En la página de inicio de un website de informaciones, apareció el 24 de noviembre la noticia: “Fallece Roberto Matta en el hospital de San Paolo de Civitavecchia (Italia)”. No sólo fue la pena que me embargó, sino lamenté el no haberlo conocido en su taller de París. Eso hubiera sido posible por intermedio del pintor cubano Jorge Camacho que lo frecuentaba. Pero no fue así. Es una lástima.
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