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Narrativa
02 02 2017
Dos cuentos de Venus Maritza Hernández
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LA MARIONETA

Hace mucho tiempo me suicidé, a causa de las borrascosas penumbras que insolaban mi alma. Preexisto en un espacio subliminal, adyacentes a los silencios que se aletargan en los recovecos pintados de ansiedades y deseos. Variedad de manos se extienden hacia mi transparente fisonomía, queriendo asirme y llevarme hacia la luz, más las rechazo al escuchar los ecos pecaminosos y falsos de plegarias, ruegos y cantos de  personas que en vida desprecié, y ahora destilan sus  hipócritas alucinaciones de bondad y misericordia desmedida.  Me retraigo a los subterfugios de la quietud exánime de los tedios del tiempo.
El sótano de la oscuridad me aprisiona y un grito ahogado camina lentamente sobre mi conciencia. Una marioneta de facciones definidas me observa, se tambalea sobre la sincronía inaudible al ritmo de una canción desgastada y nostálgica, vertida de los siglos. Unos hilos la manejan hábilmente.
Observo hacia arriba para tratar de distinguir quien la gobierna y conduce, pero mis esfuerzos son infructuosos, las penumbras impiden toda visibilidad.  Lacónica y hastiada me acerco con una enorme tijera emergida de la realidad, cuyo óxido rechina insoportable cada vez que intento manipularla. 
 Me acerco cautelosamente, y con una sonrisa sarcástica recorto los hilos de la marioneta. Se cae entre estrépitos, desmayada en el despavorido sigilo de los sueños fantasiosos; sobre la lava de la utopía que se cierne en mis soñadores y flotantes pies.  De improviso una somnífera sensación circunda el entorno hierático y de sorpresa, el títere se levanta... El pavor catequiza  mis sentidos y pensamientos espectrales, al contemplar su rostro de cerca, el cual, en forma pausada comienza a adquirir un rostro humano y preciso; el mío.

 

EL INFLUJO DE LAS DOS ESTATUAS

Una enorme sequía se extendía en el poblado, específicamente en la región de Venaguacero. Los sembradíos lucían su resequedad como un verano eterno, todo se asemejaba a una gran extensión de papel crespón. Nunca llovía. Las provisiones de agua venían de muy lejos. Y las pocas tierras que se podían regar con el preciado líquido proveían el cultivo del escaso alimento como: arroz, maíz, y frijoles. Según cuenta la leyenda, todo se debía a dos estatuas, las cuales fueron separadas, por una decisión tomada por el jefe de la tribu donde vivían dos enamorados. Por medio de esto se rompió un pacto sagrado con el astro rey (elemento dorado de Dios). Ambas efigies debían estar siempre unidas, pues representaban el amor inmenso de dos seres de razas distintas. El hombre enamorado había sido un español llamado Alcides Gonzales, y la mujer, una indígena llamada Clavel del sol.  El español, después de enfrentarse a sus familiares, se unió a su amada, yéndose a vivir a una región distante y agreste: Aguacero, el hogar de su mujer. Llamado así, por las benditas lluvias que prodigaba el cielo a sus terruños.  A causa de las abundantes y oportunas lluvias, los terrenos eran muy fructíferos.  Producían abundancia de legumbres y frutas.
Alcides era escultor, y comienza a fabricar dos estatuas para solidificar el enorme amor que él y Clavel del sol, se tenían. Le dijo a ella, que el amor de ambos sería tan sólido como esas estatuas perpetuas. Cuando termina, tal era la perfección de su obra, que todo aquel que las veía quedaba extasiado de amor y al instante, su personalidad cambiaba, y la dulzura los gobernaba. En esas circunstancias los indígenas no podían enfrentar a sus enemigos: otras tribus y españoles, pues tal era el influjo de las estatuas, que se veían obligados a presenciar su hermosura, todos los días, privándose del odio y de las tensiones. Emociones que eran necesarias para afrontar el mal.  Un día el jefe de la tribu y padre de Clavel del sol, convoca una reunión, para decidir la mejor acción a tomar.
Entre los brujos, consejeros y amigos del jefe de la tribu, deciden, deshacerse de una de las estatuas, o sea la del español, dejándola en una área donde sus paisanos pudieran encontrarla y cuidarla. Todos estuvieron de acuerdo que era lo mejor, pues así, el embrujo que está proyectaba se desintegraría. Y así lo hicieron, sin el consentimiento de sus dueños: Alcides y Clavel del sol. Quienes se sorprendieron mucho al ver que faltaba una de las estatuas. Casi al instante, Clavel comienza a sentir una inmensa soledad sin motivo alguno, pues su marido estaba junto a ella. El sentimiento que percibía era recíproco; él sentía lo mismo. Poco a poco, ambos dejaron de comer, de alegrarse, y de disfrutar su amor y juventud, recayendo en una enfermedad espiritual, al mes ambos parten al otro plano.
En la actualidad, los descendientes de aquellas razas, o sea los mestizos, pensaron en alternativas viables, pero ninguno se acercaba a la solución.  Hasta que un día, aparece un muchacho proponiendo la solución a todo.  Propone que unan las dos estatuas, pues la distancia es pequeña a causa del transcurso del tiempo y la disipación de los conflictos. Y lo hacen. La estatua del español es transportada, pero antes la limpian, luego la colocan junto a la de clavel, pero no logran que llueva, pues sólo los intereses egoístas los impulsan a la unión de estas dos estatuas. Tendrá que haber dos personas igual de enamoradas, con ese amor puro, que ambos personajes de distintas culturas, se dispensaban.  En efecto la hija del alcalde de Venaguacero (nombre cambiado a causa de la enorme sequía del pueblo), una chica mestiza, está enamorada de un muchacho negro, y ambos confiesan su gran amor tocando a las estatuas. De inmediato el objeto dorado de Dios, deja caer varios lienzos de agua en las nubes, y entonces la tormenta indomable, manifestó su hechizo de intenso amor y eternidad. Desde ese instante, el alimento y las bendiciones abundaron en toda la tierra de Aguacero, nombre recobrado por la abundancia oportuna de la bendita lluvia, agua bendecida desde las alturas.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Venus Maritza Hernández, nació en Panamá. Poeta, novelista, ensayista, cuentista y periodista. Egresada de la Universidad de Panamá, licenciatura en contabilidad. Registrada en el Directorio de escritores vivos de Panamá. Sus poemas y microcuentos fueron publicados en varias Antologías internacionales. Colabora con revistas literarias de diversos países. Participó en portales de literatura de Internet. Publicó en 2008 dos cuentos en el Periódico Panamá América titulados: “Oscuridad tenebrosa” y “Los fantasmas” y libros de cuentos: “Mi clon dimensional”; “Universos paralelos”; “Los relatos de Persémona”; “El lienzo y las huellas”. Los poemarios “Cercalejas” y “Prohibido mar”. Y La novela “Tras el umbral de la reencarnación”.