasa" y muchos idiotas en todo el mundo hispanoamericano —yo también alguna vez lo fui— sacan sus fotocopias, arman su paquete, se gastan su plata y los mandan. Yo les diría que no lo hagan, esos premios están arreglados. Son para promocionar escritores. No es que el escritor se haya vendido por eso, porque no sé cómo se partan las cosas en cada caso, pero lógicamente los premios se los dan a escritores de la casa o te hacen un contrato que, antes de darte el premio, te obliga a ser de la casa. El día que escuchen que me gané un premio de una editorial espero que escupan sobre mis libros. Los premios deben darse sobre libros publicados y los lectores son los que deben decidir si merecen un beneficio.
"Critico la hipocresía de Vargas Llosa al postularse a la Presidencia y nacionalizarse español cuando perdió"
—¿Por qué siguen este mecanismo las editoriales?
—Te dan 70 mil dólares, los medios de comunicación publicitan los libros y es una venta segura. Los premios son como el pescado para la foca amaestrada. Haces tu gracia y te tiran el pescado como si fueras una foca o un chimpancé. La gracia mía puede haber sido tener éxito y ahora me quieren dar el pescado. Yo creo que la única cosa digna, o que tiene un poco de dignidad dentro de la vida que he llevado, es la literatura y no quiero pervertirla. Es como si no quedara nada de mí. Para mí es importante, es una cosa personal.
—¿Hay escritores buenos en América Latina?
—Toda la humanidad en cien años produce tres o cuatro escritores buenos. No puede ser que, por decir algo, Latinoamérica tenga setenta escritores buenos en este momento. No, tiene setenta escritores mediocres, entre los cuales me incluyo. Hay muchas expectativas en Europa porque siempre se han llevado las maravillas de Latinoamérica, pero ahora compran desgracias como esa vaina que escribió Laura Restrepo sobre los desplazados (La multitud errante) que es una tontería absoluta. De muchas formas ellos siguen usándonos, y nosotros seguimos siendo presa fácil, entre otras cosas porque estamos muy desconectados. Así que no hay que exagerar ni empezar a decir que están saliendo genios por todos lados, sino que hay una literatura y que ojalá evolucione y produzca algo de mayor peso.
—¿Qué opina de novelas como “Rosario Tijeras” de Jorge Franco Ramos) que tratan temas de la realidad como el narcotráfico?
—Rosario Tijeras es lo más acabadito de él. Pero su último trabajo es el peor. Y se supone que debería ir evolucionando. Podría decir que es un escritor que a cada novela escribe peor. Aunque también se debe a que te convierten en una figura, se crean compromisos y los editores exigen que publiques un libro. Además, esta gente cree que los libros se pueden hacer pasando las noticias a otro formato. Hago un libro sobre las prostitutas: "Mala noche" (1996), hago un libro sobre los sicarios: "Rosario Tijeras" (1999), hago un libro donde los personajes se meten por el hueco: "Paraíso Travel" (2001) ¿Cuál será el próximo que escribirá Franco? ¿Acaso va a hacer un libro sobre el tipo que se cortó los genitales en Montería? ¿O sobre el terremoto de Argelia? Si fuera por escribir libros como los de Isabel Allende, Marcela Serrano, los de Franco o los de Laura Restrepo, yo escribiría uno cada semana.
—¿Qué críticas le merecen las novelas históricas que han proliferado últimamente?
—Me parecen terribles. Uno se puede llegar a convertir en Germán Castro Caycedo, que es otro señor que vende libros haciendo reportajes cada año de desgracias que seguramente escoge al azar dentro de una fórmula; pero eso es diferente a escribir de verdad. Para eso Internet te da toda la información, luego las mezclas, armas la estructura y lo tienes. Hacer eso no es una cosa tan complicada. Ahora, escribir de verdad sí, porque estás arriesgándote. Lo que estás poniendo allí eres tú. Pero la mayoría de ellos no lo están haciendo.
—¿Cómo se puede lidiar con las barreras que imponen las editoriales entre los países de América Latina?
—Las editoriales españolas son las que están haciendo que el mercado funcione así, porque es más económico y les sirve de filtro. Crean experimentos literarios en cada país y si se llega a tener una importancia allí, entonces son distribuidos entre los vecinos. Pienso que se deben multiplicar las editoriales y crear pequeñas casas para publicar a precios más bajos. Deberían salir de sus torres de Marfil e ir a las universidades, a los colegios, a todos lados.
Medina insiste en no albergar ambiciones. No quiere un auto ni le interesa manejarlo, aunque no le disgusta la idea de tener un yate para festejar con los amigos. Dice tener un apartamento con espacio suficiente y haber rechazado una oferta de irse a vivir entre España e Italia: "Yo me muero fuera de mi país. Me empiezo a poner triste, me pongo a llorar en las tardes cuando estoy lejos de mis elementos culturales".
Asegura que el dinero sirve para hacer cosas con los amigos. De ellos dice que son las personas que ama y que no puede ser de otra forma: "La amistad no tiene condiciones, y menos esa de no tener condiciones. Tiene códigos. A diferencia del amor, que puede hacer que te desprecies a ti mismo. Uno puede por amar a alguien ser humillado, arrastrado. Los amigos son cómplices que te ayudan a ser más libre. La amistad no se implora, el amor sí. Uno puede rogarle a una mujer que no lo deje".
Sostiene no entender por qué hay personas que se sustituyen a través del éxito. Aquellos que no son felices hasta tanto no tienen éxito y que antes viven tristes o amargados.
—¿Efraím Medina Reyes hubiese sido igual de feliz vendiendo seis entradas de teatro, 16 discos; sin este éxito?
—Eso no cambia mi felicidad, porque yo estaba feliz antes de eso. Lo que ha reportado es dinero, con el que he podido estabilizar mi vida y la de mi familia. Poner a trabajar a mis amigos que estaban en Fracaso Limitada sin cobrar un peso. Si se puede crecer lo vamos a hacer más grande; no tengo nada en contra del dinero.
—¿Por qué el fracaso es un lugar seguro?
—Esta es una cosa que es a prueba de eternidades. No hay riesgos. Nadie va a convertirte en un fracasado. No hay máquinas para crear fracasados, las hay para crear ilusiones, entusiasmo y supuestos éxitos.
Efraím Medina Reyes nació en Cartagena en 1964. Desde 1983, publicó crónicas, poemas y cuentos en periódicos, revistas y magazines culturales, ganando premios departamentales y nacionales. Fue finalista en el Concurso de Novela Ciudad de Pereira (Risaralda, 1986) con la obra “La Ciudad Inmóvil”. En 1988, publicó la novela “Seis Informes”. Ganó la beca del Fondo Mixto de Cartagena en 1993 con la novela “Sexualidad de la Pantera Rosa”, y en 1995 el Premio Nacional de Cuento con “Cinema Árbol y otros Cuentos”. En 1997, fue finalista del Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura con la novela “Érase una vez el amor pero tuve que matarlo”.
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