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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Opinión
4 7 2009
¿Qué reclaman las etnias de la Amazonia peruana? por Linda Lema Tucker

Hoy he vuelto a ver fotos dolientes que llegaron por Internet y pienso en los momentos de horror que vivieron los indígenas del los pueblos Awajun y Wampis, hombres sabios, dignos y altivos que el gobierno de Alan García se niega a reconocer sus legítimos derechos. La mirada de estos valerosos caídos ha quedado impregnada en nuestra mente. Es la fuerza indígena que nos convoca a continuar luchando por una patria para todas las naciones. La brutal masacre indígena del 5 de junio, jamás será olvidada. Desde aquí nuestro reconocimiento al sacrificio y la firmeza de los hermanos que lucharon para defender sus territorios y cuyo fruto es la derogatoria de los decretos legislativos 1064 y 1090.

Se espera que la propuesta de constituir el Grupo Nacional de Coordinación para el Desarrollo de los pueblos Indígenas tenga seriedad política y criterio técnico y no sea una mecedora más para los pueblos amazónicos. La Resolución Suprema 117-2009-PCM, publicada el 11 de junio, señala que el Grupo Nacional, luego de instalado tendrá un plazo de tres días para elevar al Presidente del Consejo de Ministros, el Plan integral de desarrollo sostenible. Pareciera que este Plan apresurado podría ser una burla más para los pueblos amazónicos. ¡Ojalá que esto no ocurra!

Sin embargo, el sufrimiento no sería tan duro si no tuviéramos el valor de reconocer que los gobiernos que han mandado en el país, siempre engañaron a los pueblos indígenas. Ahora, estos pueblos han crecido y están en condiciones de decirles:¡Basta ya!

 

Los indígenas amazónicos reclaman derechos históricamente negados

Desde hace muchos años, los pueblos amazónicos vienen reclamando respeto a continuar viviendo sus vidas en armonía con la madre naturaleza. Ese proceso no ha sido fácil. Ha sido trágico. Hoy la vida indígena está en peligro.

¿Qué reclaman?  Sus reclamaciones están relacionadas con derechos indígenas: el derecho a la autodeterminación, a sus territorios ancestrales y a ser consultados sobre el uso de los recursos naturales que albergan, a defender el medio ambiente y al reconocimiento de su identidad, demandas consagradas en el derecho internacional. Sin embargo, nunca se atendieron estas peticiones. Hasta hoy, no fueron escuchados. O si fueron escuchados, no los atendieron. Ningun gobierno los protegió ni reconoció sus derechos. Distintos mandatarios, con insana indolencia, usaron discursos y símbolos indígenas, pero en el poder los olvidaron y traicionaron. Y sin respeto alguno han concesionado sus territorios a las empresas extranjeras transnacionales.

El gobierno de García, con su política de "puertas abiertas" para las empresas transnacionales, ha intensificado la ocupación de la selva, buscando integrar la Amazonía al sistema neoliberal. Para tal fin perpetuó el avance de estas empresas en la espesura de la selva, procurando la extracción de petróleo, gas y madera y siembra de caña de azúcar y palma aceitera. Los grupos económicos poderosos, extranjeros y nacionales obtuvieron con la explotación de esas riquezas inmensas ganancias. Así, a finales de 2006, García empezó a conceder enormes extensiones de territorios indígenas en la región del Amazonas y Loreto para la explotación de la minería y la energía a multinacionales extranjeras. Estas concesiones violaban el Convenio 169 OIT que obliga al gobierno peruano a consultar y negociar con los indígenas lo que tenga que ver con la explotación de sus tierras y ríos.

Es el caso, por ejemplo de los territorios de las comunidades Achuar y Aguaruna-Huambisa, zona alta de la selva, en la región de Amazonas, Loreto y San Martín donde estallara el conflicto del 5 de junio. En esta zona, desde diciembre del año 2006, Alan García ha entregado seis lotes a compañías petroleras y cuatro fueron concedidos antes. En abril de este año, García suscribió un contrato con Olympic Perú, una sucursal de la matriz estadounidense, para que esta se hiciera del lote 145, de una extensión de 500 mil hectáreas, ubicadas en la cuenca del Bagua (departamento de Amazonas) donde habitan las comunidades aguarunas. Estas demandan la derogatoria de los decretos legislativos dados a espaldas de los nativos. Los millones de hectáreas concesionadas han afectado los ríos, la flora y la fauna. Es decir, la vida de los pueblos indígenas, como también ha destruido el equilibrío regional, la biodiversidad y ha generado el conflicto de los pueblos indígenas amazónicos con el Estado peruano.

Hay que destacar que mientras los beneficios de las multinacionales llegan a un increíble 50%, y los ingresos del gobierno superan los mil millones de dólares, los pueblos y las comunidades indígenas viven en condiciones de extrema pobreza.

 

El gobierno de García se enfrentó a los Pueblos Indígenas Amazónicos

Un pueblo es más de un conglomerado humano. Para la OIT, Convenio 169, un pueblo indígena adquiere una categoría de colectivo social y está compuesto por territorio, lengua, formas de vida, cultura, derechos consuetudinarios. En los sucesos de Bagua, el gobierno se enfrentó no sólo a la población amazónica, sino a los grupos étnicos, que hoy conocen cuáles son sus derechos y solicitan la aplicación de los mismos. Se enfrentó, además, a uno de los pueblos más dignos y guerreros de la amazonía, el pueblo indígena Awajun.

Pues, bien, en los últimos años se evidencia un franco proceso de maduración política de los pueblos indígenas peruanos, en particular de los amazónicos que han adoptado una perspectiva ideológica indígena que los hace diferentes a los movimientos sociales de la sierra.

Se ha dicho que en los hechos de Bagua, existió una conspiración ideológica extranjera. Esto no es verdad. Tal apreciación no corresponde a la verdad, es consecuencia de una total ignorancia sobre la realidad peruana. Lo cierto es que, desde hace muchos años, las organizaciones amazónicas lideradas por la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), tomaron conciencia de la matríz indígena de sus culturas. Conviene destacar aquí el liderazgo del Pueblo Awajun, cuyos rasgos culturales específicos explican bastante bien esa condición avanzada. Este pueblo, en particular, ha transitado por un proceso de reinvención de identidad dejando de lado las impuestas desde el exterior, a partir de nuevas bases conceptuales. Por ejemplo, han rechazado la designación vaga y poco consistente de indios, posesionándose la de “nacionalidades” y “pueblos indígenas”.

Esta perspectiva cultural es asumida por los pueblos amazónicos con dignidad y altivez. Más de una vez, he escuchado entre los hermanos indígenas decir: “eres tú, un awajun”, una designación que obliga a respetar a ese awajun, como  lo exige la tradición de sabiduría y valentía de ese pueblo.

Además, García no tuvo en cuenta que los Awajun y Wampis, predominantes en Bagua, son fieros y no pudieron ser conquistados por los españoles, ni por los caucheros. Róger Rumrril ha explicado, que cuando se invade el territorio awajun, o cuando se mata a uno de ellos, se les declara la guerra. Pero, también, los awajun demostraron su temperamento, peleando en la guerra contra Ecuador y en las rondas contra Sendero Luminoso.

¿Cómo podía entonces Alan García considerar a los pueblos indígenas como terroristas, como “perros del hortelano”, de no querer el desarrollo del país, cuando ellos defienden, desde hace 30 años, un desarrollo que refleje nuevos patrones culturales, y mantenga una relación respetuosa con la madre naturaleza?

A pesar de todo, el gobierno decidió imponer la política de la “mano dura”, y envió a Bagua una gran fuerza militar con las órdenes de "tirar a matar" a los pobladores, desalojándolos violentamente de la carretera Fernando Belaunde Tery, en Bagua. Las muertes de hermanos indígenas y policías caídos en este enfrentamiento nunca debieron ocurrir, y hoy enlutan el país. Por eso es extraña, la extrema insensibilidad que hace alarde el gobierno, cargado de arrogancia y con una actitud humillante hacia aquellos que denomina “salvajes” y “perros del hortelano”.

En las pantallas de la televisión vimos dolorosas escenas de la masacre de Bagua (Amazonas). Un ensordecedor mensaje conmovió a millones de peruanos: el reclamo de una valerosa madre Awajun reclamando al presidente García, la muerte de su hijo: "Escúchanos, por favor, señor Alan García: ¡Tú eres culpable porque nos has exterminado! ¡Nos estás matando! ¡Nos estás vendiendo! ¡Tú eres el terrorista! Nosotros defendemos nuestro territorio sin uso de armamentos, nuestra única arma de defensa es sólo lanzas y palos que no son de largo alcance y no es para matar como tú lo has hecho con nosotros. ¡Tú nos exterminaste usando armamentos, balas, helicópteros y los mataste a nuestros hermanos, hermanas, estudiantes, profesores, hijos! ¡Alan, te pedimos que vengas acá en nuestro territorio para que nos pagues de las deudas que tienes con nosotros! Alan, tú eres vende patria, vendes indígenas, vendes nuestros recursos naturales: oro, petróleo, agua, aire, contaminas nuestro medio ambiente y así nos dejas más pobres como nos estás viendo ahora cómo estamos y quedamos. Nosotros los awajún-wampis no te hemos elegido para que nos extermines, sino para que nos ayudes, des estudios a nuestros hijos que ahora has matado. Nosotros no te hemos quitado tu propiedad privada, no hemos matado a tus hijos, tu familia, ahora por qué tú nos acabas. ¿Ya nos exterminaste, ahora quedamos sin nada!" (Tomado del blog de José Carlos Orrillo)

 El 11 de junio, miles de peruanos dolidos por las muertes de los hermanos indígenas y los policías, salimos a las calles para protestar por los hechos de sangre ocurridos contra los awajun, los grandes pioneros de reinvención de la identidad indígena amazónica, y por los policías caídos. Estuvimos al lado de los hermanos shipibos con quienes nos abrazamos y fortalecimos en el dolor. Estábamos afligidos, pero no derrotados. Esa altivez y transparencia de afectos y formas de ser amazónica, siempre convocan a continuar caminando juntos para construir una patria nueva donde se respete y se reconozca los derechos de todos los pueblos y naciones que constituyen el Perú. No es casual que ahora miles de ciudadanos hayan tomado conciencia de que la visión del Perú ha cambiado.

Dos concepciones de vida y dos visiones de desarrollo

La situación actual confirma que en el Perú conviven dos concepciones del mundo y dos visiones del modelo de desarrollo. “La visión occidental defendida por el gobierno concibe a la tierra – naturaleza como una mercancía, que se vende o se concesiona a las empresas sean nacionales o transnacionales. Desde la cosmovisión indígena, la naturaleza y el territorio son organismos vivos, que establece un tejido familiar que no se agota en lo humano, involucra al medio ambiente y trasciende a lo sagrado. Por estas razones, la propiedad colectiva de los pueblos indígenas no puede someterse al juego de mercado”. (Duro golpe a las comunidades nativas y campesinas en el Perú y la resistencia indígena es anunciada en el Perú”, L. Lema T., Lima, 2008).

En el estudio sobre la cosmovisión andina-amazónico de Grimaldo Rengifo el autor explica la cosmovisión indígena de la siguiente manera: “Al nacer el niño ya tiene como padrino a un río, o un árbol a una deidad que será el que lo ampare por el resto de la vida (…) Y es que el niño es fruto de la unión exitosa de sus padres biológicos, pero también es vivenciado como hijo de la Naturaleza o deidades protectoras de su comunidad. En este sentido tiene ya parientes sagrados”.(G.Rengifo: Niñez y ayllu y cosmovisión andino – amazónico”. PRATEC. Lima, agosto, 2002).

El modelo de desarrollo neoliberal trastoca ésta relación del indígena con la Madre Naturaleza. En nombre de un errado concepto de desarrollo, el Estado permite la deforestación de grandes extensiones de bosques a favor de empresas nacionales y transnacionales para la inversión de las plantaciones aceiteras, caña de azúcar y otras. Para nadie es desconocida la contaminación de los ríos con el plomo y otros metales pesados y sustancias tóxicas como resultado de la actividad minera y de la extracción de manera irresponsable del petróleo. En la medida en que la visión mercantilista siga primando en la explotación de los recursos naturales como objetos cambiables por dinero, se seguirá abusando de los territorios indígenas y de sus recursos naturales, poniendo en peligro la vida de los pueblos y las naciones amazónicas, del país.

La lucha amazónica iniciada por los pueblos indígenas por la derogatoria de los decretos leyes, va mucho más allá. Cuestiona el modelo de desarrollo neoliberal impuesto por el fujimorato y continuado por Toledo y García. Sabemos ahora, que los pueblos indígenas han afirmado su identidad, y seguirán luchando contra este modelo, planteando en su lugar, la no subordinación a los poderosos intereses de las transnacionales; mostrar con dignidad la identidad, las culturas ancestrales y el vínculo íntimo de los seres humanos con la madre naturaleza.

 

¿Injerencia extranjera en la sublevación indígena?

El gobierno acusó que en los sucesos de Bagua, hubo ingerencia extranjera de los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales, acusados de haber financiado la protesta amazónica, citando como “prueba” una carta de apoyo que el presidente de Bolivia envió a una conferencia intercontinental de las comunidades indígenas. Hemos visto a través de testimonios de la población y sacerdotes de la zona, que en los 52 días de paro, los valerosos pobladores del pueblo Awajún y Wampis pasaron hambre, comían una vez al día y dormían en la carretera. La población civil de Bagua se solidarizó con los hermanos indígenas llevándoles alimentos y frazadas. Dicha acusación es una falsedad más del gobierno que no logra entender que los pueblos indígenas no desean el actual modelo económico de desarrollo.

Pedimos al gobierno que cese la persecución a los Apus y líderes indígenas, quienes son portavoces oficiales de la posición de los pueblos y comunidades afiliadas a AIDESEP. Porque, ante las muertes y el repudio internacional, el gobierno ha acusado al líder indígena, Alberto Pisando Chota, por los delitos contra la tranquilidad pública, rebeldía y responsabilidad intelectual en la muerte de policías en el desalojo y asesinato de nueve policías retenidos en la estación número 6 de la empresa Petroperú, en la zona de Imacita (Amazonas).