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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Narrativa
1 11 2013
¿Quién es Preguntón Cerrado? por Odilón Moreno Rangel

Cuando nació Preguntón Cerrado, no lloró como cualquier recién nacido, sino que dijo "¿Qué es?". Aquel mediodía de finales de marzo después que el cirujano hubo extraído con precisión al niño del vientre materno, la mamá quiso saber el sexo de su criatura.
–¿Qué es? –inquirió con mucha ilusión y antes de que el galeno pudiera decir palabra alguna, el recién nacido repitió la pregunta:
–¿Qué es?
Ninguno de los presentes en el quirófano, incluso la madre daba crédito del prodigio. El ginecólogo, el anestesista y hasta el pediatra neonatólogo, pensaron en decir "¿Cómo es posible?", pero el recién nacido se les adelantó e hizo las siguientes preguntas:
–¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son ustedes?
–¡Habla! –exclamó el ginecólogo.
–¿Hablo? ¿Por qué hablo? ¿Qué es hablar? –soltó el niño, y así siguió preguntando hasta el fin de sus días.
Preguntón planteó miles de interrogantes durante su vida y a la totalidad de ellas dio respuesta. Contribuyó en todo campo de conocimiento humano como ninguna otra persona de Huehuetla lo hará jamás. Parecía que traía grabados en sus genes métodos y técnicas de investigación. Todavía no caminaba, ni tenía fuerza en los dedos para escribir, pero le dictaba a su madre sus reflexiones derivadas de sus rebuscadas entrevistas y de sus obsesivas observaciones de la naturaleza humana. Al llegar a la escuela primaria Preguntón dominó por completo la estadística, una herramienta que consideró imprescindible para la comprensión de lo humano. Habrá que decir que también tenía una memoria sin precedentes en el pueblo y todo lo que preguntaba y le respondían jamás se le olvidaba, lo podía citar años después al pie de la letra. Sin embargo, una interrogante que jamás se hizo fue ¿por qué nació hablando? Por qué no lo hizo, no se sabe.
Aun cuando Preguntón es el más productivo de los intelectuales de Huehuetla no tiene lugar alguno en la universidad, no está empleado. Hace tiempo que los doctores acapararon los espacios académicos, y aun sin sindicato, vieron la manera de quedarse en sus posiciones e impedir que otros los desplazaran. Los doctores escriben veinte libros al año; publican en revistas de prestigio académico no menos de sesenta artículos anuales; dictan conferencias en distintas universidades; y todavía dan clases a grupos de alumnos. Pero Preguntón los supera en mucho, además la mayor parte de su trabajo lo hace solo, mientras que los doctores siempre necesitan de ayudantes. El sorprendente intelectual escribe no menos de quinientos libros al año, abarcando no sólo una rama de conocimiento. Para su hambre de conocimiento no hay límite metodológico o disciplina y si no hay metodología para satisfacer su ambición cognitiva, la crea. En artículos, conferencias y clases también triplica a cualquiera de los doctores. Solo vive para generar conocimiento, no obstante ello no lo libera del pago de la vivienda, el agua potable, la energía eléctrica, la comunicación electrónica, así como su frugal alimentación. Para eso tiene que vender los conocimientos que genera. No importa que en las prestigiosas publicaciones o en los más distinguidos sellos editoriales no aparezca su nombre, lo que le pagan es suficiente para seguir respondiéndose. Sus principales clientes los doctores de las instituciones de nivel superior le pagan generosamente. Que haya o no reconocimiento formal de sus descubrimientos y hallazgos científicos, es algo que no le quita el sueño. Todos sus clientes saben que es el autor, a él acuden para consultarle alguna duda científica, así que de cualquier manera tiene un lugar en la memoria de las nuevas generaciones. Preguntón ha calculado que por lo menos tendrán que pasar mil años para que sus conocimientos dejen de tener impacto en el desarrollo humano del pueblo. En un inicio es complicado confiar en Preguntón porque además de ser un prestigioso investigador es un alucinante consumidor de alcohol, liba de todo líquido embriagante y lo hace por una sola cosa: aplacar la terrible desesperación de querer saber cada vez más y más. Así cuando un doctor recurre a sus servicios por recomendación de otro colega, invariablemente duda de dar el trabajo a alguien con el aspecto y aliento de Preguntón. Si no fuera por las brillantes y cultas charlas que sostiene un ahogado de alcohol, si no fuera por sus aplastantes lógicas alternativas, ningún doctor de la universidad lo tomaría en serio.
Aun con estas condiciones, Preguntón dice ser un hombre cognitivamente feliz, hace lo que más ama en la vida: preguntarse y responderse del sentido y significados de la vida, de cualquier forma de vida en Huehuetla. Sin embargo, un tiempo le angustió el proceso natural de envejecimiento lo fuera limitando en su tarea, dado su progresivo deterioro cognitivo. A mucha gente del pueblo le atormenta la muerte, aunque saben que van a morir se niegan a reconocer este hecho. Pero cada persona focaliza en diversos aspectos. Hay quienes no quieren perder la lozanía y fuerza de la juventud; hay quienes no desean perder un amor o un conjunto de condiciones, entre muchas otras cosas. En el caso de Preguntón su deseo era no interrumpir su cotidiana tarea de preguntarse y generar conocimiento, quería hacerlo para siempre. Por muchos años no supo cómo resolver este dilema pero el ilustre investigador resolvió la problemática con mucho ingenio. La vez que acudió a investigar el milagro del cuerpo mortal de la insólita Rosalinda Marquesote encontró la respuesta. Al analizar las muestras de tejido hizo un análisis de los genes que integraban el cuerpo biológico de Rosalinda. Él y su equipo encontraron una serie de genes que hacían que se activaran en cierto momento otros genes para generar la muerte de ciertos tejidos. Pensó que si lograba detener todos estos genes podría mantener por un tiempo ilimitado un cuerpo en cierta edad y en condiciones saludables, solo era cuestión de controlar los genes de la muerte. Era como haber encontrado la explicación desde las ciencias biológicas a esa parte del vampirismo en que el sujeto humano mordido quedaba condenado a tener por la eternidad la misma edad cuando era contagiado por la indeseable maldición. Cuando expuso los resultados los amorosos seguidores de Rosalinda, la comunidad científica, los periodistas, los literatos, en fin toda Huehuetla se rieron de él. A diferencia de otras ocasiones esta vez Preguntón no defendió con pasión los hallazgos de su investigación, pensó que los podía usar para generar conocimiento de por vida. En ese entonces tenía treinta y cinco años de edad, estaba en plena madurez creadora e investigativa, así que decidió ser eterno en esa edad. Conforme pasara el tiempo la gente del pueblo iba esperar verlo envejecer y morir, y pensó remediar la probable situación usando maquillaje y simulando su muerte. De este modo, cada cierto tiempo Huehuetla tendría su Preguntón Cerrado por los siglos de los siglos.