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Narrativa
02 12 2010
¡Aprende a leer, no solo a observar…! por Jorge Sors
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Ciego, con los ojos bien abiertos observa pero no ve nada, todo está dispuesto frente a él, pero insiste en avanzar sin reparar en todas las formas que se abalanzan sobre él, figuras, letras y frases simples están ahí, pero no para él, que las vea otro.

Se levanta temprano y está acatarrado; con brusquedad manotea sobre la mesa de noche y agarra la medicina que compró la noche anterior, abre la caja y se consigue dos cosas: una papeleta que ha sido doblada como 200 veces y que se apretuja sobre el recipiente que contiene las tabletas, y el envase en sí que es la parte interesante del contenido; entonces se dice "yo compré esto para tomar las píldoras, no para leer un extendido compendio médico que contiene términos que no conozco, y en verdad no sé para qué gastan en esto, la idea básica es ingerir las pastillas, no comprar una caja que contiene un documento enorme como si fuera un galleta de la suerte que contiene un secreto de algo que me deparará tras consumir su contenido, así que venga, nada, a tomar como loco las píldoras que si fueran malas no las venderían, además ya estoy enfermo, qué puede ser peor".

Luego, llega a la cocina tras lavarse la cara y refrescar la vista con un poco de agua fresca en el lavabo, pero para qué si igual no va a distinguir nada, seguirá todo el día como si recién se hubiese levantado, es decir con la visión aletargada; allí toma lo primero que consigue en el refrigerador y se prepara algo que parece un desayuno, pero cuando lleva la primera cucharada a la boca resulta que aquello es incomible y dice "¿pero qué es esto, por Dios?, si lo compre ayer", pero resulta que en el supermercado nunca se percató de que estaba vencido, pues el empaque indica una fecha de caducidad, pero para qué la va a leer, se supone que si estuviese descompuesto no lo venderían, es más, se supone que esto es responsabilidad del establecimiento que lo expende, o en el peor de los casos, de quien lo distribuye, y salubridad debiese tener siempre estas cosas en cuenta, así que imposible, no puede estar vencido, pero resulta que sí, tiene más de 5 días de caducidad y se les pasó por alto, y ahora qué, pues el desayuno, a la basura y las tripas seguirán rechinando."

Sale de casa, camina hacia la cafetería de la esquina donde de seguro podrá tomar un desayuno reparador para ese estomago hambriento y llega a la puerta del establecimiento; hay un enorme letrero casi frente a su rostro que dice "JALE", pero él empuja y lo hace con convicción y con fuerza, la puerta no cede, pero él insiste hasta que se consigue a alguien del otro lado de la puerta, éste espera desde adentro para salir y comienza a empujar la puerta, la cual tampoco abre; tras unos prolongados segundos parece que por suerte se abre y ambos intentan pasar a le vez, o sea, lo usual. Bueno, ya adentro toma un diario y se sienta a esperar que lo atiendan, no es un lugar que frecuente, y menos desde que lo remodelaron y cambió de dueños; transcurre un tiempo y empieza a inquietarse pues nadie lo atiende, entonces se pone de pie y empieza a vociferar sobre la mala atención del lugar, a lo que uno de los empleados responde, "¿leyó usted el letrero al entrar frente a la caja que dice, "ordene directamente por la barra, pida su cuenta y cancele antes de sentarse, gracias. La Gerencia?" pues era obvio que no, así que deja el diario sobre la mesa, se acerca a la barra pide disculpas y ordena con un tono suave "deme dos croissants de queso, un café grande y un jugo de naranja natural. Ah, y agregue media cajetilla de cigarrillos"; al recibir lo ordenado se dispone a cancelar con la cuenta en mano, llega a la caja y la cajera le dice "son 75", a lo que él responde "¿Qué?, pero si yo no ordené todo lo que está expuesto en la vitrina", y la cajera le responde, "amigo usted no leyó los precios de cada ítems que están en el enorme letrero sobre el aparador, que especifica todos los productos a la venta y su respectivo costo", a lo que el hombre no respondió, canceló lo que debía y se sentó. Empezó a tomar su desayuno mientras ojeaba el diario; se topó con un clasificado de su interés que decía: "vendo Audi A4, hidromático, asientos en piel, año 2007, color azul, perfecto estado de latonería y pintura al igual que en el interior, casi como nuevo, matriculado y con todos los documentos en regla, listo para la firma…"; toma el teléfono móvil y marca el número indicado; al contestar el vendedor al otro lado de la línea, aún con un trozo de croissant en la boca y a medio tragar el café, "sí, buenos días, llamo por el coche que vende, ¿es hidromático?", a lo que el vendedor responde "claro", y luego pregunta, "¿de qué año es?", y del otro lado de la línea le contestan "2007", "Ahh", dice el hombre y vuelve a preguntar "¿pero el auto tiene los documentos en regla verdad?", y le respondió  "sí, sí, sí", y todavía tiene el coraje de preguntar "¿qué color es que tiene el vehículo?", a lo que le vendedor le contesta "¿no ha leído usted el anuncio en el periódico donde especifica todas las características del coche?"; el hombre se molesta y le dice "pues sí y la verdad no me interesa" y le cuelga la llamada dejando al vendedor hablando solo. Se pone de pie, cierra el diario y lo pone bajo su brazo y comienza a avanzar, los dependientes lo observan con ira, pues éste sale del local sin recoger la bandeja con los desperdicios que ha dejado sobre la mesa: está claro que no leyó el letrero que dice "al terminar  de comer por favor deseche los desperdicios en la basura y coloque la bandeja en el mostrador. Gracias  por su colaboración. La Gerencia".

Atendiendo a una entrevista de trabajo que leyó el día anterior en el diario toma el autobús y se dirige al lugar indicado por el aviso de prensa; al estar unos 15 minutos en ruta, comienza a prestar algo de atención a su entorno y se da cuenta de que el autobús que tomó no va en la dirección deseada; se pone en pie y comienza a gritar al conductor, "ehhh, dónde va usted, ésta no es la ruta del bus, ¿adónde cree que nos lleva?, ¿le parece que puede hacer lo que le venga en gana, haciéndole perder a uno el tiempo cuando está más apurado?", el chofer de la unidad aun en su entera compostura le responde "señor disculpe, ¿hacia a dónde se dirige usted?", el hombre  le contesta "a la estación central, en la Plaza Metropolitana, cerca del Ayuntamiento y por su culpa voy a llegar tarde, cómo puede usted tomar una nueva ruta arbitrariamente", y el conductor le contesta "¿usted no leyó el cartel en el frente y el dorso del autobús que pone "Colina Tarina, Avenidas #6, 7, 8 y 9, Avenidas Santander y Valle del campo?, porque  lo dice bien grande, está muy bien rotulado para evitar confusiones por parte de los usuarios", el hombre se queda callado por un instante y le dice, "por favor déjeme bajar en la próxima parada", a lo que el conductor le contesta, "claro, con mucho gusto". El hombre baja del autobús maldiciendo y enfurecido, y aun dudando se voltea rápidamente y contempla perplejo el letrero que puntualiza la ruta que le especificó el chofer de la unidad, y siguió su camino dando vistazos espasmódicos hacia la calle tratando de encontrar un taxi que le llevase rápido a su destino, pues ya estaba sobre la hora. Por fin logra tomar un taxi, lo aborda y le dice al conductor "por favor lléveme lo más aprisa que pueda a la plaza frente al edificio del ayuntamiento en el centro", el chofer le da los buenos días y le dice "claro, estamos en ello".

Al llegar a destino el hombre abre la puerta y le dice al chofer del taxi "dígame cuánto le debo aprisa que voy retrasado", éste le contesta "son 40", el hombre se le queda viendo fijamente y le dice "¿Cuánto?...", y le vuelve a repetir el conductor "son 40, señor, por el traslado", el hombre le dice "está usted loco, cómo me va a cobrar esa cantidad, usted no me llevó al aeropuerto solo me trajo a unas 4 cuadras de donde lo abordé", y el chofer le contesta "señor, ¿leyó usted la tabla de precios sobre cada destino que se encuentra adherida frente a usted?, porque allí están establecidas las tarifas y hasta aquí ése es el monto, además usted tampoco me preguntó ¿Cuánto cuesta el traslado?, así que págueme"; el hombre apurado tomó el dinero y se lo arrojó al taxista con rabia y cerró la puerta con brusquedad, siguió su camino apresurado, pues ya iba tarde.

Llega al edificio y se presenta en el mostrador de la recepción en el hall de entrada y un vigilante le dice "buenos días, hacia dónde se dirige usted", el hombre le dice "amigo, llevo prisa, voy a una entrevista de trabajo y voy retrasado, es en el piso 6 -creo- no recuerdo cómo se llama la empresa, pero por favor ya no me retenga más"; el vigilante le contesta "no puedo dejarlo pasar hasta tomar sus datos y saber hacia dónde se dirige específicamente", el hombre le contesta" pero usted qué se cree, ¿no ve que usted lo que hace es entorpecer y se cree policía o qué?, voy a pasar y no me importa lo que usted me diga", y avanza por el pasillo; doblando a la derecha se consigue unos torniquetes y dos guardias apostados a cada lado de ellos, el hombre llega hasta ellos y les dice "por favor, llevo prisa debo entrar"; uno de los vigilantes le dice "¿y su pase de entrada, el que lo identifica dónde está?, debe colocarlo en un lugar visible y éste le servirá para abrir el torniquete", el hombre le responde "no sé a qué se refiere,  yo  sólo necesito pasar, ya le dije que estoy apurado", y el otro vigilante le contesta "no leyó usted el letrero que está en la recepción al entrar que dice en letras grandes "favor identifíquese, le será entregado una tarjeta de acceso que le permitirá ingresar a las instalaciones, deje sus datos con el personal de vigilancia y hacia dónde se dirige para recibirla, gracias. Seguridad", y el hombre le contesta "PUES NO, no lo leí, o sea que no puedo entrar", y el vigilante le contesta "pues debe proceder según el procedimiento o no podrá pasar al edificio"; el hombre sumamente molesto se da media vuelta y llega hasta la entrada, sigue el procedimiento tras recibir la mirada escrutadora del vigilante que lo observa detrás del mostrador y éste le entrega la tarjeta de identificación, sigue adelante y entra, toma el ascensor y se presenta frente a la puerta de la oficina, observa hacia adentro, pero un vidrio tipo espejo no le deja ver hacia el interior y desesperado toca el timbre repetidas veces, quizá más de 10 veces, la puerta se abre y la secretaria del despacho le dice "señor, ¿no leyó usted el letrero que dice "favor, toque el timbre solo una vez, y espere a que le abran. Gracias. La Gerencia?", el hombre ya obstinado le contesta "¿ésta es la oficina de Gestión Empresarial?, porque me está haciendo perder el tiempo, tengo una entrevista de trabajo y llego tarde", la mujer le contesta "pues no, ya veo que tampoco leyó el letrero que dice "Marganto – Roca & Asociados", el hombre se da media vuelta, no le contesta y ella remata diciéndole "y también es obvio que no vio el piso en el que se bajó, porque la oficina que busca está dos pisos más abajo", y cerró la puerta frente a él; el hombre baja por la escalera a toda prisa y llega hasta la oficina correcta, entra y toma asiento; una señorita se le acerca y le dice "amigo, en qué le puedo servir", y el hombre le responde "pues vengo por la entrevista, yo llamé esta mañana y aquí estoy, me ha sido toda una odisea llegar aquí"; la mujer le responde "¿no leyó usted en el anuncio que era hasta las 3 de la tarde y son las 5?, además especificaba que los candidatos debían presentarse en traje formal y usted no viene vestido adecuadamente"; el hombre se puso de pie y le contestó "definitivamente hoy no es mi día", y ella le responde "amigo, pero es que usted debe aprender a leer con detenimiento porque si no, la verdad es que le va seguir pasando esto"; el hombre se da media vuelta y le contesta, "la próxima vez ponga usted un letrero que diga 'se solicita lector con experiencia'" y se fue.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Jorge Sors, venezolano de nacimiento y checo nacionalizado, nacido en 1980. Administrador y constructor de profesión, escritor, bohemio, artista plástico y poeta de vocación. Depositario constante de sus narrativas y prosas en su blog para ser digerido por quienes deseen recibir una bocanada de aire fresco, una palmada en el hombro y si estas somnoliento una bofetada directa que te traiga de vuelta a la realidad. Se funde en temas cotidianos, religiosos y hasta surrealistas. Actualmente escribe sus primeras novelas en las que desentraña su faceta más obscura.