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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Narrativa
1 11 2013
Vías muertas de Susana López, por Ricardo Bosque

Evidentemente, a poco que uno eche un ojo a la sinopsis de la novela, lo primero en lo que va a pensar es en Francisco Gracía Pavón, precursor del género policial en España, creador del subgénero “negrorural” y, por supuesto, padre de los inolvidables Plinio y don Lotario, policía municipal y veterinario respectivamente, manchegos ambos de Tomelloso y especialistas en desfacer entuertos y describir de paso la vida cotidiana en la España más provinciana de los años sesenta y setenta especialmente.
Porque dice la sinopsis que Vías muertas transcurre en el castellano pueblo de Ribajo, Segovia, y eso ya te lleva a pensar en García Pavón, claro. Y sí, tenemos costumbrismo rural en cada una de las esquinas del libro, con sus cotilleos, sus correveidiles, su cacique intocable, su cura guapetón, su comisario inepto y tan sumiso a la jerarquía social como déspota con sus subordinados…
Pero tenemos también un fantástico despliegue de personajes perfectamente dibujados, empezando por el protagonista, el policía Argimiro Pérez Jiménez y su peculiar sentido del humor siempre a flor de piel, su peculiar visión de la vida y de la suerte desde que, por azar, se libró de un atentado terrorista en el País Vasco y, de rebote, de su mujer, que se fue con otro…
Como igual de bien descrita está la ayudante que le caerá en desgracia, la sobrina del comisario Gámez, mujer fea, desgarbada -”los hombros caídos como una botella de Calisay”, dice de ella Susana López, quien hace de las originales descripciones uno de los puntos más destacados de la novela- altiva e insoportable para quienes la rodean…
Y Daphne y Olvido, las mujeres muertas, dos generaciones diferentes y las verdaderas protagonistas de la historia por presencia y ausencia, pues los acertados saltos hacia adelante y atrás en la trama nos llevarán a conocer no solo los avances de la investigación sino sobre todo los motivos de su muerte y, por ende, el opresivo ambiente que la hizo inevitable.
Y García y Fuentes, los agentes que servirán de apoyo al inspector, tan diferentes entre sí y tan complementarios al mismo tiempo.
Si a tan buen plantel de personajes le añadimos una trama muy correcta, una narración firme, un exquisito uso del lenguaje y el acierto con que la autora nos aleja de los cotidianos escenarios urbanos tan propios de la novela negra o policíaca para acercarnos a otros menos habituales pero igualmente negros, el resultado es una novela francamente notable con la que cualquier aficionado al género disfrutará de principio a fin.
Yo lo hice antes de que empezase el verano y me he tenido que morder la lengua durante dos meses esperando a poder contarlo. Tú no tienes por qué esperar a leerla.

acerca del autor
Susana

Susana López, Erandio, Vizcaya, 1963. Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco y Master por la Universidad de Mondragón, ha ejercido como profesora en varias universidades españolas (Navarra, Valladolid y País Vasco). Gran parte de sus publicaciones son trabajos de investigación sobre el mundo de la comunicación. Hasta ahora, su faceta en el ámbito de la literatura de ficción se ha desarrollado, sobre todo, en el género del relato breve, siendo galardonada con el Premio Iparraguirre por su cuento “Ausencia de madre” y en el Certamen del Foro de la Memoria Histórica de Córdoba (España) por “La infancia usurpada”, ambos publicados. Ha colaborado en la revista literaria boliviana La Letra Libre, ha dirigido también un taller local de escritura creativa y cuenta con un blog sobre literatura y actualidad. Con “Vías muertas” se adentra por primera vez en el género de la novela.