Literatura
02 10 2020
Julio Ramón Ribeyro: un recuerdo inédito por María Laura Hernández de Agüero

La autora evoca sus relaciones de amistad con Julio Ramón Ribeyro durante sus últimos años pasados en Lima. En París desde 1960, fue agregado cultural de la Embajada peruana —nombrado por el gobierno del general Velasco Alvarado— y después Embajador del Perú ante UNESCO. Su obra era reconocida tanto en Perú como en España. ¿Por qué entonces retornó precipitadamente a su ciudad natal en 1991? Quienes lo frecuentaron en los años 1960 dicen que tenía dificultades en su matrimonio. Un escritor inteligente y sensible no soportaba el reproche cotidiano de su entorno familiar: el de no formar parte del boom de escritores latinoamericanos. Esa era una de las tantas razones de su carácter depresivo, demostrado en sus libros "La tentación del fracaso" y "Prosas apátridas". Julio Ramón Ribeyro estaba enfermo e incluso fue operado en París. Seguía un tratamiento y no debía fumar ni beber alcohol. Se comentaba en los años 1990 en la colonia peruana de París que cometió una falta grave por lo que tuvo que renunciar a su cargo, separarse de su esposa y dejar a su hijo en la capital francesa. En Lima, llevó de nuevo, como en su juventud, una vida bohemia (interrumpió su tratamiento, volvió a fumar y beber alcohol). Todos esos detalles nos parecen formar parte de un suicidio meticulosamente organizado por el escritor y no un retorno anhelado al país natal.

(El artículo de María Laura Hernández fue publicado el 31/08/20 en el semanario Caretas de Lima).

Copyright: Semanario Caretas de Lima

ACERCA DEL AUTOR
Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro, Lima (1929-1994). Estudio letras y derecho en la Universidad Católica de la capital peruana. Forma parte de un círculo de escritores que suelen publicar sus obras y presentarlas en lugares bohemios de Lima. En 1952 viaja a España para cursar estudios de periodismo gracias a una beca del Instituto de Cultura Hispánica. Recorre varios países europeos: Francia, Alemania y Bélgica. En 1958, volvió al Perú para publicar su “Cuentos de Circunstancias” y su novela “Crónica de San Gabriel”. Trabajó en la Universidad Nacional de Huamanga (Ayacucho). En 1960, se afinca en París donde fue periodista en la agencia France Presse, agregado cultural en la Embajada del Perú y delegado permanente ante la UNESCO. Ese mismo año le concedieron el Premio Nacional de Fomento a la Cultura. En 1963, ganó el Premio del diario Expreso de Novela. En 1983, el Premio Nacional de Literatura. Publicó las novelas "Los geniecillos dominicales" (1965), "La Palabra del Mudo" (1973), "Cambio de guardia", "La caza sutil" y sus libros de prosa "Prosas apátridas", "Dichos de Luder" y "La tentación del fracaso". En 1993, fue galardonado con el Premio Nacional De Cultura y en 1994, con el Premio Internacional Juan Rulfo de México.