Literatura
01 03 2003
“Prosas entreveradas” por Fernando Aínsa
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Entreverar: Mezclar, introducir algo entre otras. cosas// Dicho de personas, de animales o de cosas: Mezclarse desordenadamente //

Dicho de dos masas de caballería: Encontrarse para luchar.
(Diccionario de la Lengua Española Real Academia) Se abrió la temporada de caza La liebre no tiene la culpa del pecado original de Adán y Eva. Sin embargo, creada el sexto día del Génesis, no se sabe muy bien porque fue también expulsada del paraíso terrenal (las liebres no comen manzanas) y ahora anda a salto de mata por nuestros campos, esquivando los cartuchos de los cazadores. Como les pasa a tantos otros animales —codornices, patos y perdices— los justos pagan por los pecadores. Es más, son los descendientes de Adán, el presunto pecador, los que cargan las escopetas al hombro y los que cultivan y cosechan con ingenio y eficacia una gran variedad de manzanas. Los sutiles envoltorios del amor Su vida sin alicientes, sin otra mira que la del ras de las cosas al alcance de la mano, sin otra perspectiva que la de ir viviendo el día a día, cambió cuando la conoció a ella. Si otros lo despreciaban por su falta de ambición y por lo que llamaban su condición rastrera, ondulante y sinuosa, nunca directa y menos aún capaz de mirar a los ojos con franqueza, ella pareció descubrir el germen secreto de su personalidad y decidió ayudarlo. No tuvo problemas en envolverlo e ir creando los hilos de las sutiles dependencias que hacen del amor una atadura. Tejió alrededor de él, un delicado envoltorio que propició su entrega. Embriagado por el descubrimiento de los filamentos de una sensibilidad desconocida que sin violencia lo iban aprisionando, se fue paralizando y adormeciendo. Ya no salía en búsqueda del cotidiano sustento y, menos aún, disputaba a otros esos territorios próximos a los que se había limitado en el pasado. Se quedaba en casa, arropado en la tibieza de este nuevo nido, lejos de la memoria materna, pero cerca de aquella olvidada ternura. Llegó incluso, para hacer más total la entrega, a cerrar los ojos y a no levantar más las persianas cada mañana. Fueron felices aquellos sueños y por lo tanto más sorpresivo el despertar. Porque cuando decidió sacudirse y liberarse de las ataduras que ella con tanto cuidado había urdido a su alrededor, debió batirse, rebelarse de un modo que a sí mismo lo sorprendió, tan cauto y arrastrante había sido hasta entonces. Fue cortando, uno a uno, los hilos de esa dependencia, adquirió una progresiva libertad de movimientos y llegó incluso a izarse más allá del reducido espacio de su pasada vida. Al fin se sacudió con orgullo los últimos restos de su presencia y dueño de un nuevo poder, abrió sus alas multicolores y se lanzó a volar. Sin embargo, aunque no lo reconocería nunca, había sido gracias a ella que el gusano se había transformado en mariposa. Olvido continuado Ella me dijo al separarnos: —Seguro que te olvidarás de mí. —Sí –le confesé— me olvidaré de ti todos los días. Bodas de plata Para sus bodas de plata él le ha regalado un espejo antiguo. En la tarjeta del aniversario le ha escrito: “Para que cuándo te mires te veas como yo te veía hace veinticinco años”. Cambio de identidad Cuando A se despertó a media mañana en una cama en la que no se había acostado, junto al cuerpo desnudo de la esposa de B, su mejor amigo, llamó de inmediato a su propia casa. Se sorprendió ligeramente cuando B le respondió al teléfono y le dijo que no se preocupara por la tardanza: su mujer todavía estaba durmiendo. La rebelión de los objetos La cuchara sopera decidió no ser más cóncava. A partir de ahora sería convexa. Ese día la plancha se rebeló y empezó a arrugar las camisas. “El boomerang eligió la libertad y no volvió”, escribió el aforista polaco Stanislaw Jerzy Lec, antes de que lo detuvieran y condujeran al campo de concentración de Tarnopol. Cuando metió la ropa limpia en la máquina de lavar sabía lo que hacía. Por una sugerente conexión de las tuberías, el desagüe del lavabo desembocaba en la lavadora; una vez empapada con el agua jabonosa de las manos enjuagadas, cubierta de los pelos del peine sacudido bajo el grifo, la lavadora se conectó al fregadero de la cocina. Del sumidero llegó el aceite de la fritura de pescado diluido en detergente, algún fideo con salsa de tomate y el agua con lejía del trapo que había secado la encimera. Antes de poner la función de secado de la ropa recién ensuciada, la máquina de lavar pasó a una tercera cañería y recibió la descarga del sifón de salida del inodoro. Luego se sacudió satisfecha con los estertores propios de una centrifugadora, algo así como un ventilador. Zootecnia chilena Lo llamaban el caracol, por cornudo, conchudo, arrastrado y baboso. Formas geométricas irregulares El círculo familiar no es nunca perfecto. Alguien dijo que la distancia más corta entre dos puntos opuestos es la línea sinuosa. A toda excepción le gustaría encontrar su regla. Escrito en la pared del dormitorio de una sobrina que se levanta al mediodía: “Por la calle del ya voy, se va a la casa del nunca”. Moderno, pero triste Está al día; es un hombre moderno. Se compra todas las novedades tecnológicas, pero ahora está triste porque nadie le deja mensajes en su flamante contestador.

Se consuela repitiéndose:“Quién está solo, está también en el misterio”, pero se preocupa porque ha olvidado el nombre del autor de la cita. Cualquiera podría haberlo hecho Esta es la historia de cuatro personajes llamados Todos, Alguno, Cualquiera y Nadie que trabajaban en una Burocracia Ministerial. Había una tarea administrativa importante a realizar. Todos estaban seguros que Alguien lo haría. Cualquiera podría haberlo hecho, pero Nadie lo hizo. Alguien se indignó porque era el trabajo de Todos, pero Nadie se dio cuenta que no lo haría Cualquiera. Al final Todos protestaron a Alguno cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podría haber hecho. De eso se trata ahora Escuchado en Varsovia: cuando triunfó la rebelión, derribaron las estatuas, pero guardaron los pedestales. Pensaron que algún día podían serles útiles. Su amor por la patria no tiene fronteras. No te preocupes —me dijo Zarko Petan en Belgrado— donde escasea la libertad, la protege la policía. Al llegar a la Oficina de Inmigración le dieron a elegir entre dos puertas. Una decía “Entrada prohibida” y la otra “Sin salida”. Últimamente se preocupa mucho por el futuro de su nostalgia. Se trataba de eso: alcanzar un mundo nuevo reconstruido sobre la palabra antigua. Por eso, los cuentos infantiles de esa tierra empiezan : “Una vez será…” Escrito en una pared de un pueblo rumano: “Sólo trabajamos para poder bailar”. De lo que se trata ahora en el Cono Sur es cómo ejercitar la memoria, para aprender a olvidar. Consejo argentino: no te quejes hoy, porque mañana será peor. Aforismos leídos en varios idiomas y firmados por diferentes autores:

¿Y si hiciéramos las camisas de fuerza a medida? El mundo no sería normal si no tuviera locos. Cosas de escritores Para que los escritores desplieguen sus alas —decían los ornitólogos— necesitan la libertad de poder utilizar sus plumas. ¿Qué hacemos ahora frente a la pantalla del ordenador? El síndrome de la hoja en blanco, angustia recurrida del escritor pre-informático, se ha superado. A falta de inspiración, navega ahora al azar de las palabras encontradas en el buscador. Y navegando, piratea a gusto. Recuérdalo, por las dudas: todos los escritores inmortales se han muerto. Sigo asombrándome de que Octavio Paz pudiera haber dicho: “Déjenme solo, que soy muchos”. Era un escritor tan modesto que disimulaba sus pensamientos en los libros de los otros. Los libros deberían tener, como los potes de yogurt, su fecha de caducidad. Le dicen cabeza hueca; entonces, ¿por qué no tienen eco sus palabras? Los diez mandamientos del escritor 1. Te amarás a ti mismo por sobre todas las cosas 2. No mencionarás el nombre de Borges en vano 3. Seis días descansarás y uno escribirás 4. Te inventarás tu propia filiación literaria. 5. Si cometes parricidio generacional, será con pudor y disimulo. 6. No seducirás a la poetisa en busca de prólogo 7. No robarás las metáforas del poeta inédito. 8. No llamarás palimpsesto intertextual a la simple copia banal. 9. No desearás el éxito de ventas del prójimo escritor. 10. No eliminarás las comillas de las citas ajenas. Felicidad fácil Hay dos formas de ser feliz: una, hacerse el idiota; la otra, serlo. Debería ser fácil ser feliz. Basta desplazar una sílaba y cambiar una vocal: facilidad —felicidad.


 

ACERCA DEL AUTOR

Fernando Aínsa, escritor y crítico uruguayo de origen español, trabajó en UNESCO de París desde 1974 hasta 1999. Reside actualmente en Zaragoza (España). Ha publicado ensayos, libros de cuentos y novelas. Entre sus últimas obras de crítica y de ensayo figuran "La reconstrucción de la utopía" Buenos Aires y México; "Travesías", (2000). "Del canon a la periferia. Encuentros y transgresiones en la literatura uruguaya" y "Pasarelas. Letras entre dos mundos" (2002). "Espacios del imaginario latinoamericano. Propuestas de geopoética" (2002). "Narrativa hispano-americana del siglo XX. Del espacio vivido al espacio del texto" Zaragoza (2003). “Rescribir el pasado. Historia y ficción en América Latina” (2003). Algunos de sus libros obtuvieron premios en Argentina, México, España, Francia y Uruguay. Colabora en revistas literarias especializadas de Latinoamérica, EE.UU. y Europa.