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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Narrativa
1 11 2010
Tejido Experimental por Teodoro Valentín

Al despertarse no recobró vida, simplemente cumplió la rutina sin molestarse en tener el ánimo elevado. Sofía recuperaba su desazón al tomar conciencia de que seguía en la misma ruta descendente que la llevaba hacia el conflicto de la identidad, ya que al no ser utilitaria de su programa de vida, pocos eventos le sobresaltaban las emociones.

En sus años de estudio aprendió todo lo deseable sobre su futura profesión, deseaba imbuirse en la misma más allá de sus pasiones, sólo anhelaba regocijarse en el placer de trabajar en la creatividad de su imaginación, armada de sus conocimientos de la tela y la confección.

Si bien había logrado obtener el premio del título profesional, hasta dos años después no se le había permitido practicar su arte debido a la falta de mercado laboral, necesitando tanto el deporte de trabajar como el fruto del mismo, ya que vivía sola en un esfuerzo de expandir su personalidad y auto sustentarse.

Cuando los ahorros estaban mostrando el piso de la inexistencia, no creció otra alternativa que cualquier tarea era menester antes de volver a su hogar paterno.

Se dirigió a una agencia laboral conocida, donde tantas veces había dejado sus antecedentes, para rogar por una ocupación inmediata y rentable, sin condiciones ni aspiraciones.

Ubicarla como empleada en limpieza de oficina resultó el camino más directo y efectivo, comenzando en el día y asalariándose por hora. Su horario era cuasi nocturno, comenzando a la seis de la tarde y alcanzando tres horas de tareas, hasta encontrar otras alternativas mejores.

Ingresó en la empresa, donde luego de cambiarse y enfundarse en su guardapolvos rosa, repasó la higiene de todos los lugares de los empleados, incluyendo la sala de reunión y los baños.

Tres días más tarde, aún ignorando el rubro de la firma, debió retrasar sus funciones debido a una reunión en la sala principal de los ejecutivos, fuera de hora y de la escucha de los empleados.

Tomándose un descanso forzado, resolvió tomar un café, cubierta del silencio propio que le corresponde a las empleadas de menor categoría, escuchando involuntariamente el tema del debate y sus pormenores.

“Dada la situación mundial de la economía -debatían en tono elevado-, nos encontramos con una empresa llena de proyectos pero sin clientes, ya que la moda última requería de una imaginación novedosa e impactante, no contando la empresa con el personal apropiado para el caso, y sin tiempo capital que les permita continuar en la vidriera...”

Mientras la conversación continuaba, la sensibilidad de Sofía golpeaba la puerta de la intervención, pero el hecho de su imagen y sus funciones secundarias, le cohibieron interactuar y personalizarse, resguardando sus actuales intereses por encima de su impulso caritativo.

La idea germinó con una suave presión sobre su humor infantil, arrancándole una suave sonrisa cómplice de sí misma, brotándole la utilización del anonimato como refugio de su travesura.

En sus trabajos prácticos universitarios, había una cantidad de bosquejos no presentados, ya que no cubrían los requerimientos técnicos solicitados por los evaluadores, pero donde su gusto y creatividad reflejan una personalidad adelantada e informal.

Su perspectiva de uso estaba fuera de su alcance, y como la moda recibe al tiempo y lo elimina, resolvió cooperar con la problemática de sus empleadores indirectos, sin ofrecerlos ni presentarse.

Esa mañana un buen ánimo la madrugó por encima de su rutina, ya que la actividad la exaltaba, la cual le permitió ensobrar sus bocetos y despedirse de su pasado.

Por primera vez se encaminó a sus tareas orgullosas, acariciando su propio ego al descubrir que desprenderse de sus obras le permitía pensar mejor sobre el devenir, librándose de la cadena del pasado para asirse al cordel de la aventura y a la explosión de la espontaneidad.

Al llegar no había reunión ni personal remanente, como si la hora de cierre hubiese sido mucho antes, dejando el ambiente cargado de un aire pesimista, cerrado con la llave de la resignación.

Dejó el sobre con su contenido en el escritorio de lo que suponía era la gerencia, con el sólo mensaje de “éxitos!” como membrete, abocándose a su tarea en forma alegre y responsable.

Se retiró llena de imaginación, preparándose para un sueño volátil y refrescante, lleno de presagios de mejores momentos. Su día se llenó de nuevas ideas, imaginando presentarse en diferentes agencias, enviando bocetos directamente a las empresas del rubro, tanto en el país como en el extranjero, más un conjunto de avasallantes e ingeniosas formas de cómo descolar... hasta se imaginó como una estrella en las rimbombantes capitales de la moda, iluminada con los múltiples colores de la coronación y la fama.

A la hora de volver a su trabajo, pisó fuerte el asfalto para regresar a la realidad de sus tareas actuales, enfilando hacia las oficinas plenas de ilusiones. Al llegar se encontró con un tumulto de diecisiete febriles personas abocadas al arte de la moda, trabajando afanosamente para reflotar al titan caído, reconociendo en la generalidad de las tareas las formas presentadas por ella.

Su placer fue infinito, pero se ensombreció cuando el encargado del lugar le solicitó si podía dejar sus tareas del día para mañana, ya que hoy trabajarían hasta tarde y no querían distraer al personal, instruyéndola para que se presente a las siete de la mañana, con sólo dos horas de trabajo.

Sopesando si había cometido un error, cargó sobre su mochila de pena con una hora menos de trabajo y de dinero, empujando a su voluntad a realizar los anhelos cuanto antes, puesto que que su presente se redujo cuantitativamente.

Luego del esfuerzo de madrugar, se encaminó hacia sus tareas mientras trazaba planes y formatos, encontrándose repasando la limpieza de las oficinas y sus servicios. Dado que no había terminado, y deseando aprovechar hasta el último minuto de su tiempo responsablemente, se cruzó en su salida con la gerente de la empresa, quién animosamente ingresaba temprano para cerrar contactos y negocios prometedores.

Esta última había encontrado el sobre éxito en su escritorio, elucubrando desde entonces quién había realizado este regalo. Interrogó al personal uno por uno, a sus proveedores, a sus diseñadores libres, y a todo cuanto individuo se le había ocurrido sin concluir nada... hasta había imaginado irónicamente en un ángel guardián!

Luego de cruzarse con la persona de limpieza, asumió que ella también tenía acceso a su mundillo, y que aún no sabía siquiera el nombre de la misma. Sólo fue cuestión de preguntar a la agencia, donde luego de exigir mayor información, le enviaron la experiencia laboral de la empleada, destacándose que la limpieza era su primer trabajo remunerado, independiente de sus estudios.

Sofía aprovechó el tiempo diurno para adquirir los elementos necesarios para sus nuevas ideas, y armarse de toda la información requerida para comenzar su búsqueda laboral, invirtiendo en sus gastos hasta sus futuros ingresos.

A fin de regularizar sus horarios, debía volver a la empresa como lo había hecho siempre a las seis de la tarde, dejándole sus idas y venidas las fuerzas minimizadas para realizar sus tareas de limpieza.

Si bien conservaba el aliento en vilo, su estrepitosa caída se produjo cuando al ingresar en la empresa le solicitaron que no se cambiara de ropa, ya que la gerente debía hablar con ella por motivo de su despido y reemplazo de otro personal de limpieza.

Al enfrentar a la ejecutiva, llena del vacío de la pesadumbre, solicitó disculpas por su mal desempeño y que no se culpe a la agencia por ello, sino que ella cargaba con toda la responsabilidad de los errores cometidos y deficiencias laborales.

Aceptando la gerente su solicitud, la invitó a no ejercer más las funciones de limpieza en la empresa, sino a formar parte del personal creativo de la misma, situándola en la posición de encargada de moda post temporada, reconociendo en su salario los modelos realizados y presentados con anterioridad, incluyéndola en el próximo desfile como diseñadora coparticipativa.

Una hora después regresaba a su intimidad envuelta en una nube de anhelos presentes, satisfecha de futuro y multifacéticas alegrías, dejando de lado sus planes e inversiones del día para otros tiempos de maduración profesional.

acerca del autor
Teodoro

Teodoro Valentín (Argentina, 1953). Estudió Ingeniería en la Universidad Tecnológica Nacional, en Buenos Aires, actualizado en Israel y reconocido como científico investigador e inventor (2002). Ganó el primer premio en la categoría de ensayo en un concurso de la editorial Despeñadero (2005), y siguió ganando premios internacionales en ensayos, cuentos cortos, relatos y novelas. Dentro de su trayectoria como escritor es reconocido por el Estado de Israel a nivel nacional (2006), donde radicó más de seis años, y miembro de varias revistas y espacios culturales dentro de la web. Participó en ediciones de antologías, como Memorias de un Amor (Editorial Pelícano, 2010), Habitar en Secretos (Editorial Dunken, 2010), Escritura sin Fronteras (Editorial Raíz Alternativa, 2009), Humor y Expresión del Cono Sur (Editorial Despeñadero, 2005). Dos de sus obras se encuentran en ediciones virtuales, siendo una de ellas Libertades Compartidas (ensayo) en Editorial Lulu y otra obra denominada Tres Relatos y una Perla (relatos) en Editorial Bubok.