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Poesía
02 12 2014
Desarmado, elegía para una tierra sin nombre por Ana Paula Sánchez
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LETANÍA

Desarmado.
Ansioso.
Descosido.
Visito la ruina de todos aquellos valles
de la tierra que narró la nueva era
consumida por sus propias bestias.

 

CANTO I

El regreso es tan sólo eso
volver a presenciar el fuego y la sangre
el terror y el absurdo.
Tierra prometida
vértigo de Colón
sigues escupiendo miedo y devorando lava.

Nada es suficiente para ti
has visto la promesa de la civilización
aquella ilusión que el viejo mundo proyectó en ti
y por ti eres indomable
la dimensión de tu horizonte no tiene límite
nada vieron que pudieran haber concebido antes.
Nada pudieron ofrecerte.
Tú no les has recompensado.

Tierra sangrienta
devora a tus hijos
degolla el suspiro
dispara en el gesto
desoye mis palabras.

Tierra olvida mi rostro.
Niégame el nombre
no permitas que llore ante tu nobleza salvaje
no permitas que me incline
y ofrezca mi cabeza.
El ganador merece entregar su corazón
tomar el palpitante órgano
regar con éste tu suelo y dar de beber a la hierba.

Inútil ritual
belleza para los ciegos
de nada ha valido la ofrenda.

 

CANTO II

Hoy recorro el camino de vuelta.

Tierra ¿me has olvidado?
Como polvo y respiro ese vaho incendiario.
Se introduce en mi pecho
quema
cómo quema maldito aire maldito polvo.

Dime ¿qué es lo que hago aquí?
Mis pies se hunden en tu desierto
¿Acaso la sangre no bastó?
No respondas. Déjame admirar tu grandeza.
Heme aquí delante de la visión más desoladora
de frente y dubitativo.
Tengo la fuerza de la pregunta sin respuesta
la entereza del inocente.

Sé que te debo algo que no pienso pagarte.

Heme aquí dispuesto a despreciarte
a luchar por la identidad que te empeñas en borrar.
No valen más los pretextos
leves susurros balbucean inteligibles mensajes.

Soy tu hijo.
No el mensajero.
Soy el vengador.

 

CANTO III

Mil cabezas cayeron
todas ellas con un nombre y todas ellas lloradas
funerales de fragmentos.
Es soportable para una madre.
Es soportable para un hijo.

Inconexo ilógico patológico
herencia de aquel pasado es el gusto por desmembrar.
Las Casas ya lo contó rodando
las lágrimas al imprimir cada letra
cada palabra
verbalizar la barbarie
visualizarla y reconstruir el testimonio
sin borrar la huella.

Nuestro pasado
antes de la llegada del extranjero
después de la resistencia de su yugo
¿Cuándo fue eso?
¿Dónde aprendimos a decapitar al condenado?
¿Cómo aprendimos a juzgar bajo la omnipresente palabra del sádico?
¿Qué significan los ojos del dolorido?
Mil cabezas riegan los campos.

Quema tu aire

Te empeñas acaso en que no olvide
te empeñas acaso en que mire.
No hace falta
salta a la vista
Juárez Tijuana Guadalajara

Sierras y valles desiertos
están ahí buscando a quien los quiso
penando haber estado ahí cuando podrían haber estado allá.
Sus hijos les encontrarán
no pararán hasta rearmar los cuerpos.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Ana Paula Sánchez nace en Guadalajara, Jalisco (1975, México). Doctora en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). Se especializa en los diversos registros del testimonio textual y visual en la representación del viaje. Es licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara (México) dedicándose a la obra del ensayista y poeta Jorge Cuesta, miembro del grupo de pensamiento vanguardista Los contemporáneos. Actualmente es profesora en la licenciatura virtual de Gestión Cultural de la Universidad de Guadalajara y ofrece seminarios en la ciudad de Barcelona y en México. Ha publicado diversos artículos sobre las relaciones de la literatura y la fotografía en revistas especializadas, siendo Desarmado. Elegía para una tierra sin nombre (2014) su primer libro de poesía publicado.