resonancias.org

Literatura
03 08 2015
Graciela Maturo: "El estilo desde la pura racionalidad está fuera de lo poético" por Rolando Revagliatti
« volver

RR: Estás preparando una edición anotada, crítica de "Rayuela" para la Academia Mexicana de la Lengua. Has sido amiga de él. ¿Qué es posible que compartas con nosotros hoy, ahora, para nuestros lectores en la Red, de aquel vínculo?
GM: A Cortázar empecé a leerlo muy joven, a mi llegada a la Universidad Nacional de Cuyo, donde estudié. Habían pasado casi dos años desde su retiro de esas aulas, por razones políticas; yo venía a descubrir los apuntes y la fama del joven profesor de Literatura Francesa, melómano, integrante de un grupo de aficionados al jazz, amigo del helenista Ireneo F. Cruz, con quien hablaban de "mancuspias" y otros delirios. Todo se enlazaba en una trama: Cruz había sido profesor de Griego, en las aulas de Paraná, de Sola González, Diego Pro, Ricardo Pantano y otros discípulos que lo acompañaron después en su gestión como Rector de la UNCU, designado por el presidente Perón. Este es el nudo del apartamiento de Cortázar, y a la vez, de mi llegada a Mendoza. Por mi parte, joven alumna de Letras, me puse a leer al disidente Cortázar, que ya publicaba cuentos y había escrito su escolio sobre la "Oda a una urna griega" de John Keats, un trabajo ejemplar de comentario poético que luego expuse en la Universidad de Buenos Aires. Esto habla de mi temprana independencia política, que he tratado de mantener a lo largo de toda mi vida. No se confunda esto con una falta de compromiso político, sino con la convicción de que la creación y la vida intelectual deben ser libres, y no estar al servicio de ningún poder.
Cortázar es entre nosotros el máximo ejemplo de la Razón poética que perseguí y  elaboré en distintas instancias, compartiendo sus mismas fuentes. Mi primer trabajo crítico fue tema de una tesis doctoral no defendida en su  momento (me doctoré con otra tesis), pero sí publicada por ECA en 1967: "Proyección del surrealismo en la literatura argentina". (Ahora se reedita, ampliada, con el título "El surrealismo en la poesía argentina"). Nadie se ocupaba por entonces -los años 59, 60- de este tema. Quiero decir que estaba preparada, por mi conocimiento de Cortázar y del Surrealismo, para comprender  una obra como "Rayuela", novela surrealista, súper-realista, que venía a demoler la novela literaria, y la literatura misma. A partir de ese libro decidí iniciar una  investigación sobre toda la obra de Cortázar. Sola González, que no lo trató personalmente, había compartido con él ámbitos de reunión, amigos y revistas, en los años de Buenos Aires; él me dio a conocer la revista "Huella", dirigida por Castiñeira de Dios, donde se había publicado en 1941 el artículo "Rimbaud", firmado por Julio Denis.  Solo me quedaba escribirle al Consulado argentino en París: así se inició nuestro diálogo, después proseguido en forma personal, del cual quedan sus 36 cartas,  publicadas en los tomos de su correspondencia y en mi último libro sobre el autor, "Cortázar: razón y revelación" (2014). Allí las he incluido, superando largos años en que hacerlo me parecía un gesto ególatra.
Para mí "Rayuela" sigue teniendo plena vigencia. Discrepo de la opinión difundida de que Cortázar  "cultiva el mito burgués del artista", frase que suena despectiva e incomprensiva de su mundo. A no ser que admitamos positivamente como "mito" la  larga consideración del artista (consideración que fue órfica, trovadoresca, renacentista, romántica, simbolista, surrealista) como iluminado y maestro.  
Vicente Huidobro ha repetido una frase de Emerson: "El artista es el sabio verdadero", y por mi parte la suscribo sin caer en excesos. "Rayuela", por vías oblicuas y   humorísticas, apunta a esa zona, que sigue guardando su reserva para oídos poéticos; espero que mi edición sirva al menos para señalar ese rumbo de lectura.

¿Creés que la teología y la metafísica, como pensaba la escuela de Frankfurt, también son literatura fantástica? ¿La mística ha influido en la literatura fantástica?
Estoy muy lejos de lo que piensa la escuela de Frankfurt. Puedo escucharlos cuando hablan de economía o de política, pero a mi ver no han tenido gran afinamiento para apreciar la poesía, y tampoco la mística. Por eso esas disparatadas afirmaciones de que la teología y la mística son literatura fantástica. Solo puede hacer esas afirmaciones un racionalista extremo, o un positivista, para quien la verdad surge de la ciencia empírica (y aun en este caso, se trataría de la ciencia del siglo XIX, porque la ciencia del siglo XX ha superado la contraposición materia/energía y mostrado la legitimidad de un pensamiento de opuestos).
La literatura fantástica moderna nació en tiempos del positivismo. No era exactamente una reproducción del cuento folklórico, que siempre presentó casos maravillosos, milagrosos o simbólicos; obedecía a la mentalidad del escritor moderno, dubitativo entre la demitificación científica y su propia intuición de la realidad. El autor fantástico abogaba secretamente, en el siglo del positivismo, por otra realidad física, psíquica y antropológica, pero su labor queda como un devaneo estético, que produce la fruición del lector sin que se piense en una relación de la obra fantástica con la realidad.
El siglo XX trajo transformaciones muy profundas en el campo de las ciencias y de la filosofía. En el campo de la filosofía, se produjo una revolución significativa con la fenomenología de Edmund Husserl, su descendencia en la Fenomenología Existencial (Heidegger, Sartre) y otras secuelas importantes que han influido en las vanguardias y el surrealismo. Para decirlo de alguna manera simple, se valoriza en la filosofía un saber de experiencia, apartado de las ideologías, y sobreviene desde el campo filosófico una valoración del pensamiento poético, al que María Zambrano llama Razón Poética.
Estas son las regiones entre las cuales me muevo desde hace muchos años, y he producido varios libros teóricos en esta línea: "La mirada del poeta", Corregidor, 1996, y 2ª edición ampliada, 1997, por Amargord, Madrid; "Los trabajos de Orfeo", 2008, Universidad de Cuyo, Mendoza; "La poesía. Un pensamiento auroral", Alción, 2014, Córdoba.  
En cuanto a la mística... Por ahora te digo que el conocimiento místico está en la base de todas las religiones, pero también del arte y de los descubrimientos científicos.

En la contratapa de su libro "Fractal", Luis Benítez reflexiona: "El cuidado de la unidad de estilo ha sido entendido como aspiración, como logro del autor, como madurez de su obra. Pero sin embargo, cuando llega a su apogeo sólo tiene como futuro el decaer. Ello, porque ya no puede ofrecer el espectáculo de un dinámico desenvolverse, mutarse, metamorfosearse y, en consecuencia, lo que hace es detenerse." ¿Qué te suscitan estas líneas? ¿Es algo que te has planteado?
No, nunca me lo he planteado, porque creo profundamente en el estilo como la forma propia y adecuada de ese pensamiento poético del que he hablado. Y lo llamo pensamiento sin confundirlo con el pensamiento racional.
Para mí la causa de la pobreza poética advertible en los últimos tiempos -aunque sean muchos más los que escriben y publican-  proviene de que escriben desde una posición muy racionalista, que no permite aperturas o revelaciones. Jorge Enrique Ramponi, de quien fui amiga, hablaba siempre de un "estado de canto", una cierta alteración de la conciencia habitual que no siempre se daba, pero cuando ella existía promovía la palabra rítmica, la proliferación de las imágenes, la riqueza de la visión poética y en consecuencia del estilo. Preguntarse por el estilo desde la pura racionalidad es quedar fuera de lo poético.
Por supuesto, más allá de la propia voluntad, se dan en cada uno de nosotros ciertos cambios de expresión, acordes con los cambios interiores. Y también, a cierta altura de la vida, podemos reconocer la persistencia de muchos rasgos. Un habla, un "idiolecto" como dicen los filólogos, una cierta manera de mirar, una fidelidad a recuerdos o predilecciones infantiles, etc. En ese reconocimiento nos vamos afianzando, y hallando parentesco con otros escritores, a los que citamos y amamos.

Buenos Aires, Julio 2015

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Graciela Maturo, Santa Fe, capital de la provincia de Santa Fe (Argentina), 1928. Reside en la ciudad de Buenos Aires. Es Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Cuyo y Doctora en Letras por la Universidad del Salvador. Algunos de sus libros en el género ensayo son "Claves simbólicas de García Márquez" (1972), segunda edición ampliada (1977); "Marechal: el camino de la belleza" (1999), Premio Fondo Nacional de las Artes; "La opción por América. Ensayos sobre la identidad cultural de América Latina" (2009); "Cortázar: razón y revelación" (2014). Publicó, entre otros, los poemarios "Un viento hecho de pájaros" (1960), Premio "Laurel" 1958; "Habita entre nosotros" (1968), Premio Bienal de Literatura 1965-1966; "Canto de Eurídice" (1982), Mención de Honor de la Organización de los Estados Americanos 1967; "Memoria del trasmundo" (1996), segunda edición en 2000; "Cantata del Agua - Habita entre nosotros" (2001).