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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Narrativa
7 3 2009
La carta de pasar en silencio (pretextos) de Milagro Haack

Las dos orillas

“Ah, si me vuelvo
ese pasante ya
no es sino bruma.”
Misoaka Shiki.

En la otra orilla, el tiempo se ha detenido, las paredes de los árboles no dejan ojear el horizonte. Sólo se sabe que en la otra orilla está sentada una dama con un sombrero rojo. No saben nada de ella, sólo que la esperan.

Pasan días y todavía esperan su llegada, piensa, la dama con sombrero rojo, mirando la otra orilla, tomando el olvido de un sólo sorbo de su tormenta. Repasa la carta, donde la invitan a la otra orilla. Pero cómo le llego. Recuerda al joven con parecidos ojos, haciendo una cruz entre el horizonte y el espacio cuando se la entregó, esperando que la leyese, luego con un gesto tendió la mano hacia delante y para que lo acompañase; se excusó, con —aún no—.

La calle en su anchura hasta se puede saltar. Pero, falta algo, nadie sabe qué es, igual, la mujer está allí, sentada, tratando de atenuarle a los de la otra orilla que ellos, no recuerdan nada; por eso está del otro lado.

Nublado evoca el parecido, no resucitan su inseparable sombrero rojo, ella, la madre, es la recién llegada siendo pariente de las dos orillas. Y se pregunta por qué el olvido como un relámpago ajeno cayó sobre la media orilla donde se encuentra.    

 

 

 

Final coherente

“…mis ojos están ya inertes, mientras la visión persiste, viva, intacta, flotando en lo eterno, en la magia del tiempo."
Antonia Palacios

Estando un rato distante de las noticias, para salir temprano de la casa y enviar el cuento a un amigo de Chile. Me entretuve corrigiéndolo, ya que no quería ser muy extensa. Pero, algo se detuvo, algo gris comenzó a cubrir las ventanas; aún así, continué con el oficio.

Fui a la cocina por otra taza de café, ya que el frío estaba apoderándose del piso. Entonces, entró, el sonido, vaya sonido, tembló hasta los marcos de las ventanas, pensé que se podía haber roto uno, por ello, los revisé todos.

Vuelvo al escrito, ya veo que el cuento tiene más palabras, pensé en leerlo, pero otra vez el sonido, el estruendo, no me deja culminar la idea.

Entraron los ladridos de los perros de la cuadra, entretanto, permanecí contando palabras, no deseaba pasarme de lo anunciado. Después, fui a bañarme, preparándome para salir. Me vestí rápido, aunque, seguían aullando los perros, los gritos de un vecino eran ya inevitables omitirlos, y tomé el teléfono para llamarlo, no pude, no había tono; no obstante, no sentí preocupación, aunque nada era normal; el estruendo, el grito, para tomarlo sin importancia. Sentí un escalofrío, me tomó por sorpresa, pensé que era por la larga lluvia desde la madrugada.

Los helicópteros comenzaron a sobrevolar sobre las casas, el ruido, era más fuerte. Me dispuse a salir, cuando un torrente de lluvia me esperaba y entró por la puerta al abrirla. Mojada hasta las rodillas, traté de salir, pero lo más, impresionante de todo, es que la casa de mi vecino ya no se veía, estaba bajo el agua, mientras, yo, escribía un cuento de doscientas palabras.

 

 

 

Ajustes de cuenta

“La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho,
libre ya, se abría en lenta inspiración.”
Horacio Quiroga

Arruina  y tuerce la piedra de su ignorancia. La vida pasa oculta en el brillo perdido de un sueño. El frío le alerta sobre la herida, y continúa sentado en la acera, creyendo que la sangre se había detenido al llegar a la esquina de su casa. Pobre, su sangre continuaba saltando a chorros como esas cañerías que se rompen y nadie viene a socorrerlas porque están cerca de su misma gente apestando por muerta. Recordé a Quiroga, será que piensa que no le dispararon treinta y tres veces, que parece un colador en medio del callejón, no ve un sólo agujero en su cuerpo, piensa acaso, regresar junto a su mujer con la caja larga, envuelta en papel de regalo donde está el paraguas nuevo que le compró.

 

 

 

Por encima del hombro

"Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien"
Sylvia Plath

 

Abrazó una moneda, la lanzo al aire, la dejó en mi mano mirándome a los ojos. Tu turno, dijo riendo, aquel personaje en atrevida visita.

Sentí un escalofrío, escuchando el canto repetitivo del cristofué con una leve distancia entre nosotros, le espanté con este último vistazo del día. Era la primera vez que sabía que estaba sola en muchos años.

Afuera, un reflejo se disipaba en la compuerta de la carroza, con un color muy gris en la piel. La vestimenta era diferente a mi gusto, y sin zapatos. Otra mujer, auténticamente distinta a lo que soy: una mujer de edad, pero, libre.

Después de mucho tiempo, pensé, si había algo distinto en esta mudanza. Me pregunté a quién encontraría. Sabía una sola cosa, que me habían encontrado de nuevo y está vez ni con un collar de oraciones escaparía. Dejé de andar por los rincones de la casa, ya no había una razón de peso para no dejar, todo como estaba, mientras, el canto seguía afuera.

Ya estaba en otro día. Les confirmé a todos de irme a vivir al cementerio, sin haber envejecido lo suficiente. Recelosa, no deje de mirar a la otra mujer por encima del hombro.

(Del Libro inédito: La carta de pasar en silencio (Pretextos), Milagro Haack, 2000-2007).

 

acerca del autor
Milagro

Milagro Haack, Valencia,(Venezuela) 1954. De profesión terapeuta ocupacional. Estudios de teatro en la Escuela “Ramón Zapata”. Egresada de la Escuela de Ballet dirigido por Nina Nikaronova, de la Escuela de Arte Arturo Michelena de Caracas. Ha publicado los poemarios: “Temple Ajeno” (1990), “Puertas que no me Pertenecen” (1991), “Luto de otra Boca” (1992), “Cuarto de Ceniza” (1994), “Antología Poética, La rama bifurcada”, Poetas del Estado Carabobo (1986-1994), “Cenizas de Espera” (2003), “Cinco mañanas juntas” (2003), “Lo callado del silencio” (2004). Mencionada en la IV antología de la Asociación de Escritores de Mérida (2008). Ha laborado en el Ateneo de Valencia. Recibió un Accésit en la Bienal Latinoamericana José Antonio Ramos Sucre por su libro “Relámpago entre dos” (2007). Actualmente dirige un Taller de literatura y orientación poética: http://milagrohaack.com.